29 septiembre 2006

Connection succeeded!!!

La odisea del viernes, día en que se cumplía una semana de mi llegada, consistió en conseguir conectarme a internet en el campus con mi portátil. Y no resultó fácil. Pero que a partir de mañana me pueda estar accesible a horas no tan intempestivas será prueba de que lo he conseguido.

Lo primero que uno necesita para ser alguien en la CougarNet (la red de la Universidad de Houston) es estar en el sistema. Es como todo, hay que entrar en el círculo. Por eso el martes pasado solicité una CougarNet account, o sea, mi pase de entrada al sistema. En teoría, a pesar de ser una solicitud con todos los asteriscos del mundo, por eso de ser una visiting scholar, el trámite no debía demorarse más de dos días, según me dijeron, y me enviarían la información de la cuenta a mi correo electrónico.

Sin embargo, cuatro días más tarde aún no sabía nada de ellos. Impaciente por liquidar el tema, y con la suerte de que las oficinas del servicio técnico están en la planta baja del mismo edificio, decidí ir a preguntar cómo marchaba el asunto. Tras identificarme con la imprescindible Cougar 1Card, me confirmaron que la cuenta estaba aparentemente creada, y me proporcionaron el login y la contraseña inicial (que debía ser la fecha de nacimiento :-S). Allá subí yo rauda y veloz, a pesar de que aún tenía que compilar el kernel para poder acceder a la VPN. Y es que aquí los puntos de acceso dejan acceder libremente a la intranet, pero para salir a Internet hay que conectarse a una VPN usando la manida CougarNet account.

Varias compilaciones de kernel más tarde, y sin poder bajarme una versión más reciente del firmware, renuncié a que mi tarjeta wireless se entendiese con la última versión, la 2.6.18, así que regresé a mi 2.6.15.2 inicial y simplemente le añadí soporte para TUN. Era casi la hora de ir a comer para cuando me dispuse a hacer mi primera prueba... (redoble) 'Authentication failed'. Ahora iba a resultar que no me sabía mi fecha de nacimiento... Probé todas las combinaciones posibles, y cuando me convencí de que no era cosa mía, bajé de nuevo a visitar al Ce.Ca.UH. El primer diagnóstico fue tan veloz como desconcertante: "Claro, es que tienes que cambiar el password la primera vez, antes de conectarte". Supongo que fue mi cara de circunstancias la que les llevó a ofrecer gentilmente: "Pero bueno, ya que estás aquí, hazlo en una de nuestras máquinas".

Aún dudando de si mis oídos me habrían engañado, procedo al cambio de contraseña, cuando para mi sorpresa el sistema me dice que el usuario y el password no coinciden :-?. Resumen: que resultó existir otra mujer con mi mismo nombre y apellido en la UH y me habían dado su login en vez del mío (y por supuesto las fechas de nacimiento no coincidían). Mi cuenta aún no estaba activada, pero supongo que motivados por su metedura de pata la activaron en unos minutos. Cambié el "primer password" delante de ellos, subí al despacho y ... ¡¡premio!!

Kaminari Taiko Justo a tiempo para salir pitando hacia la puerta principal de la biblioteca, donde había quedado con Linh, una chica vietnamita, para acudir al show de percusión japonés, que resultó todo un espectáculo, no sin antes haber cenado en un Mediterranean buffet. Como me imagino cuál será la pregunta inmediata, pues ya la contesto: ¿qué había de mediterráneo en el buffet? Bueno, por $9.90 podía uno comer ensalada griega, ensalada de arroz, pimientos, berenjenas, judías, carne asada, pan de pita sazonado de diferentes maneras y algunas otras cosas menos identificables que me recordaban más bien a la comida que vi en Chipre este verano, y a la que se puede ver en los restaurantes turcos que se están poniendo de moda en España. ¡Ah, y todo tipo de frutas para postre! Al parecer la gran innovación de tal sitio es precisamente tener más de una ensalada donde escoger y frutas como colofón... Lo más curioso, sin embargo, fue darnos cuenta de que al ponerse el sol empezó a llegar mucha más gente: estamos en ramadán...

28 septiembre 2006

Playboy en la universidad

No, no es que en la esquina donde anteayer vendían perritos y ayer buscaban nuevos miembros para Phi-Delta-Gamma-Cosa (sí, me preguntaron si quería unirme, pero lo de no ser American citizen cierra más puertas de las que parece :-D) hoy estuviese apostado míster Houston. Lo que ocurre es que, según la prensa local, los días 9 y 10 de octubre representantes de la popular revista de variedades harán acto de presencia en la UH (quién sabe, ¡quizás en esa misma esquina!) para seleccionar jovencitas para un número especial de mayo del año que viene. Me pregunto qué tipo de casting puede hacerse para tal publicación a pie de facultad... y me pregunto si las asociaciones de padres, madres o religiones por defecto permanecerán impasibles, habiéndose anunciado el evento con tanta antelación. No en vano, de todos es sabido que una de las extraordinarias características de este enorme país es dar cobijo tanto a aquéllos ansiosos de explotar sus libertades al máximo, como a aquellos otros dispuestos a recortar las de los demás hasta donde sea posible con la excusa de proteger las suyas.

Por lo demás, hoy he visto la primera matrícula graciosa, y no era sin tiempo, habida cuenta de que casi se cumple una semana de mi llegada y la conocida posibilidad que tienen los estadounidenses de elegir sus propias matrículas, que además tienen un fondo diferente según el estado en el que hayan sido expedidas, igualito que las monedas de un cuarto de dólar. El coche en cuestión era un Mini (de los nuevos), y su conductora lo manejaba orgullosa con una placa que rezaba "TEACUP". La verdad es que casi daba coraje verla deslizarse entre las enormes Chevrolet, los macrovolúmenes y el resto de coches modelo barco. Aunque, para no faltar a la verdad, tengo que reconocer que hay más coches "estilo europeo" de los que me esperaba. Es cierto que no se ven modelos pequeños (esos que normalmente anuncian mujeres o jóvenes :-S), pero tampoco son todo furgonetas y cañoneros. Lo que sí causa furor son los cristales tintados. Diría, sin mucho temor a equivocarme, que los deben llevar el ochenta por ciento de los vehículos que circulan, al menos, por las calles de Houston. Quizás sea algo común en esta parte del país por lo soleado del clima, o quizás sea simplemente una moda como otra cualquiera...

27 septiembre 2006

Normalizando la rutina

Tercer día que acudía al campus, tercer itinerario diferente. Hoy he cogido una combinación de dos autobuses: el 87, que para en la acera de enfrente, y el ya conocido 68. Y me estoy empezando a plantear a qué se refieren cuando dicen que el sistema de transporte es pésimo, porque la verdad es que la sincronización ha sido matemática. Está claro que el sistema tiene mucho que mejorar porque las frecuencias son demasiado grandes y las líneas existentes no cubren suficientemente la superficie que las demanda, pero ateniéndose a lo que propone el planificador online, no he tenido ningún problema de momento. Esperemos que siga así.

Sigo sin conexión a internet de momento, porque aún no han creado mi CougarNet account para acceder a la VPN de la universidad. Y es que hoy he descubierto que los puntos de acceso de que os hablaba sí permiten conectarse anónimamente, pero sólo permiten acceder a las webs de la biblioteca y de los distintos centros. Una vez que tenga usuario y contraseña para la VPN, podré salir fuera.

La anécdota del día fue la entrevista que tenía concertada en el OISS, un encuentro destinado a orientar a los alumnos que llegan procedentes del extranjero. Entonces pude comprobar que las once debe ser también la hora del café a este lado del charco, porque tuve que esperar casi media hora para que me recibiesen. Una vez dentro, el encuentro es todo un show visto en tercera persona. Reconozco que está bien pensado, porque es probable que haya quien llegue con escaso dominio del idioma, pero... ¡¡¡transparencias con dibujitos!!! De verdad que algunas veces tuve que hacer esfuerzos para no echarme a reír. Por lo demás, me dieron unos cuantos folletos sobre todos los museos y atracciones de la ciudad (¡muchos de los primeros son gratis!), así como un directorio de teléfonos del campus, un calendario de actividades y un mapa (que ya iba necesitando). Además, comprobaron que todo mi expediente está en regla, así que he podido respirar tranquila en ese sentido.

