15 abril 2007

Dilema moral: ¿cuán ético eres? (7a entrega)

El próximo 27 de mayo se celebran elecciones municipales en todo el país, así como elecciones autonómicas en 13 de las 17 comunidades españolas. Y, como cada vez que una cita con las urnas acecha, asistimos a todo tipo de piruetas políticas, cruces de acusaciones, desmentidos, promesas... y un largo etcétera en el que, por supuesto, no falta la actividad frenética de los otrora bastante desaparecidos políticos: viajes, coloquios, acercamiento al pueblo llano. Sin olvidarnos de esas obras que nos han rodeado durante largos meses, sin que apenas se aprecisase evolución de un día para otro, y en las que de repente los operarios trabajan día y noche para llegar a tiempo al esperado momento de la oportuna inauguración. Todo ello sazonado con las ácidas y siempre poco constructivas columnas de opinión, o las subjetivas noticias televisivas de determinados medios.

Lo que convierte a cada convocatoria electoral en una ocasión diferente a sus precedesoras y distinta de las que le seguirán, pues, son las circunstancias sociales que la rodean. Y en este caso, uno de los puntos estrella es la polémica suscitada en torno a la izquierda abertzale, la formación política Batasuna (ilegalizada tras la entrada en vigor de la Ley de Partidos). Éste es el asunto que traigo a colación en esta séptima entrega de controversias éticas.

La conveniencia o no de ilegalizar partidos políticos que defiendan, ya no sólo el uso de la violencia con fines políticos, sino la xenofobia, el racismo o el totalitarismo en cualquiera de sus formas, es una de las paradojas de la democracia. He aquí la cuestión de debate:

¿Debe la democracia permitir la libertad de expresión a grupos que la utilizan para defender propuestas totalitarias, racistas o violentas?

La libertad de opinión y expresión es uno de los pilares básicos de la propia democracia, pero ¿es eso compatible con/aplicable a quienes representan y defienden valores intrínseca y manifiestamente antidemocráticos? La pregunta es, si estuviese en vuestra mano el autorizar o ilegalizar uno de estos grupos, ¿qué haríais y en base a qué razones?

14 abril 2007

Sacando fotos

Autorretrato digital

El ejercicio del autobombo narcisista nunca ha sido deporte de mi devoción, pero sin embargo hoy pediré por adelantado la actitud indulgente del visitante que acuda en búsqueda de algún reportaje instructor, comentario subjetivo o anécdota simpática. Y es que no puedo evitar hacer referencia al resultado del último concurso de fotografía (titulado "Sacando fotos") organizado por el foro de aficionados del mismo nombre, Sacando Fotos, en el que una foto enviada por esta servidora, instantánea que acompaña a este post, ha tenido la fortuna de compartir el podium de honor en la que ha sido su primera participación.

Para no quitar mérito al asunto guardaré en secreto que el tal foro es algo así como un sitio entrañable de reunión de amigos, que el volumen de participación fue proporcional al número de colegas que en el sitio se dan cita habitualmente, y que el empate ganador se produjo gracias a la contabilización de los votos que un compañero emitió fuera de plazo :-D. Con todo, ya se sabe que la ilusión es la ilusión y, al contrario de lo que se dice sobre los caramelos y los niños (teoría aún por comprobar empíricamente o ser demostrada científicamente), hay veces que es muy difícil de arrebatar O:-).

Para quienes quieran conocer los detalles técnicos, la imagen fue tomada hace casi tres años, en el Deutsches Museum de Múnich (Alemania), y se trata de una perfecta oblea de silicio, aunque por desgracia he olvidado el tipo de procesadores que había grabados en ella...

08 abril 2007

La carcajada de la semana

Si hubiera leído esta noticia hace exactamente una semana, me habría reído, habría enviado unos cuantos correos electrónicos con el enlace, y habría continuado con mi vida. Pero hoy no es April's fool, y ese motivo me lleva a traer aquí el contenido de un inquietante reportaje que el periódico El Mundo ha tenido a bien sacar a la luz el domingo que los cristianos celebran la resurrección de su mesías. ¿Oportunismo? ¿Coincidencia? Quién sabe.

No me malinterpreten, después de haberla leído me he reído (bueno, en realidad durante la lectura también, debo reconocerlo), pero en lugar de enviar unos cuantos correos electrónicos prefiero traer aquí el contenido de esta impactante revelación (y las agudas reflexiones que la acompañan). Siendo hoy un día de júbilo, no puedo refrenar la alegría y generosidad que me invade y guardar este descubrimiento sólo para mí. No me lo perdonaría. De hecho, normalmente citaría sólo lo más destacado, pero me resisto a mutilar esta obra de arte del humor politiquesco. Eso sí, perdónenme la osadía y atrevimiento de añadir unas cuantas notas que podrán leer después. ¡Regocijaos, hermanos!

