30 noviembre 2006

Últimas semanas

El círculo que se abrió a finales del pasado mes de septiembre se va cerrando poco a poco. Por delante quedan apenas tres semanas, tras las cuales me encontraré volando de vuelta a casa, regresando al hogar por navidad como los turrones. Aún no sé qué buenos deseos o propósitos me llevaré de regreso conmigo de cara al nuevo año, porque de momento me concentro en ir terminando la tarea que me ha tenido ocupada aquí durante este tiempo. Ya habrá tiempo para las valoraciones. El futuro inmediato pasa ahora por el próximo lunes, cuando ya calvaris haya volado de vuelta a Europa, y a mí me toque dar una charla ante la gente del departamento para contarles lo que ha sido mi trabajo aquí. Espero no aburrirles mucho, porque en su mayoría trabajan en campos distintos...

En el campus, no obstante, ya se respira también un ambiente distinto. Han empezado los exámenes finales, y a mediados de mes las vacaciones se llevarán a los alumnos, dejando las aulas vacías. Es tiempo, por tanto, de empezar a recordar todas aquellas cosas simpáticas, detalles originales que he ido viendo durante estos meses y que no puedo dejar de llevarme conmigo. Por supuesto, eso incluye los souvenires, y todos aquellos encargos que me sea posible atender. Así que, si tenéis alguno, ¡hablad ahora o callad para siempre!

26 noviembre 2006

Carta abierta a _luara_

Hace ya algunas semanas recibí un correo de mi hermano que merece la pena que vea la luz (con su consentimiento, claro está). Quizás para el lector anónimo pase sin pena ni gloria, pero a mí me pareció un relato fresco y simpático, totalmente inesperado. Es curioso, pero a veces se vive bajo el mismo techo y parece que hay cosas de los demás que nos perdemos.

Algo de contexto es necesario, sin embargo. Mi hermano, casi cinco años menor que yo, está embarcado en la no despreciable tarea de convertirse en funcionario, puesto por muchos codiciado. En su caso, ha optado por las fuerzas de seguridad del estado, motivo por el cual lleva tiempo entrenando cuerpo y mente (bueno, sobre todo el cuerpo ;-P). Recientemente superó con éxito las pruebas físicas, y he aquí el relato (y una muestra empírica) de cómo lo hizo.

What's up "duda"? (es el femenino de "dude", ¿no? jeje)
Me complace escribirte estas líneas sobre mi prueba "preferida" (que tanto te gustó cuando me viste en el vídeo, jeje), tercera siguiendo el orden del examen. Digo me complace porque sé que jamás tendré que volver a afrontarla y menos de la manera que lo hice yo... Y es que lo del miércoles fue algo no apto para cardíacos, créeme. Te explico.
Más o menos todos sabemos la nota que llevamos hasta que nos toca hacer el circuito, y si merece la pena arriesgar mucho o no. Y es que si haces taitantas dominadas y no te has tomado nada "especial" esa mañana lo normal es que hagas las de siempre, o tal vez alguna menos por los nervios (en mi caso hice una más y me quedé a una del 9, una pena).
Lo mismo ocurre con la segunda prueba, el salto. En este caso fue peor y muchos suspendieron porque no sólo no nos dejaron "robar" (encogiendo los hombros en una postura que se va perfeccionando con el tiempo y que te hace ganar unos buenos centímetros) sino que nos subieron el brazo para marcar más arriba de lo normal. Para comparar: normalmente (en Riazor) venía saltando del orden de 65 cm, eso es un 8, y en el examen me quedé en los 57 cm (un 6)... casi nada, aunque siga siendo un buen salto. Y eso porque no dejé que el examinador me subiese mucho el brazo porque sino estaba perdido, como les ocurrió a algunos. El caso es que ya me había comido la mitad del examen con patatas fritas e iba lanzado (como diría Lobato).
Y entonces llegó el circuito. Estaba nerviosísimo, era la prueba con la que había estado soñando todo este último mes, sin exagerarte un pelo. Hay que tener en cuenta que si tiraba alguna valla la primera vez tenía otra oportunidad... pero el acojone con el que se tiene que hacer esta segunda (y última) no se lo recomiendo yo ni al más valiente. Pues bien, ocurrió así: no estaba ni bien colocado en la línea de salida cuando el tío grita "¡Listo! ¡¡YA!!" (¡empezamos bien!). Ya en el primer 'slalom' me di cuenta de que la superficie era más parecida a la de una pista de patinaje (entre el sudor y sobretodo la muchísima magnesia que habían ido depositando los anteriores aspirantes en el suelo) cuando casi se me va la pierna de apoyo. Fue cuando encaré con tanto miedo la valla de por abajo que la tiré con la espalda. Todos los compañeros me preguntaron luego: "¿Pero qué coño quisiste hacer? ¿Por qué no la pasaste como siempre?". La mujer de Yago me decía toda emocionada: "Yo te veía supernervioso y cuando lo tiraste pensé que nos iba a dar algo a todos. ¡Nos hiciste sufrir mucho!". Por suerte y aún sin saber bien cómo lo hice, la segunda fue la buena. La posible buena marca, claro, se perdió, pero había que asegurar a toda costa.