Luego regresé a la inmensidad de mi despacho, a seguir con los deberes. La verdad es que me sorprende un poco la impresión individualista que da el departamento. Cada profesor tiene su propio despacho, y no he visto ningún laboratorio, como mucho dos o tres estudiantes compartiendo una misma oficina. Me pregunto si será así en este departamento, o será la distribución de este edificio... sea como fuere, visto que no voy a socializar demasiado en la facultad y a la espera de que mi compañera de condo regrese de su cursillo en Columbia la semana que viene, estoy haciendo buenas migas con una ex-novia del chico búlgaro que vino a recogerme al aeropuerto (la dueña de la cama de aire en la que duermo). Su última propuesta es ir a ver un espectáculo japonés: Taiko drum show. Creo que me animaré...

26 septiembre 2006

Instalada también en la facultad

Hoy tomé un nuevo itinerario para ir al campus. En lugar de hacer un trayecto corto en metro y luego enlazar con la línea 68 del autobús, seguí en el MetroRail unas cuantas paradas más y enlacé con otro autobús, el 42, cuya ruta era supuestamente más corta. Al final, el resultado ha sido más o menos parecido, así que tengo dos rutas alternativas y prácticamente equivalentes para llegar a la universidad utilizando la combinación metro+autobús. Lo que me queda por probar ahora es la combinación autobús+autobús. Quizás lo haga mañana...

El caso es que llegué al departamento y ya me fui directamente a saludar a Barbara, que es un sol de administrativa. Tenía preparada para mí la llave del despacho que me prestan para estos tres meses, que a pesar de que aún está lleno de los cacharros del anterior inquilino (un monitor, varias torres, algunos libros y hardware diverso), es muy espacioso. Baste decir que dentro hay dos amplios escritorios y uno más pequeño, y si quitásemos este último, podrían ocupar los otros dos personas con absoluta comodidad, sin estorbarse en ningún momento. Y sin embargo, allí estaré yo solita. Lo único "incómodo" (por decir algo) del despacho es que está en la tercera planta, cuando el resto del departamento está en la quinta. En la tercera planta, además de estos despachos "temporales" están las aulas de los alumnos, así que hoy he tenido oportunidad de ver las primeras caras de agobio de la gente estudiando por los pasillos. Supongo que empezarán a tener parciales, porque el semestre termina a mediados de diciembre, no como en España que acaba en febrero. Por lo demás, tengo un ventanal enorme que da a un bonito roble, uno de los millones que hay en toda la ciudad (que por algo es uno de sus símbolos emblemáticos), aunque no se puede abrir (la ventana, claro). Eso es algo que todavía tengo pendiente de encontrar aquí: ni en mi apartamento ni en la universidad he visto todavía ventanas que puedan abrirse. Tal vez sea una forma de evitar despilfarros, ya que abusan de lo lindo del aire acondicionado.

Sea como fuere, a pesar de que insistí en que no necesito tanto espacio, me instalé allí a expensas de que vengan a liberarlo de ese montón de cosas que no me estorban. El último tema por resolver es el de la conexión, pero tras rellenar el correspondiente formulario (¡y espero que de verdad este sea el último!) dicen que como mucho en un par de días habrán creado mi cuenta y podré usar tanto la LAN como la conexión wireless, que debe ser estupenda o muy mala, porque sólo desde mi oficina, en un simple escaneo, encontraba más de 15 puntos de acceso con el identificador "UHWireless".

El resto de la jornada lo pasé sumergida en repetitivas lecturas sobre marcas de agua digitales. También hice la llamada que tenía pendiente al consulado, donde me atendieron cordialmente en un impecable castellano peninsular. Como la estancia es sólo de tres meses, me dijeron que no valía la pena registrarme (es decir, "empadronarme"), y que era suficiente con que les enviase un fax con la fotocopia de mi visado y de mi pasaporte, junto con los datos de contacto en Houston (teléfono, residencia, etc.). Con eso ellos me tienen localizada, y no he necesitado desplazarme hasta allí, que la verdad no es que quede a mano precisamente.

UH Keyring La hora de la comida la aproveché, además, para acercarme al mini-centro comercial que hay en el campus y comprarme el bonito llavero que veis aquí al lado, con el logotipo de la Universidad de Houston, en la tienda del merchandising oficial de la universidad. Sí, sí, no es broma: sudaderas, camisetas, gorras, peluches, pompones, banderines, tazas, todo lo que uno se pueda imaginar lo había allí, con los colores rojo y blanco y las iniciales UH. Y para los que me pidieron souvenires especiales, que sepáis que también tienen esas manazas de animar en los partidos y, por supuesto, sombreritos tejanos. La diversión está garantizada.

Ya de vuelta a casa por la tarde, decidí volver a bajarme en el TMC y andar un rato hasta casa, para rellenar otro trocito del mapa mental de los alrededores del barrio. Y en qué buena hora, porque descubrí por qué los habitantes de esta zona no se cansan de repetir que es una de las más seguras de la ciudad. Ni más ni menos que en pleno Old Spanish Trail descansan no sólo un U.S. Army reserve center sino también un Navy and Marine Corps reserve center, uno al ladito del otro, dejando ver sus vehículos 4x4 entre las rejas de las instalaciones. Lástima que sean sólo centros de reservas, porque si no seguro que habría habido un cartel con la leyenda: "Usted está aquí. Nosotros no".

La última anécdota del día la protagonizan, sin embargo, los buzones del complejo de apartamentos. Como ayer, hoy me pasé a recoger el correo (no es que llegue nada para mí, obviamente, pero tener una compañera que estudia medicina y debe ser miembra de una buena cantidad de asociaciones, obliga a no dejar de revisar el casillero que corresponde ni un solo día). Pero hoy, además de alguna carta y propagandas varias, había dentro una llave, que ponía "Parcel box #4". Prácticamente de casualidad, reparé en que al lado de los buzones normales había cuatro buzones mucho más grandes, numerados del uno al cuatro, y de uno de ellos colgaba una llave igual que la que yo sostenía en la mano en ese momento. Entonces caí en la cuenta: cuando llega un paquete que no cabe en el buzón a nombre de algún inquilino que no está en casa, lo que hacen es meterlo en ese superbuzón, y meter la llave en el buzón que corresponde al destinatario. Entonces el implicado, cuando regresa y revisa su correo, puede usar la llave para recuperar su paquete, ya dejándola en su lugar para que el cartero pueda usarla en la próxima ocasión. Sencillo y eficaz. Alguien debería importar este sistema, por lo menos donde yo vivo, y evitar que los cafrecarteros que siempre me tocan introduzcan la correspondencia a presión por mucho que algún sobre ponga "NO DOBLAR".

25 septiembre 2006

Paperwork master of the Universe

Ése es el único título que me merezco después de la jornada de hoy. Si tuviese que elegir un epitafio hoy mismo, no podría ser otro.

El día amaneció despejado, y aunque se prometía caluroso, una agradable brisa mantenía la temperatura a raya a primeras horas de la mañana. Eso me proporcionó un agradable paseo matutino hasta el Texas Medical Center, pasando antes por una sucursal del Compass Bank, donde según la web de American Express debía poder obtener efectivo a cambio de mis cheques de viaje sin ningún coste adicional. En efecto, así fue, de manera que una de mis preocupaciones de estos días quedaba resuelta. Ya en el Transit Center, esperé algunos minutos por el autobús número 68, que habría de llevarme hasta el campus de la Universidad de Houston. Al subir, los dos dólares de rigor introducidos en la máquina expendedora, bajo la amable supervisión del conductor, me devolvieron mi Day Pass para la red de METRO, con el que podría hacer tantos viajes como quisiera durante 24 horas, tanto en bus como en metro ligero. Considerando que cada billete simple vale de por sí ya un dólar, preferí sacarme un pase diario por si las moscas.