El pasado 31 de marzo, a la sazón Viernes de Pasión[1], el presidente del Gobierno dirigió, como de costumbre, la reunión del Consejo de Ministros y, tras almorzar ligeramente, ingresó en un centro médico especializado en problemas de la visión donde fue sometido a una operación quirúrgica para eliminar su miopía. Fue una breve intervención mediante la técnica de refracción con rayo láser sin más anestesia que la local en forma de gotas. El oftalmólogo le ofreció además un Lexatin para que permaneciera relajado, pero el presidente lo rechazó, bromeando sobre el temple y talante de los leoneses. La operación fue un éxito y tras unos días de relativo reposo al pairo de la Semana Santa y sin ninguna comparecencia pública hasta la de ayer en Huelva, el paciente se encuentra en condiciones de hacer vida normal y -lo que es más importante para todos- de enfocar por fin correctamente las cosas[2].

Era el secreto mejor guardado de Zapatero. El presidente era miope. No un miope agudo tipo Rompetechos -tenía sólo tres dioptrías en cada ojo[3]-, pero sí lo suficiente miope como para ver muy poco de lejos. Fuera de su círculo familiar nadie lo sabía ya que no utilizaba gafas sino lentillas. Perfecto para su fotogenia y coquetería[4], poco práctico para una vida tan intensa como la suya. Curiosamente, otra persona de su familia tenía el mismo problema -un ingrediente más para la tesis del mimetismo entre quienes viven juntos[5]- y, como decenas de miles de españoles, optó por operarse. Desde ese momento para Zapatero ya sólo era cuestión de aguardar la ocasión propicia de un viernes por la tarde en vísperas de vacaciones.

Lo que el actual presidente no sabe es que, exactamente siete años antes, el 31 de marzo de 2000, también viernes con Consejo de Ministros, su antecesor en el cargo hizo prácticamente la misma jugada, no a cuenta de la córnea, sino del menisco. Con la doble alevosía de que Aznar desató primero todo tipo de especulaciones al adelantar la hora de la reunión del gabinete -recién obtenida su mayoría absoluta aquello permitía barruntar una larga sesión de estrategia- y dejó pasmados después a los vicepresidentes en funciones Cascos y Rato cuando se enteraron por el portavoz Pedro Antonio Martín de que el presidente le acababa de telefonear desde el quirófano del doctor Guillén en la clínica Cemtro. Fue el momento en que, tras confesar que no sabía ni que le doliera nada ni que tuviera que ir al médico y expresar su sorpresa de que no le hubiera avisado, Rato exclamó premonitoriamente: "¡Qué rarito se está volviendo este tío!".

Al margen de que esta vez Zapatero sí que había advertido con antelación a sus más estrechos colaboradores, la gran diferencia entre ambos casos estriba en la dispar percepción del hombre de la calle sobre las implicaciones políticas que tiene la cura de una y otra dolencia. Pues mientras en aquellas semanas de euforia desatada por la ruptura de todos los techos electorales de la derecha, nadie dudaba de que Aznar pisaba con buen pie, andaba por el camino correcto con una perfecta apoyatura y era capaz de chutar a gol como nadie, hoy por hoy el descubrimiento de que Zapatero sólo veía bien de cerca va a servir para explicar gran parte de lo ocurrido en España en los últimos tres años y la noticia de la corrección de este defecto sin duda alentará notables expectativas entre sus admiradores, Ségolène Royal incluida[6].

De entrada hay que decir que ahora todo cuadra. Según un reciente estudio publicado en la Revista de la Academia de Medicina de Colombia[7] existe una serie de "alteraciones" asociadas a la miopía que incluyen el "autismo infantil", las "alergias" y la "dominancia izquierda". He ahí la clave de por qué tantas veces hemos tenido la sensación de que Zapatero vivía aislado de la realidad en su mundo imaginario, sentía todo tipo de picores y sarpullidos ante la mera hipótesis de llegar a grandes acuerdos con la derecha y no desaprovechaba la oportunidad de declararse "rojo" y de obrar en consecuencia, aunque fuera a su manera[8].

Noticia original.