Muchos cayeron en las dominadas y en el salto pero, sin duda, la prueba que más opositores tiró fue ésta... Las condiciones de la pista (todo hay que decirlo) fueron vergonzosas por mucho que se "molestasen" en pasar la mopa de vez en cuando. Hasta David (hacía tiempos de 10 y se quedó en el 8) tuvo que pasarla él... terrible.
Bueno, la carrera era lo mío. Por algo en Cervantes me llaman "el hijo del viento", jeje. Y aunque no hice mi mejor tiempo, ya estaba, había pasado todas las pruebas. No sé si fue gracias al dorsal (número 365) que me dio buenas sensaciones, a las/os compañeras/os que se dejaron las gargantas en las gradas de tanto animar, a la gente a la que sabía no podía decepcionar (Rosa y su hermana me han estado dando ánimos desde que empecé), o a todo junto, pero lo he conseguido. Ahora ya puedes presumir de hermano superatlético y cachillas (sin olvidarte de lo de impresionantemente atractivo) :-D
¡Ah! Por cierto, espero volver a ser el "prota" de otras cuantas líneas en tu weblog si paso la teórica. Besos de esos. See ya!

25 noviembre 2006

Día de Acción de Gracias & Houston Zoo

Pues el día llegó. El Día de Acción de Gracias. Y como ocurre con tantas otras celebraciones tradicionales, poco queda del sentido que la inspiró en su día, pero eso no significa que las familias de todo EE.UU., independientemente de su clase, raza o condición, se reúnan en torno a una mesa sobre la que no puede faltar el elemento estrella: el pavo.

La estampa tradicional incluye familiares que llegan de lejos para reunirse con sus seres queridos, pero también hay establecimientos que organizan comidas o cenas especiales, encargándose de todos los detalles para que, ya sea los que no se atrevan a meterle mano a un pavo de varias decenas de libras, o quienes simplemente no les apetezca comer pavo durante un mes después del evento, puedan sin embargo disfrutar de una celebración en toda regla. A uno de estos últimos lugares nos invitaron ayer el profesor que dirige mi investigación aquí, su esposa y su hijo. El club en cuestión era un club atlético, el Briar Club, un espacio que además de instalaciones para el cuidado del cuerpo y el bienestar (gimnasios, pistas de tenis, piscinas, jacuzzis...) ofrece a sus socios salas de reuniones, restaurante para banquetes, y un largo etcétera de servicios probablemente muy bien pagados (juzguen según su web ustedes mismos). El jueves, una de las salas de banquetes estaba engalanada para la ocasión, y diferentes mesas ofrecían a los comensales todo tipo de deliciosas vituallas servidas al estilo buffet. Entre los aperitivos, no faltaba ni siquiera una estatua de hielo, que servía a la vez de jarrón decorativo mientras que, derritiéndose lentamente, mantenía frescos los langostinos. Me eternizaría si tuviese que describir todos los platos disponibles, así que simplemente mencionaré la sweet potato (batata) como guarnición que nunca había probado (y que al parecer genera fans o detractores, sin término medio... me temo que no me he convertido en una fan :-D), unas exquisitas judías verdes con su crujiente (mi madre no creería que estoy escribiendo esto), y por supuesto el pavo con salsa de arándanos, aunque dicen las malas lenguas que la prime rib (costilla) no tenía nada que envidiarle. Gracias al sabio consejo de Ernst junior, reservamos parte de nuestro apetito para los postres, donde, entre todo tipo de tartas, pasteles y helados, no podían faltar la Pumkin pie (tarta de calabaza) y, sobre todo, la auténtica tarta tejana, la Pecan pie (tarta de nueces). Total, que está claro que los que salen realmente "rellenos" después de Acción de Gracias no son los pavos, sino las personas :-D.