Al girarme hacia el interior del autobús, me recibió un mar de caras entre escépticas y adormiladas, y es que era la única persona blanca de todo el vehículo. A lo largo del trayecto, subieron dos chicos de rasgos orientales y uno de perfil caucásico, pero ha quedado demostrado que, al menos el autobús, es un transporte utilizado muy mayoritariamente por la gente de color, sin que ello signifique nada más que una simple anécdota, por cierto. Por lo demás, el sistema es puntual, los autobuses llevan aire acondicionado, anuncian las paradas por los altavoces con antelación (tanto en inglés como en castellano)... vamos, que no está nada mal. Eso sí, en lugar del típico botoncito para solicitar la parada lo que hay es una especie de cable que rodea la cabina y va a parar a algún lugar al lado del conductor. Se tira del cordón y se ilumina el cartel de "Stop requested". El autobús recorrió parte del Texas Medical Center, para girar luego y circular por una avenida antes de pasar al lado de la Texas Southern University, que intuyo debió ser, en su momento, una universidad segregada, sólo para negros. Testigos de aquella época son, probablemente, todas las construcciones que rodean el barrio donde se ubica tal universidad: las típicas casas de madera, con su porchecito y todo, y algún que otro paisano tumbado en la silla con los pies apoyados en la valla. Sin embargo, el progreso trae también las más grandes diferencias sociales, y en la misma vecinanza conviven esas precarias viviendas con magníficas casas de reciente construcción. Además, tuve ocasión de ver por primera vez unas cuantas iglesias de diferente condición (baptistas, metodistas, etc.), también curiosamente concentradas en la zona de la que os hablo, y todas seguidas, como si formasen ellas mismas una urbanización religiosa. Finalmente, y ya casi con el vehículo vacío (la mayoría de los estudiantes, se habían bajado en la anterior), el autobús 68 llegó a la Universidad de Houston.

Lo primero que reconocí a lo lejos fue el estadio, con las banderas rojas ondeando al viento. El profesor Leiss me había sugerido que intentase tomar alguno de los autobuses gratuitos que circulan por el campus, así que me adentré en el recinto intentando localizar alguna de las posibles paradas, con la intención de que en ellas me informasen de cómo llegar al edificio Phillip G. Hollman, donde se imparte Informática. Pero antes de eso, me topé con un mapa del campus, que me sirvió para dos cosas: constatar lo enorme que era y comprobar que, por suerte, el edificio PGH estaba justo enfrente de mí, a un paso de la flecha de "You are here". El bullicio ya se había apoderado de todos los rincones del lugar, puesto que ya era casi media mañana, y en algunos rincones se vendían perritos calientes y otras chucherías. Encontré fácilmente el despacho del doctor Leiss, quien me suministró generosas lecturas con las que entretenerme durante las dos próximas semanas. Por desgracia, la secretaria de administración estaba fuera, así que mientras no llegaba me acomodé en la biblioteca del departamento y sumergí en uno de los libros que acababa de recibir. Hora y media más tarde, me informaron de que el despacho en el que me instalarán no estará listo hasta mañana, así que tuve vía libre para irme a realizar todos los demás papeleos que tenía que completar. Así empezó la odisea.

La primera visita fue a la Oficina de Servicios para Estudiantes Internacionales, donde tenía que hacer acto de presencia en menos de quince días tras mi llegada para que no revocasen mi visado J-1. Allí sacaron una fotocopia a mi pasaporte y me concertaron una "cita de orientación" para este miércoles a las once. Supongo que algo así se agradece si vienes de fuera a estudiar aquí, pero en mi caso no sé qué podré sacar en limpio de esa supuesta orientación, después de todo lo que ya he pasado para encontrar alojamiento, para conseguir el visado, para contratar el seguro médico, etc.

Hablando de seguros médicos, la segunda parada fue el Centro de Salud del campus, donde debía hablar con la responsable del departamento de pólizas, que necesitaba también una fotocopia de mi visado para completar los trámites que homologaban la póliza que tengo contratada con la de cualquier otro estudiante regular, de manera que pudiera recibir atención allí mismo si fuese necesario. Sin embargo, la responsable no volverá hasta el jueves, así que el viernes deberé volver por allí.

Lo siguiente que quería hacer era informarme sobre los bonos de estudiantes para la red de transporte, así que me dirigí al Edificio de Administración Central, donde radica la Oficina de Transportes. Allí, sin embargo, me dijeron que si no tenía un carnet de estudiante no podían venderme los famosos bonos. Ilusa de mí, creí que ahí acabaría todo, pero se me ocurrió pasar por el departamento a despedirme hasta el día siguiente, y comentando con Barbara, la secretaria, lo que me había ocurrido en la Oficina de Transportes, me recomendó que acudiese a la Oficina Cougar 1Card, donde expedían la tarjeta del mismo nombre. Esta tarjeta establece el estatus de los miembros de la comunidad universitaria de cara a servicios como la impresionante biblioteca central, por ejemplo, de modo que resultaba interesante. Así que allá me fui al Centro de Estudiantes a solicitar una tarjeta 1Card que reflejase mi condición de estudiante de doctorado-visitante, o algo que se le pareciera.

De casualidad, descubrí que en el propio Centro de Estudiantes está la sede de otro banco (cuyo nombre ahora no recuerdo), con el que la Universidad debe tener alguna especie de convenio, como suele ser habitual. Aproveché para preguntar si allí también me cambiaban los cheques de viaje sin cobrar comisión, y me dijeron que sí, pero sólo cantidades menores de $100. Como me queda al lado del sitio al que tendré que ir a trabajar a diario, no me parece una restricción importante, así que quedó anotado como sustituto del Compass Bank. Ya en la Oficina Cougar 1Card, después de rellenar los formularios correspondientes, a punto de tomarme la foto para el carnet, la chica se dio cuenta de que me faltaba el número de la seguridad social. ¿Número de la seguridad social? ¿Para qué necesito yo uno? Es más, ¿cómo habrían de dármelo? Bueno, resultó que en la Oficina de Servicios para Estudiantes Internacionales se habían olvidado de darme un número temporal de la seguridad social que le dan a todos los estudiantes que vienen de otros países. Es un número que empieza por 999 y que no sirve para trabajar, sólo se expide con propósitos administrativos internos a la Universidad. Así que allá me fui de vuelta a la OISS a por mi SS number. Por suerte, la funcionaria aún se acordaba de mí y admitió su error, que subsanó inmediatamente dándome el justificante del ansiado 999 number. Cougar 1Card Con él en mi poder, ya pude regresar a por mi tarjeta Cougar 1Card, que me expidieron en el momento tras sacarme una foto digital, pero en la que, por desgracia, en lugar de simplemente "student", figuraba la categoría "special program". Y a esta excusa se agarraron fieramente en mi siguiente visita a la Oficina de Transportes para asegurarme que ni con ésas podían proporcionarme un bono de estudiantes. Más cansada que frustrada, decidí poner fin, dos horas después de haberlos iniciado, a los papeleos con la Universidad. Menos mal que los cuatro edificios en cuestión están todos en el corazón del campus, donde está también el PGH, porque de lo contrario sí hubiese sido una auténtica pesadilla. De este modo, en los paseos entre unas ubicaciones y otras pude comprobar que el recinto es realmente precioso, con muchísimas zonas verdes ajardinadas, fuentes, bancos, etc. De nuevo, mea culpa por no llevar la cámara, aunque con tanto trajín de un lado para otro de lo que menos me quedaban ganas era de ponerme a sacar fotos.

30-day METRO pass Así que caminé hasta la salida del campus, tomé de nuevo el autobús 68, y regresé al Texas Medical Center, rodeada de niños que salían del colegio a esa hora y, entre bromas, risas, y sorbos a sus "fresisuis" también cogían esa línea. Como había pateado suficiente por un día, en lugar de regresar andando desde allí, se me ocurrió transbordar al metro ligero, y bajarme un par de paradas más cerca de casa. Pude comprobar así que el novísimo light rail (tiene menos de tres años) es chulísimo, tanto por dentro como por fuera, y debe ser eso lo que hace que la proporción de negros y blancos que toman este medio de transporte público se invierta con respecto a la que se da en los buses. Curioso. De nuevo una megafonía en inglés y en español indica presta tanto la próxima parada como el lado del que se abren las puertas (imprescindible para que no se note que no te conoces el sistema aunque sea la primera vez que viajas). Diez minutos más tarde, estaba por fin en el apartamento.

Como me había quedado algo de mal sabor de boca por no haber podido conseguir los bonos para el transporte, decidí finiquitar el tema comprándome un simple bono mensual. Acudí a la web del METRO y, para mi sorpresa, comprobé que se vendían en los supermercados, así que aproveché para ir a comprar algunas otras cosas al Kroger Store. Y hablando del supermercado, un día de éstos debo explicaros algunas cosas a tener en cuenta al comprar en ellos... ¡pero tendrá que ser otro día!

24 septiembre 2006

Paseo por el barrio

Aprovecho los breves pero múltiples intervalos publicitarios de la premier de la tercera temporada de Desperate Housewives que estoy viendo ahora mismo (y sí, este comentario de apertura es sólo para dar envidia a los seguidores de la serie }:-)) para hacer la crónica de mi primer domingo al otro lado del charco. Prácticamente acostumbrada al nuevo horario, esta mañana conseguí levantarme más tarde, por lo que decidí dedicar el resto de la misma a limpiar mi baño y ordenar la cocina. No es que estuviesen pidiendo un repaso ni mucho menos, pero supongo que es como lo de ordenar cosas: nunca estoy convencida de que están realmente ordenadas hasta que las he revisado yo misma.

