29 julio 2007

Refrescos de verano

A punto de terminar el mes de julio, trayendo lo que para algunos será el principio de las vacaciones y para otros, tristemente, el final, se me ocurre brindar algunas opiniones sobre uno de los hábitos que el tiempo libre nos permite mimar un poco más durante los meses estivales: la lectura.

Quienes me conocen ya saben que en los últimos tiempos me ocupo en la tarea de saldar una de las cuentas pendientes que tenía conmigo misma y con la literatura más reciente. Hacía tiempo que quería hincarle el diente a varias de las novelas de José Saramago, escritor portugués que tan famoso se hizo en nuestro país gracias a un desafortunado lapsus que cierto personaje político tuvo con respecto a su condición de excelente pintora.

En concreto, por mi mesilla de noche han pasado ya: Ensayo sobre la ceguera, una impactante ficción sobre los acontecimientos que podrían sobrevenir si de la noche a la mañana se extendiese una incontrolable epidemia de ceguera; Las intermitencias de la muerte, que, en la misma línea del anterior, juega con esa inevitabilidad final que siempre ha torturado al ser humano; y El hombre duplicado, historia de un simple profesor de instituto cuya vida se trastoca hasta límites insospechados al descubrir que en su misma ciudad reside una copia exacta de sí mismo.

Lo primero que hay que reconocer con respecto a Saramago es que leer cualquiera de sus trabajos supone un ejercicio de esfuerzo intelectual que no resiste comparación con nada en lo que yo hubiese puesto mis manos con anterioridad. La completa libertad que se aplica a la hora de estructurar capítulos, párrafos, diálogos, escapa a tantas de esas reglas comúnmente aceptadas en la expresión escrita que es casi como aprender a leer de nuevo. Diálogos que se cuelan inesperadamente en medio de descripciones, completa carencia de guiones o comillas para ayudar al lector a localizarse, mezcla de pensamientos y reflexiones con descripciones y narración... obligan al lector a reeducar por completo su mente.

Si el esfuerzo merece o no la pena es algo que sólo cada uno puede juzgar. Personalmente, diré que, tras el período de adaptación inicial, algunas propuestas me han gustado más que otras. La primera, Ensayo sobre la ceguera, me impactó. Probablemente por las dosis iguales de crueldad y sencillez con la que se describe el traspaso de todos los límites sociales que rigen, sin a veces darnos cuenta, nuestras vidas cotidianas, cuando su humanidad se pierde para siempre, barrida del escenario por el instinto más básico de todos: el miedo. Las intermitencias de la muerte me decepcionó un poco. Me esperaba algo en la misma línea que el anterior, y así fue durante más o menos la mitad del libro. Sin embargo, traspasado el ecuador del relato éste se torna en otro completamente distinto al entrar en juego el personaje cuya ausencia desencadena la propia historia, y se convierte en una narración muy diferente. Terminar El hombre duplicado me llevó mucho más tiempo del que había previsto, quizás por su extrema lentitud. Sin embargo, llegado un determinado momento, el relato se vuelve tan intrigante que obliga a apurar la lectura hasta el final, atrapando como sólo los grandes escritores saben hacerlo, dejando esa insustituible sensación de satisfacción al volver la última página.

Mi siguiente elección (y probablemente la última, al menos por el momento) iba a ser Ensayo sobre la lucidez, la obra que granjeó al autor luso el Nobel de Literatura y la fama internacional, pero un pequeño trenecito de siete vagones procedentes del mismísimo corazón de la vieja Inglaterra se ha cruzado en el camino del desafío a las bases de la democracia. Así que mientras esperaba que me llegase la reserva del anterior, no he podido evitarlo y me he embarcado en la lectura de Harry Potter and the Philosopher's Stone, mucho más liviana y llevadera (tanto que en dos días he despachado la mitad de libro). Muchas páginas me quedan por delante antes de llegar al recién estrenado Harry Potter and the Deathly Hallows que pone fin a la saga, pero si alguien quiere que le adelante la controvertida última frase, no tiene más que pedirlo ;-P.