Lo verdaderamente impresionante del día de Acción de Gracias es que es la única vez, desde que estoy aquí, que he visto tiendas cerradas. No todas, pero al menos sí la mayoría, lo cual es totalmente inusual. No es broma, incluso los domingos, aquí los supermercados nunca cierran, la mayoría de ellos funcionan las 24 horas. Y el resto de tiendas, trabajan desde que rompe el día hasta las nueve de la noche durante la semana, o las seis/siete los fines de semana. Así que circular por Houston y ver vacíos los aparcamientos sí resulta toda una experiencia...

Para intentar compensar la "agradecida" comilona, ayer decidimos aprovechar la jornada de puertas abiertas del Zoo de Houston para darnos una vuelta y ver animalitos. El día estaba dispuesto a acompañarnos completamente (definitivamente, este es el verano más largo de toda mi vida :-)), pero nos encontramos con un recinto pequeño, desorganizado, y medio en obras. De modo que deambulamos por él durante poco más de dos horas, vimos lo que se podía ver y nos fuimos. Como la salida del zoológico da al corazón de Hermann Park, nos montamos en el trenecito que da un paseo por todo el parque, que es enorme y alberga desde un lago hasta un campo de golf. El lugar estaba lleno de familias celebrando picnics, parejas paseando en barca y, en general, gente disfrutando de un día de vacaciones. Ya he subido a Flickr algunas fotos por si queréis verlas.

22 noviembre 2006

Encuentro con viejos amigos

La decena de días de ausencia bloguera en esta ocasión merece un poco más de condescendencia. Y es que las últimas jornadas las hemos compartido con Cristina y Mateo, dos viejos compañeros de instituto de calvaris que emigraron a estas tierras hace ya casi ocho y nueve años, respectivamente. Ahora su casa, su trabajo, su vida está en Portland (Oregón). Bueno, ¡y qué casa! Comparada con las de por aquí está a la altura, pero sólo unos pocos elegidos pueden vanagloriarse de gozar de una morada así en la pequeña piel de toro al otro lado del charco.

Portland es la ciudad más grande del estado de Oregón y la tercera más grande de la costa pacífica norteamericana, sólo por detrás de Seattle (estado de Washington) y Vancouver (estado de Columbia Británica, en Canadá). La sensación general que transmite es mucho más cercana al ambiente de las ciudades europeas, y el clima es también más continental. El otoño, que aún se resiste a acercarse a Texas, es allí espléndido, dejando a su paso toda una fiesta de rojizos, amarillos y tostados en los follajes de los árboles caducifolios. Podéis ver algunas fotos de Portland en mi página de Flickr, así como varias instantáneas de las Montañas Rocosas sacadas desde el avión.

Como sé que calvaris hará una buena crónica del encuentro, dejaré que sea él quien os cuente los pormenores. Sin embargo, no puedo dejar de declarar al mundo que después de veinticinco años sobre la faz de este humilde planeta, ¡he probado un café que me gusta! De hecho, en los últimos cinco días, me he tomado tres de esos maravillosos cafés recién descubiertos. O:-) ¿Que quién ha obrado el milagro? Pues, como no podía ser de otro modo, Starbucks y su magnífico Pumpkin Spice Latte (café con leche con un toque de calabaza). Como podréis adivinar, es un café de temporada, que sólo preparan en esta época del año. No sé si lo habrá en España, aunque de poco me iba a servir porque por desgracia la firma aún no ha llegado a nuestra ciudad... ¡Starbucks en Coruña YA! :-D

Por lo demás, mañana es el archiconocido Día de Acción de Gracias, así que... manténganse a la espera, ¡habrá reportaje!

13 noviembre 2006

Life goes on and on

Tengo que reconocer que me siento totalmente perezosa a la hora de actualizar el blog estos días, sobre todo porque siento que es un poco absurdo hacer estéreo con calvaris, que se ocupa diligentemente de hacer la crónica de nuestras experiencias O:-). No obstante, es divertido tener al lado a alguien que vive por vez primera cosas que después de un mes una ya va dando por sentadas :-).