Ya por la tarde, y gracias a la agradable temperatura que la copiosa lluvia de ayer por la noche ha dejado en el ambiente, me di una vuelta por el barrio y alrededores. En principio salí con la intención de comprobar cuánto tiempo me llevaba llegar a la parada de metro más próxima, pero acabé llegando dos estaciones más allá, al mismísimo Texas Medical Center (el complejo hospitalario más grande que os podáis imaginar, y uno de los más reputados en tratamiento de todo tipo de cánceres... sí, sí, ese al que vienen todos los famosos y gentes adineradas) donde hay un Transit Center, es decir, un lugar donde confluyen rutas de metro y autobús, siendo posible hacer transbordos. Buscaba también un banco donde poder cambiar mis cheques de viaje por dinero en efectivo sin que me cobrasen comisión (es decir, un Bank of America o alguno de sus socios, en este caso un Compass Bank), pero llegué hasta el Reliant Center, algo así como un macrorecinto que incluye un centro de convenciones gigantesco, un gran parque y dos estadios, que por la forma intuyo que deben ser, respectivamente, de béisbol y de rubgy. De uno de los estadios salían los últimos rezagados, así que supuse que se había celebrado un partido. En efecto, un gran panel que lista los acontecimientos de los próximos meses en el lugar anunciaba para hoy el choque entre los Houston Texans y los Washington Redskins. Houston Texans Y con razón iban cabizbajos los últimos en abandonar el estadio, porque acabo de comprobar en la web de la NFL que los de la capital arrasaron a los locales por 31 a 15, lo cual, pese a no saber nada de fútbol americano, intuyo que debe ser una paliza. La verdad es que lamento no haberme llevado la cámara, pero más días habrá para sacar algunas instantáneas del vecindario y que podáis verlas.

Podría pensarse que las calles, sobre todo en una área residencial, estarían prácticamente desiertas en pleno domingo. Pero no se trata de eso, realmente es muy difícil ver a gente caminando por la calle sea cual sea el día y la hora. Aquí, simplemente, la gente no camina: va en coche. Los pocos transeúntes son gente osada que sale a correr fuera de los recintos enrejados de los complejos de apartamentos, algún que otro ciclista y poco más. Vamos, que me da por pensar que hasta para sacar al perro a pasear deben hacerlo en el macrovolumen. Sea como fuere, descubrí que hay un parquecillo con barbacoas aquí al lado, donde un grupito de gente debía estar ya preparando su cena (os hablo de las cinco y pico de la tarde), y ya me voy acostumbrando a ver banderas por todas partes. Eso sí, rara vez están solas, casi siempre van a pares: las barras y estrellas junto a la del estado de Texas (no confundir, como me pasó por un momento, con la bandera cubana, aunque son bastante similares para el observador despistado). También averigüé por qué con bastante frecuencia creía oír la sirena de la policía, y es que hay un parque de bomberos a dos manzanas, y desvelé el misterio de los motores de avioneta que había creído oír por la mañana: era una de esas típicas avionetas-anuncio que se pasó dando vueltas toda la tarde.

En fin, poco más ha dado de si la jornada que precederá a mi primer contacto con el campus, mañana. Eso sí, en cuanto pueda tengo que hablaros de la televisión americana porque no tiene desperdicio. ¡Pero eso será otro día porque ahora la almohada me llama!

23 septiembre 2006

Primer día en la ciudad

Con el sueño aún no del todo acostumbrado al nuevo horario, me levanté temprano esta mañana. Después de las llamadas de rigor gracias al nunca sufientemente valorado Skype, y a algunas otras gestionando la adquisición de un somier y un colchón que sustituirán en algún momento a la cama de aire en la que duermo temporalmente, llegó el momento de la primera exploración: la visita al super (groceries para los locales) para llenar la nevera. Lección número uno: no preguntes a los vecinos cómo se llega. Y es que en vez de dejarme guiar por mi instinto de orientación (que no suele fallarme), se me ocurrió socializar con un buen hombre que abandonaba el complejo de apartamentos al mismo tiempo que yo. Contra mi personal pronóstico, me orientó en la dirección contraria, enviándome a lo que a todas luces era un rodeo... o bien el camino que uno haría si fuera en coche (que, por supuesto, si puede no coincidir, no coincidirá con el que uno tomaría a pie).

Al llegar al final de la manzana y torcer a la derecha se confirmaron mis sospechas: aquello no era Old Spanish Trail sino Almeda Street. De todos modos, allí había una gasolinera (crecen como champiñones en cada esquina, con la gasolina más barata que el gasóleo y ambos por debajo de los dos dólares y cuarto el galón, que para que hagáis vuestros propios cálculos, equivale en EE.UU. casi a 3,8 litros) con minisupermercado incluido, así que aproveché el viaje para averiguar qué tipo de cosas podría comprar allí en caso de emergencia. El lugar, tan típico y tópico como os lo podáis imaginar, con cajero recluido tras cristal de seguridad también.

Lo peor de todo fue que al salir de la gasolinera (donde me aseguré de comprobar que podría hinchar las ruedas de la bici de Carla, mi compañera de condo) me topé nuevamente con el buen señor, que se esforzó en recordarme que ahora tenía que seguir recto, en lugar de volver sobre mis pasos como me habría propuesto. Así que, como lo último que quería era ofender aunque fuera mínimamente al amable vecinito, esta políticamente correcta pringada se dio un paseo de más de media hora para llegar a un sitio que, por el otro trayecto (que hice a la vuelta, por supuesto) está tan sólo a diez minutos.

Sea como fuere, el caso es que llegué al monstruomercado, a partir de ahora Kroger Store, uno de estos macrosupermercados que tienen desde floristería hasta farmacia, pasando por panadería, oficina bancaria, oficina de correos y por supuesto ultramarinos, carnicería, pescadería y frutería. Todo lo que uno pueda necesitar disponible prácticamente las 24 horas del día. Allí hice mi primera compra: algo de fruta, leche, yogures, galletas para el desayuno, etc. Me tomé mi tiempo para familiarizarme con el lugar y comprender que en lugar de clasificar la leche como entera, semidesnatada o desnatada, la etiquetan con su porcentaje de grasa: leche con un 3% o más de grasa, leche con como máximo un 2% de grasa, leche con un 1% de grasa, leche totalmente libre de grasa. Curiosamente, cuanto más disminuye el contenido graso, más aumenta el porcentaje de vitaminas. Moraleja: me juego lo que sea a esto es cualquier cosa menos leche. Pero es lo que hay, salvo que nos pasemos a los derivados en polvo, algo por lo que sí que no paso. Misión imposible encontrar galletas decentes tipo María, redondas o cuadradas, lo que sea. Las únicas alternativas disponibles son las típicas galletitas ultrafinas de canapé frente a las Chips Ahoy u Oreo. Y fin de la lista de alternativas.

La siguiente cosa curiosa me ocurrió al pagar. El importe a abonar no llegaba a los 15 dólares, pero como tengo billetes algo grandes, aproveché para pagar con uno de $50 sin demasiado pudor. Aprovecho para comentar que es imposible calcular de antemano a cuánto ascenderá tu cuenta, al menos para una foránea como yo. Y es que aunque las cosas tienen su precio marcado, claro está, a la hora de cobrarte se añaden los impuestos (como si el IVA no estuviera incluido en los precios que vemos en las estanterías del Carrefour), que para más inri varían de producto en producto. No es que supongan un porcentaje apreciable del importe del ticket, pero sí son lo suficiente para que sea misión imposible llevar el dinero justo. El caso es que cuando la cajera me cobró y me devolvió sólo billetes, por importe de $35, me sorprendió que no me dijera al menos que no tenía suelto para darme los 13 centavos de vuelta. Terminé de meter las cosas en mi bolsa (de plástico, nada de bolsas ecológicas de papel de las que siempre sacan en las películas) y ya me disponía a marcharme cuando el siguiente cliente me hizo notar que me dejaba la calderilla. ¿Dónde? Pues en una especie de dispensador automático al otro extremo de la caja. Vamos, que la máquina registradora no sólo calcula el importe y la vuelta, sino que libera al cajero del engorro de tratar con las monedas (dinero tradicionalmente denigrado por los ciudadanos estadounidenses, más amigos del vil metal en su forma papírica), devolviendo ella misma los centavos pertinentes cual si de una caja del parking se tratase, para que os hagáis una idea.

