30 junio 2007

Ética atea

Me perdonarán que ahonde en uno de los temas que componen el trasfondo de la última entrada de esta bitácora, pero creo que se trata de un elemento importante y de interesante reflexión: la ética al margen de la religión.

Isaac Asimov dijo una vez, en una entrevista publicada en 1982, que creer en un dios no nos hace automáticamente buenas personas. Tampoco lo hace el no creer. Sin embargo, aquellos que no apoyan las motivaciones de sus acciones sobre la base de una existencia divina vigilante y juez, sí se convierten automáticamente en personas sobre quienes pesa una mayor responsabilidad. Responsabilidad no sólo de escoger el camino a cada paso, sino de cargar con las consecuencias sin posibilidad alguna de perdón, redención o enmienda.

Contrariamente a los que muchos estamentos de la fe católica se dedican a pregonar en los últimos tiempos, acerca de la intrínseca relación entre la moral, la ética y las creencias, pensadores y humanistas se muestran de acuerdo en que una ética basada tanto en el miedo al castigo como en la promesa de la recompensa no son éticas propiamente dichas. La ética es algo inherente a la persona. Por tanto, cada individuo ha de construirse su propia ética, ha de forjarse sus propios principios morales (o ausencia de los mismos). Y como para casi todo en la vida, hay un camino fácil y uno menos fácil para ello. Coger prestados nuestros principios morales, o que nos los dicten desde una institución del tipo que sea, es mucho más sencillo que detenerse en realizar complicados ejercicios de introspección y autocrítica, reflexionar sobre lo bueno, lo malo, lo correcto, lo incorrecto, lo justo, lo injusto... y revisar esos cimientos autoconstruidos con cierta regularidad, a fin de comprobar su solidez.

Por todo ello, acompañar la palabra ética de cualquier adjetivo que conlleve alguna otra connotación de tipo ideológico y generalizar el concepto artificialmente creado como fenómeno de masas es una contradicción en sí misma. No obstante, sí que podemos hablar de dos grandes grupos de personas: los oportunistas éticos, que se limitan a aceptar como propios dogmas externos con vocación uniformadora y anulista, frente a aquéllos que entienden que la moral es una parcela de su propio yo que deben construir con la finalidad de alcanzar la mejor convivencia posible con todos los otros yos que les rodean.

Todos los que hayan estudiado filosofía en el instituto sabrán que ni Asimov ni, por supuesto, yo, estamos descubriendo la piedra filosofal. Probablemente tampoco lo hizo Kant en su momento, pero sus trabajos lo convirtieron en el referente más reciente en cuanto a formalización de este tipo de reflexiones que podríamos describir como racionalización de la moral o la ética.

Personalmente, creo que probablemente el descubrimiento de mi propia capacidad de raciocinio fue la que dio al traste con largos años de educación católica. Y es que inculcar unas firmes pautas de comportamiento y conducción sobre premisas tan frágiles como la confianza ciega en lo intangible, resulta una postura muy difícil de mantener cuando una se da cuenta de que hay motivos más "terrenales" para mantener las mismas pautas. Así, cuando cumplo con lo que en mi fuero interno califico como "mi deber", en cualquier ámbito de mi vida, no necesito una presencia divina que me dé palmaditas en la espalda o la sensación de alivio de haberme librado de un castigo cataclísmico. Es la firme convicción de que los principios por los que me muevo podrían ser aplicados como ley universal y conducir a una sociedad armónica y feliz toda la recompensa que necesito.

Pero claro, esta sencilla racionalización es la que temen aquellos que viven de la dependencia moral de los demás. Pues si todo el mundo piensa por sí mismo, ¿quién necesitará a nadie para iluminar su camino? Si portamos nuestras propias velas para guiarnos, ¿a quién venderán sus cirios salvadores? Como siempre, las posiciones de poder alcanzadas en ausencia de méritos propios van de la mano con el inmovilismo, el rechazo al cambio y la incapacidad de evolucionar. El monopolio de las religiones sobre la ética personal es una entelequia que amenaza con quedar a la luz ante el gran público gracias a iniciativas como la educación para la ciudadanía.

