10 febrero 2007

Wikipedista

Hay un dicho popular que afirma que la vida merece la pena cuando se da cumplimiento a tres diferentes propósitos: plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Hoy en día hay quien añade a tal lista, además, donar un órgano. Desde un punto de vista abstracto, esa supuesta plenitud puede, desde mi punto de vista, verse materializada en una serie de actitudes: respetar el entorno que nos rodea (plantar un árbol), compartir la propia experiencia (escribir un libro), legar algo a la posteridad (tener un hijo) y ayudar a tus semejantes (donar un órgano).

Convicciones como el respecto por la naturaleza y la conciencia ecológica, el compromiso con cuestiones tan sencillas y al alcance de todos como el reciclaje o el rechazo al despilfarro de recursos, son algo que debería estar presente en nuestras vidas a diario, no como apunte excepcional. Lo mismo debería ocurrir con el respeto para con nuestros iguales, hacia quienes, en la situación anterior, se ha de derivar de manera natural una postura proclive a la colaboración, cooperación, asistencia, apoyo y auxilio.

Y puesto que es este blog mi libro y no concibo hijo en futuro cercano, he determinado, como uno de mis buenos propósitos para el año nuevo y ante mi incapacidad para decidirme a prescindir de parte alguna de mí misma, convertirme en contribuyente del gran proyecto Wikipedia. Cada fin de semana, es mi intención colaborar en la creciente mejora de esta iniciativa por el conocimiento global, pero de calidad. Ya que mi terreno profesional es la informática, he visto apropiado participar mejorando artículos que tengan relación con ésta, y sin criterio alguno mejor ni peor que el alfabético, ha querido el azar que mi primera aportación se haya materializado en completar la traducción (del inglés) del artículo dedicado a los antipatrones de diseño.

Una vez comenzado, este plan es como el ovillo de lana de cuyo extremo se ha tirado, que ha echado a rodar y es ya imposible de detener. Pues, como podréis comprobar, cada artículo enlaza otros artículos y no es difícil encontrar, a golpe de par de clics, alguna referencia inexistente, un pobre esbozo o el principio de una nueva traducción. ¡Invito a todo aquél que esto lea a poner su granito de arena!

Actualización: Es sólo una feliz curiosidad, pero el mismo día que comparto mi recién estrenada condición de wikipedista, se ha publicado la noticia de que la enciclopedia libre en español ha alcanzado los 200.000 artículos :-).

05 febrero 2007

Nuevas tarifas telefónicas para móviles

Es difícil no haberse enterado del revuelo que se está montando ante la subida supuestamente no pactada que las grandes operadoras de telefonía móvil (es decir, las tres de siempre, todas menos la neófita Yoigo) se disponen a instaurar desde el próximo día 28 de febrero. Claro, los pobres se han visto obligados a elevar los precios porque ahora la ley les obliga a cobrarnos sólo por lo que hablamos. Qué injusta es la vida.

Es posible incluso que quienes leáis estas líneas hayáis recibido en vuestros buzones la huelga de "móviles caídos" que se promueve para la jornada mañana martes (también se habla de otra para el 1 de marzo).

No tenía muy claro si la iba a seguir o no, así que se me ha dado por analizar las condiciones de la tarifa que tengo contratada antes y después. Craso error. La cruda realidad es como el algodón aquél del anuncio, que nunca engaña. Juzguen ustedes mismos: entre un 10 y un 12% de subida en todos los tramos horarios.

Mañana no me llamen al móvil. Lo tendré apagado.

02 febrero 2007

Last.FM

Ayer por la mañana, después de acudir al centro de salud para hacerme unos análisis de sangre, desayunaba en una pequeña panadería de barrio, de éstas que proliferan últimamente, en la que además de comprar pan, bizcochos o empanada, puedes sentarte a tomar un café acompañado de bollería artesana. El local era muy acogedor, inundado de ese agradable olor a masa recién horneada, y los dependientes eran muy amables, compaginando el atender a sus tempraneros clientes con el solícito "cling" del horno anunciando que la siguiente remesa de baguettes estaba ya lista.

Entre sorbo y sorbo a mi leche con cacao, reparé en la melodía de fondo que se escuchaba, alguna emisora radiofónica musical. Y caí en la cuenta... "Así que esta pobre gente también tiene que pagar a la SGAE por tener la radio puesta?" Pues... sí, claro. Y se me ocurrió que debería ser al revés. "¿Al revés?" Sí, totalmente al contrario. Debería ser la SGAE quien pagase a los establecimientos por promocionar a sus socios. Al fin y al cabo, ¿cuánto menos conocería la gente a los cantantes si ningún establecimiento tuviese hilo musical? Una gran proporción de la música comercial que nos obligan a consumir no la sintonizamos voluntariamente mientras desayunamos, no la escuchamos a propósito en el coche, no la necesitamos para relajarnos antes de dormir. Todo lo contrario, nos la ponen en el supermercado, la escuchamos en el autobús, en la oficina, en la zapatería, en la panadería... Pero, en lugar de que los publicitados paguen por ese servicio, ¡no! Absurdamente, la situación es completamente antagonista. Que alguien me explique cómo hemos llegado a este extremo porque no lo entiendo.

Last.FM Por suerte, aún quedan reductos que resisten al invasor. De hecho, hace algunas semanas que quería hablaros del último que he descubierto: Last.FM. Last.FM es, a grosso modo, un portal sobre preferencias musicales. Sin embargo, no se trata de un sitio web en el que la gente se da de alta y elige manualmente qué tipo de música le gusta oír: esta información se recoge de manera automática simplemente utilizando el reproductor de audio de Last.FM para escuchar la música almacenada en nuestro disco duro, o bien haciendo lo propio con nuestro programa reproductor favorito (XMMS, Amarok, Noatun, BanShee, Quod Libet...), activando el plugin adecuado. Una vez que se han generado unas mínimas estadísticas con nuestros gustos particulares, Last.FM comenzará a agruparnos en "vecindades", es decir, conjuntos de usuarios que comparten nuestras inclinaciones musicales, o que parecen tener predilección por grupos, estilos o temas parecidos. Es entonces cuando comienza lo mejor: tenemos la opción de sintonizar la "radio de nuestros vecinos", ni más ni menos que un stream o flujo de audio automáticamente generado para nosotros a partir de lo que escuchan nuestros vecinos, es decir, aquellos usuarios de Last.FM que prefieren el tipo de música más afín a la que a nosotros mismos nos gusta disfrutar. Cada canción que se nos presenta podemos calificarla, indicando tanto si nos encanta como si no nos gusta en absoluto, de manera que nuestras preferencias se van perfilando y depurando cada vez más. En un plazo variable de entre unos pocos días a varias semanas (dependiendo del uso que le demos, claro está), Last.FM nos sorprenderá con secuencias de canciones que parecen escogidas personalmente por nosotros y para nosotros, intercaladas con temas inéditos (para nosotros) que pueden abrirnos la puerta al descubrimiento de nuevos horizontes musicales o, al menos, de artistas o álbumes que desconocíamos.

Para poner la guinda, además, el proyecto es software libre, ¿qué más se puede pedir? Para más información, la página de la Wikipedia sobre Last.FM es muy completa, y para registrarse y comenzar a disfrutar ¡la página de Last.FM, que ya está disponible en castellano!