En fin, tras esta pequeña primera aventura, regresé a la agradable atmósfera de mi apartamento con aire acondicionado, huyendo del calor tropical del mediodía houstoniano, para hacer unas cuantas llamadas más (definitivamente desterrado el miedo a hablar por teléfono en inglés), entre ellas una al profesor Leiss, de quien tenía pendiente una invitación a cenar en cuanto estuviera en la ciudad. Y puesto que va a dirigir la investigación que haga aquí, no parecía demasiado conveniente rechazar la invitación, amén de nada educado y totalmente carente de motivación. A las seis y media me recogió en su BMW, con el que en un periquete estuvimos en su acogedora casa, donde compartimos con su mujer exquisita cena (con thanks giving y todo) y grata conversación (en inglés, a pesar de ser él austriaco con conocimientos de castellano, ella chilena y yo española) hasta casi las nueve. Además de ponerme en antecedentes de lo que espera que pueda conseguir en estos tres meses (o al menos, de por dónde quiere que me encamine), me advirtió que estará ausente por viajes de diversa índole durante varias semanas, y que, aunque me dejará tareas encomendadas, no quiere verme todos los días por el campus. Vamos, que me hizo una invitación directa y explícita para que visite todos los museos disponibles, y hasta me habrían invitado al teatro con ellos si no fuera porque las entradas de que disponían coinciden con la excursión a la NASA que ya tengo previsa para el próximo sábado.

Tanto el doctor Leiss como su esposa se han encargardo de ponerme al día en las maravillas del clima de la región, incluyendo la tormenta tropical que ahora mismo cae sobre nuestras cabezas. Al parecer, abandonamos el verano, donde el calor y la humedad son la tónica dominante, para adentrarnos en unas semanas donde a ciertos intervalos intensísimas tormentas de corta duración refrescarán el ambiente. Supongo que después de eso llegará lo que osan llamar invierno: temperaturas suaves y sin precipitaciones. Y yo, lista de mí, me he traído hasta una bufanda...

22 septiembre 2006

Safe & sound @ Houston

Ayer, 21 de septiembre, pretendía haber escrito una mínima despedida antes de emprender el viaje. Pero como también era el Día Internacional de la Paz y al respecto digamos que las noticias de cada día son más bien deprimentes, me dediqué en cuerpo y alma a preparar maleta y equipaje de mano, con el fin de no olvidarme nada de lo que no fuese prescindible. Ahora, más de 24 horas más tarde, puedo decir que creo que he tenido éxito en el empeño, y eso que he sorprendido a propios y extraños llevándome una única maleta que no llegaba a los 20 kilos, a pesar de que según me indicaba mi billete de AirFrance, podía llevar hasta 32. La mayor alegría del día ha sido ver que había llegado sana y salva, después del susto del último viaje.

No se interprete de ello que el resto de la jornada haya sido mala, si exceptuamos la localización del aeropuerto de Vigo, ¡por dios, qué cosa más mal señalizada! Lo que debería haber sido un trayecto sencillo y rápido, se convirtió en una agonía de nervios y desesperación porque la hora se acercaba y, siguiendo cada trayecto donde aparecía una señal, jamás volvía a aparecer otra, de donde se seguía inevitablemente que la indicación había fallado estrepitosamente en su cometido. Finalmente, utilizando como checkpoint a todo transeúnte que asomaba, conseguimos llegar a Peinador, e incluso desayunar antes de despedirme de calvaris. El vuelo a París trancurrió sin incidencias, con un aterrizaje muy bonito, divisando la Torre Eiffel al fondo, surgiendo de la gigantesca capital francesa. En media hora comenzaba el embarque para el vuelo a Houston, así que allá me voy yo a toda prisa, a recorrerme medio Charles de Gaulle, desde la terminal D hasta la E. Llegué justo a tiempo, pero no porque fuera una distancia enorme, sino porque en el control de pasaportes me hicieron quitarme hasta los zapatos (literalmente). Eso sí, luego van y ni me miran la mochila del portátil. Estos franceses a veces son peores que los propios españoles.

Al embarcar en el Airbus 330 que nos llevaría a Houston, me dieron 2 hojitas para rellenar y entregar en el puesto de inmigración en destino, pero tengo que comunicaros que, lamentablemente, en ninguna de ellas figuraba la consabida pregunta sobre tus buenas intenciones con respecto al presidente de la nación. La verdad es que pensé que las diez horas de vuelo se me harían mucho más pesadas, pero entre la comida que nos dieron al subir (despegamos, con retraso, al filo de las cuatro de la tarde), un par de películas, un par de siestecillas y lo vicioso que era el videojuego de "Quién quiere ser millonario" que había disponible... se me pasaron bastante bien. Cuando me di cuenta ya estaban sirviendo la cena. Lo más curioso es la sensación de estar suspendido en el tiempo, porque aunque sabes que te estás moviendo a grandes velocidades, al viajar hacia el oeste durante tantas horas y en la trayectoria que llevamos (pasamos sobre el Reino Unido, luego cerca de Islandia, sobrevolamos parte de Groenlandia, y luego el centro de los Estados Unidos desde la zona de los grandes lagos hasta llegar a Texas), la distancia a la que está el sol, y por tanto la iluminación de día que ves a través de las ventanillas, apenas varía durante todas esas horas, creando la ilusión de que el tiempo no transcurre.

Al aterrizar, sin embargo, ya había caído la noche sobre Houston, y el aeropuerto internacional George Bush me recibió avisando por megafonía a un pasajero despistado que se reportase inmediatamente a la puerta correspondiente. Después, las funcionarias que nos distribuían en las filas de control de pasaportes, eran ambas mexicanas. Vamos, ¡que tuve que esperar a entregarle mi pasaporte y mi visado al oficial correspondiente para que alguien me hablase en inglés! El hombre, muy amable, me mostró que el misterioso sobre que sólo podían "abrir las autoridades americanas" que llevaba grapado a mi pasaporte desde mi visita a la embajada no era otra cosa que el impreso DS-2019. Tanto ruido para tan pocas nueces. Dos frases simpáticas y cuatro sellos más tarde, salí corriendo hacia la sala de recogida de equipajes, con el corazón en un puño por si a mi maleta le habría dado tiempo a hacer el cambio de avión en París. ¡Y efectivamente, allí estaba! Menos mal que no quedaban ya casi pasajeros recogiendo sus pertenencias, porque mi estampa, con cara de -ultra felicidad, corriendo hacia la cinta transportadora y prácticamente abrazando mi maleta, debió ser digna de ver.

Sana, salva y entera, abandoné la zona de llegadas y nada más cruzar el umbral ya reconocí a Deian sentado en una esquina, ¡y eso que se ha dejado crecer barba! También estaba su amigo Konstantinos (griego, por supuesto), dueño del Wolkswagen que nos habría de transportar hacia mi residencia estos próximos tres meses. Sé que calvaris habría estado más orgulloso si hubiese sido un Mercedes, pero el caso es que la tecnología alemana hizo acto de presencia. Pero que no cunda el pánico, que aunque viajase en coche europeo pude recrearme con todo tipo de Cañoneros con los que nos cruzamos durante el viaje. La primera vista de postal: el horizonte del centro de la ciudad, con su personal firma de rascacielos, y dejando eso atrás, una sucesión de imágenes de película: explanadas de venta de coches de segunda mano, barracas en serie donde la gente que no vive en un adosado y no tiene un garage almacena cosas inservibles, monstruomercados, barrios residenciales, semáforos colgando al otro lado de los cruces, y un largo etcétera, que habría sido más largo si no estuviese demasiado oscuro como para apreciar más detalles. También nos cruzamos con el metro ligero, del que Deian me confirmó que tiene menos de 4 años, ya que cuando él llegó ni siquiera estaba construido... Y puesto que ya tenía mi tarjeta prepago de T-Mobile, pude llamar a Jennifer para que se acercase a traerme las llaves. La encantadora Jennifer Aguirre no resultó ser hispanoparlante, como calvaris auguraba en base a su apellido, pero me enseñó con detalle el apartamento, que es realmente grande, incluyendo mi habitación (con un armario casi tan grande como mi baño) y demás instalaciones. Mientras Carla (mi compañera) no llegue estaré un par de semanas de ama y señora del lugar, y la verdad es que es bastante acogedor. No está excesivamente amueblado, pero es agradable. Después de dar las gracias a todos y despedirlos, he deshecho las maletas y, como no podía ser de otra manera, aquí me tienen, relatando todo lo acontecido. Y eso que en la península son ahora las ocho de la mañana del sábado (aquí casi la una de la mañana) y debería estar cayéndome por los suelos, pero será que aún no me creo que todo haya salido redondo en el día de hoy.