  1. Quienquiera que haya escrito esto, todavía conserva el calendario del año pasado sobre su escritorio. El 31 de marzo de 2007 ha sido sábado; fue viernes el 31 de marzo de 2006.
  2. Primer olé al chascarrillo.
  3. Quienquiera que haya escrito esto, no sabe mucho de afecciones visuales. Madre, yo tengo una dioptría y pico de miopía en cada ojo y llevo las gafas prácticamente todo el tiempo... quién me iba a decir a mí que desearía tener el doble y ver tan bien como debe hacerlo el presi a tenor de esta crónica.
  4. Segundo olé al chascarrillo.
  5. Me debato entre el tercer olé al chascarrillo y la forma de introducir un vulgar dicho popular (Todo se pega, menos la hermosura) en un trabajo periodístico riguroso y serio como el presente. ¡Temed, amigos y familiares! ¡Tengo miopía y puedo contagiárosla en cualquier momento!
  6. Si hubiera un Óscar a los chascarrillos, se lo llevaría este párrafo sin duda alguna.
  7. Ojo, no tengo nada en contra de Colombia ni sus honrados habitantes pero no puedo evitar imaginarme al becario de turno tecleando en Gugles "alteraciones de la miopía". Cuánto estrago ha hecho la Sociedad de la Información...
  8. Por supuesto, una declamación así no podía terminar sino con el chascarrillo habitualmente conocido como chascarrillo cúlmen (materialícenlo en sus mentes como el sonido de un platillo).

07 abril 2007

Viernes Santo en Lugo

Catedral de Lugo

Ayer, para aprovechar un poco estos días libres que todos tenemos (algo que no siempre ocurre en un grupo de amigos con diferentes profesiones), hicimos una pequeña escapadita a la capital lucense.

Además de una bonita, relajada y divertida excursión, fue la esperada prueba de fuego para el GPS de calvaris, un Tom-Tom recién instalado en su flamante nuevo Nokia N70. No es que viajar a Lugo sea como internarse en el Amazonas, pero bueno, el cacharro demostró su utilidad, para satisfacción de su dueño :-).

Una visita al punto de información turística y, armados de plano y folleto, recorrimos los puntos más importantes: el ayuntamiento, la plaza mayor, la catedral, la imprescindible zona de tapeo, el inevitable paseo sobre las murallas, diferentes iglesias y monumentos, y finalmente las termas y el balneario. Como además disfrutamos de un tiempo inmejorable, fue el perfecto destino. Como siempre, las instantáneas más destacadas del paseo las he colgado de mi página Flickr.

05 abril 2007

Shouri

Es ésta una de esas semanas estupendas en las que el miércoles es viernes y el próximo lunes será domingo. Para celebrarlo, ayer al mediodía calvaris y yo decidimos probar por fin el restaurante japonés coruñés Shouri (anteriormente conocido como Ichiban), situado en el segundo piso del El Puerto.

A pesar de que ya lleva abierto más de un año y medio, por una u otra razón la ocasión de visitarlo nos había esquivado en repetidas ocasiones, de manera que prácticamente éramos los únicos de nuestro círculo de amistades que no habían pasado por allí. Eso hacía, por supuesto, que ya hubiésemos recibido todo tipo de comentarios a respecto del lugar, algunas más favorables que otras ;-), pero en general poco entusiastas. Reconoceré sin pudor alguno que hicimos voluntariamente oídos sordos a las críticas desfavorables, conscientes de que la pasión por la comida japonesa no es algo que comparta todo el mundo, y negándonos a aceptar que la afición que ganamos durante nuestra estancia en EE.UU. fuese a tener que perderse en el olvido o reducirse a contadísimas escapadas a urbes como Madrid o Barcelona.

De todos es sabido que, en estas latitudes, los restaurantes nipones no son especialmente baratos, pero he de decir que los precios del Shouri me parecieron excesivos. Está claro que, debido a que no son tan tremendamente populares como puedan serlo en USA, no esperaba nada especialmente barato, pero tampoco que el tipo de platos que no faltan en ninguna carta japonesa fuesen sensiblemente más caros que en un reconocido local de la ciudad condal. En cualquier caso, ya íbamos prevenidos al respecto, razón por la que elegimos la hora del mediodía y poder así degustar el variado y más económico (~12€) menú del día.

No nos defraudó. Como entrantes, una típica tabla con un variado de sushi (niguiri, maki y sashimi), seguidos del resto de la comida, simpáticamente presentada en una cajita de madera compartimentada, incluyendo yakisoba, tempura y pollo yakitori. Aunque muy rico, se echan de menos más variedades de sushi, los fideos en sopa o el complemento de las algas. Pero no hay que olvidar que hablamos de un menú del día, y aún así hay que destacar las elecciones para postre: un exquisito flan de sésamo o el imprescindible helado de té verde. No diré que en tres meses me haya hecho una experta en comida japonesa ni mucho menos. Lo que sí sé es que las texturas, las sensaciones, los sabores atípicos, me encantan. Y aunque probablemente no sea un referente en su categoría, lo cierto es que es más que suficiente para tener a ralla el pequeño saltamontes ávido de sushi que se instala dentro de ti si caes en las redes de la gastronomía del sol naciente. Por los nuestros, volveremos.