23 junio 2007

Educación para la ciudadanía

Los lectores bien informados (y con eso no me refiero a quienes visitan asiduamente este lugar, ni mucho menos, sino a aquéllos que siguen la actualidad a través de medios más reputados) habrán asistido recientemente a la última campanada del catolicismo en nuestro país. Me refiero, por supuesto, a la defensa y promulgación que han decidido hacer de lo que han venido en llamar objeción de conciencia a la nueva asignatura "Educación para la ciudadanía y los derechos humanos", que se implantará gradualmente en todos los cursos de enseñanza primaria, secundaria y bachillerato a partir del curso 2007/2008.

La situación me resulta francamente graciosa. La "medida" en sí no pasa de ser un esperpento sin sentido. Si tuviera el más mínimo, sería igualmente aplicable a cualquiera de las demás asignaturas que conforman el currículo de cualquiera de las etapas de la educación obligatoria. ¿Se imaginan? Poetas y poetisas abogarían sin pudor por la objeción de sus hijos a materias tan poco elevadas para el espíritu como la química orgánica o la mecánica física. Sin otra aspiración que la de convertir a sus retoños en creadores de belleza prosaica, que siguiesen sus pasos y realizasen los sueños que ellos mismos jamás pudieron alcanzar, ¿de qué les iban a servir las mundanas derivadas y las inútiles integrales, sino para entorpecer la elevación precoz de sus prometedoras cabecitas? ¿Y qué sería de los vástagos de ingenieros y arquitectos? Ansiosos por enorgullecer a sus progenitores, objetarían a las literaturas y la filosofía, alegando que ningún endecasílabo ha erigido nunca un puente o diseñado un circuito electrónico.

El segundo nivel de ridiculez lo encarna el completo desconocimiento sobre el tema que nos ocupa. Esos padres y madres que de repente tan preocupados se muestran por la educación de sus hijos (irónicamente, muchos serán los mismos que hasta ahora se habían descargado de tan engorrosa tarea, delegando toda responsabilidad al respecto en los profesores), parecen desconocer que las líneas maestras de la asignatura de educación para la ciudadanía ya estaban presentes en las escuelas desde hace años, aunque de una manera más diluida y difusa. Las relaciones sociales, la vida en comunidad, los derechos y deberes, la ética y la igualdad formaban parte del corpus de enseñanzas transversales, esto es, enseñanzas que debían subyacer a los valores transmitidos en el resto de asignaturas como parte de sus ejemplos, enseñanzas intrínsecas y filosofía global. Sin embargo, nadie parecía molestarse entonces. Curioso.

Hay que señalar que ni el modelo transversal ni el modelo explícito son made in Spain. Diferentes países de nuestro entorno aplican uno y otro en sus distintos planes de estudios: Bélgica, Suecia, Italia o Alemania emplean la transversalidad como se hacía aquí hasta ahora, mientras que Francia o Inglaterra hace años que cuentan con asignaturas específicas. Y no parece haber criterios determinantes que puedan hacernos decantar preferentemente por uno u otro a tenor de los resultados. Sin embargo, son los propios resultados los que obligan a tomar medidas en nuestro caso.

Nos guste o no, la sociedad en la que vivimos no es un ente estático. Cambia con mucha más rapidez de lo que lo hace nuestra propia percepción del mundo que nos rodea, obligándonos a replantearnos nuestro papel individual en él, su composición, sus problemas, sus necesidades. Los movimientos migratorios transforman la composición étnica de nuestros barrios, mezclan nuestras culturas, diluyen la cada vez más artificiosa homogeneidad de las masas. Y dejan obsoletos ideas u opiniones que se tiñen de peligrosos prejuicios. Tendríamos que estar preparados para ello, pero la crónica de sucesos de cada día nos estampa en la cara el rotundo fracaso de la transversalidad de los valores de convivencia, respeto y tolerancia.

Así pues, pataleen lo que quieran sin haber reflexionado sobre lo que dicen, señoras y señores. Esperemos que sus hijos aprendan en esa asignatura que ustedes no quieren que cursen, que sus protestas son una muestra más de lo necesaria que es para todos que se implante. Porque, tal y como yo lo veo, su súbito recelo ultraprotector sólo refleja el miedo de que las nuevas generaciones no crezcan a su imagen y semejanza, poniendo en cruel evidencia las carencias y defectos propios, demasiado arraigados para ser ya enmendados.