Mañana tocará salir a visitar el barrio a la luz del día, y para ello me voy a reponer fuerzas en la cama hinchable que me han dejado temporalmente. ¡Buenas noches!

20 septiembre 2006

Tiered Internet

Para los que ayer os hubiéseis quedado con la misma intriga que yo sobre cómo podría ser posible que los dos extremos de una comunicación en internet tengan que apoquinar, os traigo la luz. Si, como yo, habéis vivido en la ignorancia hasta ahora, abrid bien los ojos y preparaos para abandonar vuestro estado de inopia gracias a la lectura de este post.

Pues he de comunicaros, hermanos, que la idea no es algo esporádico o pasajero, como podemos juzgar del hecho de que ya esté incorporado a la Wikipedia en su versión inglesa. ¿Qué es la tiered Internet y por qué hemos de temerla? A continuación, la explicación sencilla y humorística (de nuevo cortesía de Deian) seguida de las pertinentes aclaraciones técnicas.

¿No has oído hablar de la "Internet por capas"? Básicamente, es un sistema gracias al cual los proveedores de internet cobrarían dinero por "priorizar" el tráfico. Por ejemplo (léase con voz de El padrino): "Tiene usted un bonito sitio web aquí, amigo. Sería algo terrible si los paquetes, digamos, empezasen a perderse... Claro que siempre podría pagarnos por darle un servicio prioritario y nos asegurarímos de que ninguno de ellos se descarriase...".

Mientras que ahora mismo los proveedores de internet (o ISPs) tratan el tráfico que llega a los usuarios de manera neutral (al menos en teoría), con una "Internet por capas" podrían controlar la velocidad a la que los contenidos procedentes de diferentes orígenes son trasmitidos o siquiera accedidos. Es decir, que los ISP cobrarían a los usuarios por el acceso, igual que ahora, y además sitios como Google, por ejemplo, tendría que pagar a todos los ISPs para que sus contenidos sean accesibles a sus correspondientes usuarios. La locura.

19 septiembre 2006

Sorpresas antes de despegar

A estas alturas, nadie duda de que la estancia en Houston va a ser una mina para anécdotas de todo tipo. Sin embargo, lo que sí puede sorprender es que lleguen incluso antes de despegar. Y es que ayer me encontré con un correo electrónico de Deian que no puedo dejar de compartir. Deian es un chico búlgaro que estudia informática en Houston, y que ha pasado de ser alguien que conocí en una escuela de verano de 15 días en Alemania hace dos años y con quien hice buenas migas a ser un salvavidas personal por todo lo que se ha preocupado por mí durante estas semanas de preparativos. Desde telefonear a complejos de apartamentos hasta ayudarme a entender el sistema de transporte, apuntarme a una excursión a la NASA el día 30 o recomendarme las listas Craigslist, pasando porque él y su compañero de piso Konstantinos son quienes vendrán a recogerme al aeropuerto este viernes, no sin antes haber pasado a comprarme una tarjeta SIM para el teléfono. Y relacionado con esto de la SIM ha venido la sorpresa más reciente, que os transcribo directamente:

Aquí en Estados Unidos te cobran por los minutos que hablas sin que importe quién ha iniciado la llamada, no como en Europa, donde quien paga es el que llama. Es bastante estúpido: tanto tú como la persona que llama tenéis que pagar... ¡Y ahora quieren hacer que Internet funcione igual!

Ahora entiendo por qué las tarifas telefónicas son bastante más baratas que aquí... ¡como que cobran cada llamada por duplicado! Ay, ay, ay... ¡esperemos que no cunda el ejemplo entre nuestras operadoras!

No obstante, lo que me ha dejado más impactada aún es la amenaza de aplicar el mismo principio de tasación doble a Internet. Simplemente, no concibo qué puede significar eso... ¿se referirá a que sistemas como Skype quieren adoptar esa política? Seguiremos investigando para arrojar luz sobre este oscuro propósito...

15 septiembre 2006

Dadme maña y moveré el mundo

Bueno, creo que no era exactamente así... "Dadme un punto de apoyo y no fuerza". No, tampoco. "Más vale maña para mover el mundo". Creo que no. "Más vale un punto de apoyo que fuerza". ¿Tampoco? Bueno, para el caso cualquiera de las alternativas anteriores es aplicable. ¿Aplicable a qué? A la última de mis peripecias de esta penúltima semana antes del viaje.

A pesar de que por aquí todo ha estado muy tranquilo (demasiado), o quizás precisamente como muestra de ello, los días han seguido transcurriendo a un ritmo vertiginoso. Como consecuencia, aún no he podido dar la bienvenida al mundo bloguero a cierta Karmela que se nos ha ido tres meses a Machester, y que promete hacernos reír en más de una ocasión leyendo sus peripecias, relatadas con su personal e intransferible estilo :-).

Cheque de viaje y adaptador En el resto de frentes, esta semana he liquidado el tema monetario. Después de saber por fin dónde voy a hospedarme, he podido hacer a grosso modo un cálculo aproximado de los que pueden ser mis gastos, y así solicitar una cantidad, esperemos suficiente, de cheques de viaje American Express, así como una pequeña parte de dólares americanos en efectivo. Ahora tendré que buscar en mis cajones algún viejo monedero en el que quepan estos billetes modelo sábana que se gastan Bush y compañía. Y es que ya se sabe que a los habitantes del norte del Río Grande les va todo tamaño ídem, es decir, cuanto más grande mejor (y todos sabemos lo que diría Freud al respecto). En cuanto a los cheques de viaje, nunca los había solicitado, pero han resultado ser prácticamente iguales a los billetes. Tienen los mismos sistemas de seguridad (banda de control, holograma de colores), a los que añaden una numeración adicional. Dicho código sirve para, en caso de robo o pérdida, notificarlo a la entidad financiera y que los cheques sean anulados inmediatamente. Por lo demás, funcionan de una curiosa manera: tras comprarlos (en Caja España, sin comisión alguna y con un tipo de cambio muy favorable, bastante mejor que el que me aplicaron en Caixa Galicia por el efectivo), el dueño debe firmarlos y fecharlos uno por uno. Más tarde, en el momento en que se pague con ellos o se cambien por efectivo en una sucursal bancaria (también sin comisión si se trata del Bank of America, por ejemplo), habrá que contrafirmarlos, es decir, firmarlos por segunda vez para que el cobrador o banquero pueda verificar que somos los propietarios del cheque. ¿Curioso, verdad? Con la primera firma nos aseguramos que sólo un buen imitador de firmas podrá utilizarlos en nuestro lugar (y aún así, en el establecimiento correspondiente o en el banco nos pueden pedir una identificación, por supuesto), y cuando estén firmados dos veces, quien los reciba podrá ingresarlos directamente en su cuenta, cambiarlos por efectivo, etc.

Otro tema del que también me he ocupado ha sido el eléctrico. Después de comprobar que todos los aparatos eletrónicos que me acompañarán en mi travesía (a saber: portátil, teléfono móvil + cargador y cámara de fotos + cargador de pilas) pueden funcionar entre 100 y 240V (o dicho de otro modo, soportan frecuencias en el rango 50-60 Hz), he podido comprar un simple adaptador en lugar de un pesado transformador.

Otra de mis peripecias esta semana ha consistido en liberar mi móvil, el Sony Ericsson z520i que me compré hace poco. A quienes seáis clientes de Amena, quizás os interese saber que, independientemente de que tengáis una tarjeta prepago o un contrato, o de que os hayáis pasado de un sistema a otro, si estimáis que habéis consumido más de 120 euros, os liberarán un terminal por línea. Para ello, tendréis que llamar al número 651822222 y seguir las instrucciones que amablemente os indicará el operador que os atienda. Eso sí, tened en cuenta que la llamada NO es gratuita (os la cobrarán como una llamada a un móvil Amena de acuerdo a la tarifa que tengáis activa), y armaos de paciencia antes de llamar, porque el tiempo total que yo invertí en el proceso fue de casi media hora. Aún así, los casi 3 euros que me facturarán por esa llamada no llegan a la mitad de lo que os cobrarán en prácticamente cualquier otro sitio que os ofrezcan liberar vuestro móvil. Eso sí, como os digo, este servicio podréis utilizarlo cuando hayáis superado los 120 euros de consumo y una única vez por línea. Creo que no es necesario llamar desde el móvil que se quiere liberar (aunque yo lo hice), pero sí entre las 9 de la mañana y las 9 de la noche. Además, conviene que tengáis a mano el código IMEI del terminal, que se puede averiguar pulsando la combinación de teclas *#06# en cualquier teléfono.