Lo que sí he hecho ha sido subir algunas fotos más a mi página de Flickr, con instantáneas de nuestra visita al Museo de Ciencias Naturales de Houston del viernes pasado, al que volveremos en algún momento con Linh, ya que hasta enero hay una exposición itinerante sobre Benjamin Franklin que ella quiere visitar. Me habría gustado añadir alguna de los fósiles de dinosaurios o del gran mamut, pero a quien quiera que puso de moda la iluminación tenue en los museos habría que darle una buena colleja :-(. Por desgracia (y por la misma razón práctica, aunque en este caso más comprensible), tampoco tengo ninguna foto que enseñar de la colonia de murciélagos del puente Waugh, la mayor concentración de roedores voladores mexicanos de todo el estado de Texas. Estos vampirillos, que generalmente emigran al sur cuando bajan las temperaturas, han decidido que el paso del tráfico sobre el puente convierte su refugio bajo el asfalto en un nido ideal durante todo el año, y que eso del nomadismo está pasado de moda :-D. Cuando cae la noche, revolotean en bandadas por los alrededores, devorando los sanguinarios mosquitos tigre (¡lástima que no haya más murciélagos!), ante la atenta mirada de los grupitos de gente que acude a contemplar sus excursiones cada día.

El fin de semana esperábamos que el fragor patriótico tomase las calles con la excusa del día de los veteranos, pero resultó que habíamos sobrevalorado la ocasión, y salvo un par de homenajes televisivos con mucho personaje político en ubicaciones más significativas, la jornada transcurrió sin pena ni gloria. Eso sí, Linh, que ganó con su pareja una de las categorías principiantes de baile de salón aficionado en el concurso anual Dancing with Owls que organiza la Rice University, por fin se animó a llevarnos a degustar la curiosa comida vietnamita (y calvaris, por su parte, se animó a comer con palillos, algo que resultó dársele bastante mejor de lo esperado :-D),

En cuanto a mí, pude sacarme la espinita de que la primera comida mexicana que calvaris había probado fuese la de Taco Bell (que resultó ser algo así como llevar a alguien a Mc Donalds a probar su primera hamburguesa), gracias a las bondades de Chipotle, que consiguió devolver la calidad de los burritos al pedestal donde yo los había colocado ;-).

09 noviembre 2006

American life

Puede parecer mentira, pero mi ausencia bloguera durante la última semana se ha debido en parte a los más que auténticos retazos de american life que he estado viviendo, coincidiendo con la llegada de calvaris :-).

Después de recogerle el jueves pasado en el Aeropuerto Internacional George Bush (el mismo al que yo llegué hace ya más de un mes y medio) y de que pudiera conocer a mi compañera Carla antes de que ésta se embarcase en un viaje que la tendrá lejos de casa durante todo noviembre, asistiendo a diferentes entrevistas en distintos hospitales todo a lo largo y ancho del país para decidir dónde realizará su próximo año como médico residente, tuvimos un viernes relajado donde pudo conocer el barrio, el campus de la UH y también a Linh y la Galleria.

Las auténticas emociones llegaron el sábado. Se celebraba en la universidad el evento anual conocido como Homecoming, que involucra diferentes actividades para antiguos alumnos: cenas, condecoraciones y, cómo no, un partido de fútbol americano. Las entradas a las citas deportivas son normalmente gratuitas para los alumnos, y además la Cougar Card me permitía adquirir algún ticket más a precio reducido, así que era la ocasión ideal para sumergirnos en toda una experiencia 100% USA. Y así fue. El encuentro enfrentaba a los Houston Cougars contra los Tulsa Golden Hurricane, y aunque no tuvimos la precaución de familiarizarnos con las reglas en detalle antes, poco a poco fuimos deduciendo los rudimentos básicos, al tiempo que una grada completamente poblada de aficionados que teñían de rojo el estadio nos absorbía como parte de la masa animadora, integrándonos inevitablemente en sus cánticos y consignas (Whooooose house??? Coooooog's house!!! :-D). Hay que reconocer que disfrutamos como enanos del fantástico ambiente, contagiándonos de la emoción de los momentos álgidos del partido y regocijándonos con la victoria local (27 a 10).