17 junio 2007

Ceremonia del té

Seguro que se esperaban que mi siguiente post tratase del tema estrella de la última semana, esos 30 años que ha cumplido nuestra democracia en su edición actual. Sin embargo, poco más, bueno o malo, que no se haya dicho ya podría añadir yo. Y eso sin contar con el handicap de que, circunstancias de la vida, la íntegra totalidad de la existencia de la que suscribe (y más si nos circunscribimos a aquellos años a partir de los que el raciocionio y la auto-consciencia hacen acto de presencia) ha transcurrido a este lado de la línea que separó un larguísimo silencio impuesto del imperioso clamor del pueblo. Por supuesto, esto no quiere decir que no tenga mi opinión formada sobre esta etapa de la historia reciente, por mucho que algunos de quienes que se etiquetan a sí mismos como intelectuales tiendan a despreciar las impresiones de los que no hemos vivido la transición, como si ello nos incapacitase para conocer y reflexionar sobre el pasado. Curioso, sobre todo considerando que el mismo rasero no se aplica a todo hijo de vecino capaz de creerse, por contra, docto en las razones y sinrazones de los nacimientos y caídas de magnos y gloriosos imperios de la antigüedad más lejana y menos documentada. O como si el no haber vivido tiempos mucho peores invalidase nuestras críticas objetivas a los actuales y nos vetase el derecho, ya no a luchar, sino siquiera a soñar con otros más prósperos.

Así pues, como digo, puede que sorprenda, pero en su lugar hoy compartiré con ustedes la grata sensación de haber asistido, ayer tarde, a una demostración de una ceremonia del té japonesa. Tuvo lugar en el Museo de Arte Contemporáneo Unión Fenosa, que he de reconocer que no había visitado con anterioridad. En medio de un hipnótico y respetuoso silencio (sólo roto, como pasa siempre, por el móvil de algún individuo tan poco educado como lento en su reacción a la imperdonable ruptura del mágico ambiente), una entrañable mujer nipona preparó y sirvió auténtico té usucha (ligero) a dos invitados voluntarios. Las atentas miradas del público no se perdían ni uno de los calculados y coreográficos movimientos, que fluían de manera natural y armoniosa, acompañados por el sonido de la lluvia al golpear los cristales del edificio. Cumplido el protocolo de la ceremonia, la anfitriona se ofreció gentilmente a responder a todas las curiosidades que bullían en la mente de los presentes. No fueron pocas, y tocaron muchísimos aspectos de la cultura japonesa, de modo que resultó una muy enriquecedora actividad. Un pequeño oasis de paz y tranquilidad en medio de la vorágine de nuestras vidas cotidianas...

12 junio 2007

Héroes en la TVG

No, no es que haya llegado a mis oídos algún acto altruista y valeroso de los periodistas que trabajan para la cadena de televisión gallega. De lo que sí me he enterado es de que, a partir del 12 de junio, la TVG retransmitirá los capítulos de la primera temporada de esta serie de ciencia ficción que ha arrasado en EE.UU. y que ya ha cosechado un éxito similar en nuestro país después de su paso por la televisión de pago.

Continuando con los aires de lenta renovación que inspiran las novedades de la cadena pública con sede en San Marcos, desde el próximo jueves los telespectadores podrán seguir las aventuras de un grupo de personas cuyas existencias transcurren en diferentes lugares geográficos del planeta sin ningún vínculo aparente, hasta el momento en que sus vidas cambian por completo al descubrir que tienen poderes especiales.

No es la primera serie de éxito que la CRTVG adquiere. Hace meses, compró los derechos de Nip/Tuck (traducida como Quita e pon), que sin embargo pasó por las pantallas con más pena que gloria debido a un muy poco afortunado horario de emisión (claro que quizás sí acorde con el tipo de escenas no aptas para todos los estómagos que incorpora la trama, tejida alrededor de la vida de dos cirujanos plásticos poco convencionales). Esta vez, por el contrario, el estreno de Heroes se emite en prime time (a las 21:30), con lo que cabe augurarle al menos un mejor comienzo.