Dispositivo abre-móvil Pero no han acabado ahí mis aventuras con mi querido móvil. Una vez liberado, obviamente, lo que todos querríamos hacer cuanto antes es comprobar que la liberación es efectiva, y pedirmos al conocido de turno (en este caso, mi hermano, cliente de Movistar) que nos dejen su tarjeta para comprobar que nuestro terminal ya no está ligado al operador que nos lo vendió. ¿Fácil, no? Pues no. Resulta que en el Sony Ericsson z520i, quitar la tapa de la batería es una misión imposible. Ya el manual nos advierte de que tendremos que aplicar una "presión considerable". Sabiendo esto, que yo, enclenque por naturaleza, no la consiga quitar, pasa. Pero que mi propio hermano, adicto a las sesiones de gimnasio, no sea capaz, mosquea. Y cuando nadie de los que lo intentan tiene éxito, una empieza a pensar si eso es una tapa de batería o una lapa con superpoderes. Total, que mi magín tuvo que urdir un plan alternativo que, como podéis imaginar, da título a este post. Dicho plan consistió ni más ni menos que en introducir dos hilos de hacer ganchillo por debajo de la susodicha tapa, con la ayuda de un cutter para poder levantarla mínimamente por sus los extremos superiores opuestos. Una vez introducidos debajo de la tapa, se deslizan para que queden tal y como se ve en la foto anexa. Con tal dispositivo montado, una leve presión hacia abajo con el pulgar al mismo tiempo que se tira de los cuatro extremos del hilo con la otra, extraerán la rebelde tapa de su posición. Voilá! Me río yo de James Bond, el Equipo A y MacGiver todos juntos X-D.

"Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo", Arquímedes de Siracusa.
"Más vale maña que fuerza", refrán popular.

10 septiembre 2006

Operación Houston: los preparativos (y VI)

Cuarenta y cuatro días después de haber iniciado la búsqueda de alojamiento para mi estancia en Houston, por fin puedo decir...

Habemus housing!

Las residencias estaban repletas. Encontrar a alguien dispuesto a alquilar una habitación (preferiblemente ya amueblada) tan sólo por tres meses era el objetivo. Toda una odisea, habida cuenta de que alguien con un cuarto disponible a una distancia razonable de la universidad encontraría fácilmente inquilino para, al menos, un semestre completo. Y el tiempo transcurría, implacable.

Dos veces cometí el mismo grave error: olvidar que las distancias allí son totalmente relativas al movimiento motorizado. No sé qué habría sido de Einstein y sus ecuaciones si hubiese emigrado a Estados Unidos. Cuando dicen que un lugar está *muy* cerca de otro, al menos tratándose de gente que vive en grandes ciudades como la que nos ocupa, puede querer decir, fácilmente, que se encuentra en un radio de unos 20 kilómetros. Contando con que se trata de un país con una extensión de más de nueve millones y medio de metros cuadrados (casi unas veinte veces España), donde el propio estado de Texas (el segundo más grande, sólo superado por Alaska) hace casi una España y media, esto puede no ser realmente tan extraño, pero supone un serio inconveniente cuando la escala personal de las cosas es considerablemente más pequeña. Darme cuenta de esto demasiado tarde me costó tener que reiniciar por completo la búsqueda cuando ya creía haber dado con el lugar perfecto en dos ocasiones. Moraleja: cuando las autopistas llegan al corazón de las ciudades y te dicen que viven a 10 minutos del centro, desconfía. Esto, combinado con el lamentable servicio de transporte público (cuya frecuencia ridícula y líneas en disposición radial lo convierten prácticamente en testimonial), puede implicar un viaje de 45 minutos en autobús.

Estuve al borde de la desesperación. Me planteé seriamente contratar los servicios de cierto tipo de anunciantes que, a precios importantes, ofrecían hospedaje para un máximo de una semana en apartamentos totalmente equipados que incluían además servicio de transporte personal para ir a visitar otros posibles alojamientos. Sobre todo cuando me falló un lugar muy bien situado porque la inquilina decidió decantarse por alguien que llamó a su puerta en persona a pesar de haberme dicho que me reservaba la habitación hasta mi llegada. Supongo que no puedo culparla, al fin y al cabo yo era una overseas tras la que perfectamente podría esconderse un scammer. Claro que ya le había comentado que era Spanish (lo cual para algunos debía ser un concepto bastante amplio que les llevaba a preguntar de qué país venía), y ella no parecía uno de esos que en sus anuncios advertían a los que viviesen al otro lado del charco (en esos países "overseas such as UK, Africa or Nigeria") que se abstuviesen de contactarles, que ya sabían de qué calaña eran ("don't bother to write, I know you're scam and I won't reply!").

My residence@Houston!

Y entonces apareció ella. Estudiante de cuarto año de medicina, su oferta era razonable: una habitación y un baño propio, resto de dependencias de la casa compartidas. Lugar espacioso, las fotos que acompañaban al anuncio tenían buena pinta. Le escribí. Me envió algunas fotos más, que corroboraron que el lugar era amplio, bien iluminado, limpio, agradable. Estaba a cierta distancia del campus, pero hacer el trayecto en bici era viable y la línea del bus pasaba por la calle de al lado. Tenía wireless, cocina totalmente equipada, estaba cerca de tiendas y supermercados, e incluso me ofrecía prestarme su bicicleta, que ya no usaba desde que tenía que llevar bata a la facultad. El precio eran $600 al mes, una fianza reembolsable de $300, más los gastos compartidos de luz y conexión a internet (que podían ascender a unos $75 más): alrededor de 550 euros mensuales. Además, al contrario que todos sus predecesores, se ofreció a prorratear el alquiler, es decir, cobrar desde el día 22 hasta el 22 del mes siguiente, en lugar de cobrar por mes natural (lo que suponía el ahorro de un mes de alquiler, en el fondo). Parecía que había poco que pensar, incluso aunque la habitación estuviese vacía (la anterior compañera se había llevado sus muebles), contaba con un típico armario de los de meterse dentro (como el de la peli de E.T., por ejemplo) y había la posibilidad de que una de sus amistades dispusiese de un somier y un colchón que poder prestarme. No panic, una visita a la web de Ikea en Houston podía arreglar el desaguisado en caso de que el préstamo de cama no llegase a buen puerto.

Pero lo mejor de todo fue la conversación paralela al intercambio de preguntas y respuestas sobre las características del lugar que tuvo lugar en los mails. Procedo a transcribirla:

  • Me he dado cuenta de que tu correo viene de España. ¿Eres de España? Yo estudié en Salamanca durante 6 meses. ¡Fue una experiencia fantástica!
  • ¡Sí, soy española, efectivamente! Nací y me crié en Madrid pero llevo viviendo en el noroeste del país algunos años.
  • ¿Eso significa que vives en Galicia? Mi compañera de piso y yo pasamos un fin de semana recorriendo sus costas en coche y fue precioso. Tengo muy buenos recuerdos de ese viaje.
  • ¡Sí, vivo en Galicia! En Coruña, para ser exactos. ¿Por casualidad no visitarías esta ciudad? Me alegro de que lo pasases bien en tu estancia aquí, es un lugar realmente muy bonito.
  • ¡Sí, visitamos Coruña! Qué pequeño es el mundo...

Y tanto... todo lo que diga a continuación carece de importancia después de tamaña revelación, pero para poner la guinda al pastel, su novio es venezolano. ¿Qué más puedo pedir, si hasta podríamos tener intérprete de urgencia en caso de necesitarlo? Así que después de consultar con mi contacto en la ciudad (un chico búlgaro que conocí en una escuela de verano hace dos años en Alemania y que hace el doctorado en informática allí), que me confirmó que la zona era buena y me abrió un mundo de posibilidades al hacerme notar que la parada del Light Rail está casi al lado y que puedo subir la bici al metro para acortar el trayecto a pedalear, nos dimos el sí definitivo. ¡¡Por fin tengo residencia en Houston!!