Marcador

La experiencia del domingo... digamos que se situó en un plano totalmente diferente, más espiritual. Conocimos de primera mano cómo funciona la maquinaria divina en este país: asistimos a un servicio religioso en la iglesia baptista que frecuentan Linh y su familia. El enorme edificio, sin nada más que llame especialmente la atención desde fuera a parte de su tamaño, resultó albergar un interior impresionante, muy similar a un palacio de la ópera. Allí, un grupo de voces privilegiadas, acompañadas por un enorme coro, nos recibieron entonando diferentes baladas que podían seguirse en las pantallas gigantes cual si de un karaoke se tratase. Cuando ya los últimos rezagados habían ocupado sus butacas (sí, he dicho butacas), el director del espectáculo dio paso al artista invitado: el esperado predicador. ¿Qué puedo decir? Ni aunque lo intentase con todo mi ahínco conseguiría transmitir la mitad de lo que significa asistir a tal despliegue de verborrea, alarde de elocuencia, demostración de labia, ostentación de retórica, exhibición de oratoria, manifestación de fluidez verbal. Y tiene mérito conseguir que incluso quienes te escuchan con todo el escepticismo del mundo, inmunes al hechizo de tus palabras, conscientes de la demagogia de tus argumentos y sabedores de la fragilidad de los castillos de naipes que construyes en el aire, sigan el discurso de tus ideas durante una hora sin apenas darte cuenta del paso de los minutos. Después, café para todos antes de la catequesis. Y es que la religión aquí no sólo cuida la puesta en escena y la calidad de los monólogos, sino también la formación (o tal vez debería decir aleccionamiento) continua. Mientras los más pequeños se entretenían con a sus propias actividades, los adultos asistimos a la clase del día, titulaba "Muhammad and Islam (part 2)". Si alguien está interesado, he guardado los apuntes que repartieron como oro en paño...

Predicador

Aún atesorábamos en nuestras retinas los inolvidables momentos vividos, cuando Linh nos sorprendió invitándonos a compartir la comida familiar del domingo en su propia casa, a la que me avergüenzo de dar ese nombre porque debería como mínimo tratarla de mansión. Y es que si hay algo que puede deprimir a un pobre españolito en estas tierras más aún que el coste del galón de gasolina, es el precio de la vivienda. La lista de tópicos iba a completar su propio desfile al mismo ritmo que circulaban la lasaña, las mazorcas de maíz, las judías verdes y el pan de ajo. El matrimonio lo componían una autoproclamada sufridora esposa, más pro-Bush que simplemente republicana, y un demócrata de Texas (que según los estándares de la costa oeste no es nada más que un republicano light, pero republicano al fin y al cabo) de ascendencia hispano-irlandesa. La estrella del show, por supuesto, su única hija en común (ya que el cabeza de familia cuenta entre su prole los frutos, ya independientes, de un matrimonio anterior), adolescente con aspiraciones a ser la próxima American Idol. Dicen que la realidad siempre supera a la ficción... pero ¡cuán ficticia puede ser la realidad hasta que una se la encuentra de bruces!

Por supuesto, ante tanta vivencia irrepetible, el agravio comparativo con el resto de nuestros días es grande, a pesar de incluir nuevas experiencias culinarias como mi primera quesadilla en Taco Bell o el estreno de calvaris en la cocina tailandesa del Thai Bistro.

También hemos tenido la oportunidad de vivir desde dentro lo que puede ser el principio del camino hacia un esperado cambio político, aunque también puede quedarse en una simple alternancia en el poder. Sea como fuere, habrá que esperar aún un par de años para comprobar si el impulso que ha llevado a los votantes a entregar el Senado a manos demócratas les concede también las llaves de la Casa Blanca.

Entre tanto, mañana comienza un largo fin de semana, de mano del primer festivo que me he encontrado desde que puse pies en tierras estadounidenses: el día de los veteranos. No sabemos si las calles de Houston albergarán algún desfile, pero saldremos a comprobarlo...

01 noviembre 2006

People we met

I met some really neat people last weekend. When we said goodbye, one of them told me something as unexpected as touching: "When you are back, and having fun with your friends, just remember us... some time..." I barely knew what to say. Well, I did, but I was taken so aback that I just couldn't. But I would have love to have replied: "Of course I will" And I would have really meant it.

Do you ever think about the people you once happen to meet? Do you think they ever think about you? Do you ever think whether they will think about you or not? I do. She needn't ask me to. I always remember people. I think about them. And I also wonder if they ever think about me. I would like to know but, of course, there is no way I could. But I will always do my part.