Actualización: Finalmente, la hora de emisión inicialmente anunciada parece haberse retrasado a las 21:49 (aunque le antecederán unos minutos de "presentación" de la serie desde las 21:40). Además, alguien ha decidido emborrachar a la audiencia el primer día porque se emitirán nada menos que tres capítulos, los tres primeros de la temporada: Genesis (Xénese), una hora más tarde (a las 22:49) Don't look back (Non mires atrás) y 50 minutos después (a las 23:39) One giant leap (Un gran salto).

Nueva actualización: En su segunda semana de emisión, parece que la TVG se modera y emitirá dos capítulos en lugar de tres, aunque la hora de emisión se retrasa hasta las 22:11. Héroes anónimos y cotidianos... ¡disfruten de esta interesante serie emitida sin cortes publicitarios!

10 junio 2007

La Tagliatella

Querido lector, ¿cree usted en las coincidencias? Si no es así, la historia que sigue puede resultarle sencillamente irrelevante; de lo contrario, disfrutará con una de esas anécdotas de las que se nutren o en las que se inspiran los rebuscados argumentos de las series televisivas que hacen del misterio y la casualidad extrema parte de su encanto.

Imagínese un grupo de amigos, dos de los cuales hacen un viaje a una ciudad a más de mil kilómetros de aquélla en la que viven. Nuestros dos viajeros disfrutan de momentos de asueto que dedican a visitar su destino, tanto en el ámbito cultural como gastronómico. Esto les lleva a descubrir un muy agradable restaurante, con personal de atento trato, cuidada decoración y deliciosas especialidades de cocina italiana. Lo que más les llama la atención es la gran variedad de la carta, de la que los comensales pueden elegir no sólo el tipo de pasta sino también el tipo de salsa deseada, generándose así un muy elevado número de posibles combinaciones a degustar.

Entretanto, en la ciudad de la que partieron, los otros amigos salen a cenar como cada fin de semana. Han oído hablar de un nuevo local, que deciden espontáneamente probar esa noche. Para su deleite, el lugar resulta de lo más grato, el servicio es afable, esmerada la ambientación y exquisitas las delicatessen de inspiración romana. Les cautivan, sin dudarlo, las finísimas pero sabrosas pizzas de la casa.

Semanas más tarde, ya reunidos de nuevo, la pandilla charla animadamente ante humeantes tazas de aromático té. Compartiendo sus últimas experiencias, hablan de los locales que unos y otros tuvieron la oportunidad de disfrutar. Es curioso que ambos afirmen que las pizzas que pidieron eran las más finas que habían visto nunca. También es curioso que ambos coincidan en lo original de las respectivas cartas de pasta. Y no deja de ser curioso que a todos les llamase la atención la detallista decoración. Sin ser menos curioso que unos y otros registrasen tan alto nivel de satisfacción.

Todo podría haberse quedado ahí, pero el destino iba a dar una vuelta más y permitirles constatar que las casualidades, raras y juguetonas, existen. Está claro que no iban a viajar mil kilómetros para volver al primero de los locales, pero el segundo estaba a la vuelta de la esquina. De hecho, ambos estaban a la vuelta de la esquina, pues no eran dos sino uno. Bueno, muchos en uno. Toda una cadena de restaurantes de cocina italiana nacidos a la orilla del Mediterráneo y que ya llegan hasta el Atlántico: La Tagliatella. Y es que el mundo no es un pañuelo... es una fina servilleta de lino.

01 junio 2007

Mi exposssiiiición

Lo siento, no he podido evitarlo. Para quienes, como la que suscribe, seáis aficionados a los mundos tolkinianos y, en particular, del universo de El Señor de los Anillos, tal vez os interese saber que desde el próximo 23 de junio hasta el 16 de septiembre se expondrá en la sede de la Fundación Caixa Galicia en A Coruña todo un conjunto de elementos sacados de la trilogía cinematográfica que llevó a la gran pantalla esta magnífica novela. Es la única escala de esta quintaesencia de fenómenos de masas en nuestro país, aunque compartirá protagonismo con una sala complementaria en Compostela.

En fin, amigos... ¡es la exposición que ningún hombre, enano, elfo o hobbit debería perderse!