La consecución de semejante hito pone fin a la serie Operación Houston: los preparativos. Faltan sólo 12 días para el despegue, y los flecos menos importantes en los que ahora me puedo centrar incluyen conseguir los cheques de viaje, activar el roaming de mi tarjeta Amena y liberar el móvil, enterarme de si puedo pedir un pase de estudiante para la red de bus y metro e ir redactando la lista de cosas de las que no me puedo olvidar. USA: here I go!!!

09 septiembre 2006

Máster & Advanced

B Nada me gustaría más que que esta entrada fuese la sexta entrega de la serie Operación Houston, en la que os comunicase a todos por fin que ya he arreglado el tema del alojamiento. Por desgracia, no es así. Para amenizar o suavizar la espera, sin embargo, esta semana he recibido dos buenas noticias, ambas en el terreno de lo académico.

El lunes me informaron de que por fin he completado el máster de la UNED que comencé hace casi dos años, y de que en breve recibiré el certificado en casa. Es la primera vez que he realizado algún tipo de formación a distancia, y la verdad es que la experiencia ha sido interesante. Hice la matrícula por correo y tras varias semanas recibí todo el material en mi domicilio. Las tutorías se hacían por teléfono o por correo electrónico, y doy fe de que las respuestas por este segundo medio han sido siempre muy rápidas. Teniendo el material y la atención necesarias, la piedra angular de este tipo de enseñanza es, fundamentalmente, el saber organizarse bien. Si ello ya es así habitualmente, en estos casos lo es más porque, ante la ausencia de la rutina de las clases, la inexistencia de fechas de entrega parciales o cualquier otro elemento que nos recuerde nuestras obligaciones, que nos imprima ritmo de trabajo y nos motive, existe el grave peligro de irlo dejando todo de forma que la completa libertad puede volverse contra una misma cuando se aproxima el mes de junio (no es que me haya pasado a mí, por supuesto O:-)).

Fue mi director de tesis quien, a tenor de la relación entre la temática del máster, y el proyecto en el que colaboro en la facultad (que fue base de mi proyecto fin de carrera y que pretendemos que pueda serlo también, al menos como punto de partida o apoyo, para una posible tesis doctoral), me sugirió la posibilidad de hacerlo. Como todo máster, tampoco los de la UNED son baratos, pero tuve la suerte de que la propia Fundación de la UNED me concediera una beca que cubría parcialmente el importe del mismo. El primer año estuvo formado por ocho módulos (asignaturas) y el segundo han sido siete, algunos más interesantes, otros igual de soporíferos que lo que cualquiera se puede encontrar abriendo la puerta de cualquier aula al azar en cualquier facultad aleatoria. Como se trataba de un título propio de la UNED, hasta los mismos exámenes los recibí y los entregué vía correo electrónico (supongo que si hubiese sido una titulación oficial tendría que haber hecho los exámenes en persona). Además, para poder optar a la calificación más alta, entregué algunos trabajos voluntarios a lo largo de los dos cursos. En resumidas cuentas, no ha estado nada mal: me ha permitido ampliar profusamente mi corpus de conocimiento sobre un terreno en el que me movía más bien como un pato mareado y del que necesitaba manejar información con soltura, y aunque he pasado épocas de agobio (¡como toda hija de vecina!), creo que ha merecido la pena.

La otra noticia la recibí ayer viernes, en forma de los resultados del examen Advanced de Cambridge del que os hablaba hace algunos meses. Esperaba aprobar, pero la calificación fue aún mejor: una flamante B. No sé si me servirá de mucho próximamente, cuando me las tenga que ver con los texanos que hablan como con la boca llena de chicle, pero ahí queda. Y mientras desespero en la mencionada espera, podéis pasaros por el blog de Noe (agudamente nombrado Eu non compro pan :-D), que ya se encuentra de estancia en París, contándonos sus peripecias desde la capital francesa con su habitual frescura y simpatía.

05 septiembre 2006

FIBA'06 World Champion: Spain!

FIBA'06 Champions Here in Spain, they call soccer The King of sports. But I do think that there are lot of sports far more interesting and exciting than soccer, actually. Anybody who has watched some of the matches of the FIBA 2006 Championship, especially Argentina vs. Spain semifinal, will agree with me.

But there's at least one thing I like about basketball not being as popular as football. Thanks to that, players are just part of a team, no matter if they are the best forward or the quickest guard. They're not 'stars', more worried about their new fancy car or the next saturday party than anything else (BOCTAOE).

Thus, they have been able to reach the highest place in basketball skies. They made us dream, and then they made it true. They worked so hard, they completely deserved it. And this is something I very much doubt our football national team will achieve. And I wish I am wrong.

04 septiembre 2006

Operación Houston: los preparativos (V)

¿Cómo voy a pagar todo esto?

Hoy he recibido en mi casa los billetes de avión, cortesía de Air France. La cortesía son novecientos euros (ida y vuelta), a sumar a los casi trescientos del seguro médico, los setenta y ocho de la tasa SEVIS y los ochenta y cinco de gastos de tramitación del visado. Vamos, que sin haber encontrado casa aún y sin haber despegado los pies del suelo, ya he desembolsado más de mil trescientos machacantes. Si algo está claro a estas alturas, es que irse de estancia al extranjero no es nada, pero nada, barato.

Siendo así, ¿cómo me he embarcado en este proyecto? ¿Es acaso la mía una cuna de alta alcurnia que me permite tener estos caprichos? ¿He estado ahorrando desde los cinco años, sacrificando los cinco duros de los domingos, justo para este momento? Pues ni lo uno ni lo otro. Desde hace algunos años, la Xunta de Galicia dedica parte de su presupuesto de I+D a diferentes tipos de becas, entre las que se cuentan las becas para estancias de investigación en el extranjero. Si has recibido una beca predoctoral del gobierno gallego, entonces puedes solicitar estas ayudas, que suponen un segundo y muy necesario sueldo (generación de precarios mileuristas rules), sobre todo cuando se trata de afrontar un período en el extranjero. El caso es que este año, después del esperado cambio que las últimas elecciones autonómicas obraron en los despachos de San Caetano, nos han tenido en ascuas hasta el último momento. Las convocatorias para estas ayudas solían salir a finales de mayo, se publicaban en el D.O.G. (Diario Oficial de Galicia) poco después, y se resolvían con un poco de suerte justo antes de que te marchases, o bien poco después. El lector avispado se habrá dado cuenta de que, siendo las estancias de tres meses, eso suponía que todo se organizaba estratégicamente para que el período más conveniente para realizar el viaje fuese entre septiembre y diciembre. Sin embargo, probablemente por motivos burocráticos variados y de intricada naturaleza (o no), la convocatoria este año se retrasó hasta el último momento, es decir, hasta el mismísimo 31 de julio. Al borde del infarto, los becarios que llevaban todo el año planeando sus estancias, se habían lanzado ya al vacío de comenzar los preparativos sin siquiera saber a ciencia cierta si la convocatoria tendría lugar o no. Finalmente, la resolución, paradójicamente con irrisorios mínimos cambios con respecto a años anteriores, salió y la documentación ha sido entregada, así que sólo queda esperar.

Desde luego, hay un fuerte componente de fe en todo esto: al final, todos los que nos vamos, nos vamos confiando en que nos concederán la citada beca, y que nuestras pobres economías se sanearán tarde o temprano (en esta ocasión será más bien *muy* tarde, pero esperemos que sea). Al menos hemos hecho todo lo que nos pedían: entregar una carta de invitación del lugar al que acudimos, un plan de trabajo, y tropocientos papeles de todas las administraciones habidas y por haber justificando que somos unos ciudadanos de bien. Es decir, hemos perdido 1 minuto en la delegación de Hacienda para que nos den un papel que ponga que no tenemos deudas con el estado. Hemos perdido 5 minutos en la delegación de la Seguridad Social para que nos den un papel que ponga que no tenemos deudas con ese organismo. Y hemos rellenado una solicitud en la delegación de la Consellería de Facenda para quedarnos con cara de idiotas cuando nos han mandado volver a por el papel que dice que no tenemos deudas con la comunidad autónoma, al cabo de una semana...

La lista de preparativos pendientes se reduce a su mínima expresión. ¿Intrigados por saber si _luara_ dormirá finalmente debajo de un puente houstoniano? ¡Permanezcan atentos a sus pantallas! ¡No quedan muchos capítulos!