20 julio 2007

Donde dije digo...

... digo Diego. Y no es algo que me guste hacer, pero tampoco remoloneo en rectificar cuando la verdad obliga. ¿Recuerdan el post de hace unas semanas en el que me congratulaba de la emisión de la serie Heroes, en horario privilegiado, en la RTVG? Bien, pues retiro lo dicho. Absolutamente todo. Y es que una cosa es comenzar retrasando la serie veinte minutos por poner unos sketches de cámara oculta de esos que estamos acostumbrados a ver en los aviones. Otra cosa es seguir retrasando la serie hasta una hora por culpa de un programa de producción propia. Pero ya el colmo es postergarla a altas horas de la madrugada por sustituirla por una película de vaqueros. Tal vez Clint Eastwood no se merezca los improperios que los telespectadores deben haber soltado ayer cuando le vimos aparecer en pantalla, pero desde luego tampoco los primeros merecemos ser vapuleados de tal manera.

Y después de esta generosa ración de cal en el mensaje de hoy, les acercaré un poquito de arena veraniega. Porque si bien la telegaita no es la primera cadena de televisión en tratar a patadas una serie de masas (a ver, por doscientas cincuenta pesetas: nombres de series que han sido maltratadas por cadenas de televisión), la que, por contra, parece haberse erigido en pedestal de las mismas no es otra que Cuatro. Haciendo honor a su eslogan "Las series eligen Cuatro", la cadena privada se está convirtiendo en el asilo de la ciencia ficción abandonada, apaleada y arrojada a la basura por otros canales sin piedad ni sentido de la decencia. La última que ha recogido del pozo de olvido y maltrato al que Antena 3 la condenó es la genial Los 4400. Menos mal que para un roto siempre hay un descosido.

15 julio 2007

Fin de curso

Aunque pueda parecerlo, no se ha bajado la cortina de este blog, no se ha cerrado por vacaciones. Podría decirse que, simplemente, después de la trascendencia del último mensaje y el debate que se originó en la sección de comentarios, cualquier tema parecía un tanto frívolo para sucederle. Hasta que he pensado que realmente la vida en sí es algo relativamente frívolo en muchos aspectos, contiene un alto grado de autocomplacencia, con grandes dosis de indolencia en nuestros cafés de buena mañana.

Así que aquí estoy, desempolvando el lugar y dispuesta a barrer las telarañas a base de unas cuantas anécdotas culturales que han sembrado las últimas semanas. Por ejemplo, si a las obras de teatro se las calificase como a los establecimientos hoteleros, nadie podría negarle cinco carcajadas a la representación "Mi misterio del interior", a cargo de la compañía Ron Lalá. Un espectáculo de casi hora y media en el que pretender no pasárselo bien sería, además de absurdo, una misión imposible. Hasta el mayor de los escépticos se rendiría a la frescura y dinamismo de los gags, al humor ácido e irónico, a la ridiculización de las cuestiones sociales que cada día pueblan las páginas de los periódicos. Lo único que lamento es que sólo estuviesen dos días en A Coruña y que nosotros fuésemos a verles el segundo, pues de lo contrario todavía podría haberla recomendado a tiempo...

Otra cita destacable fue la que se dieron más de siete mil personas en el Coliseum el pasado martes, en el vigésimo cuarto concierto de la gira "Papitour" de Miguel Bosé. Todos los aspirantes a estrellitas del tres al cuarto que la maquinaria discográfica nos intenta vender año tras año deberían aprender algo de este artista. Capaz de embelesar a un público en el que se daban cita varias generaciones, todas igual de entregadas, con cada pose y cada gesto, deleitó durante más de dos horas con un repertorio que no dejó en el tintero ninguno de sus grandes éxitos, aunque es inevitable no echar en falta alguna de las inolvidables canciones que nos ha regalado durante sus treinta años de carrera. Con una sobria puesta en escena, únicamente acompañada de un impresionante sistema de generación de gráficos en el fondo del escenario, el cantante hizo en la ciudad herculina un alto en el camino que aún le llevará por más de una treintena de ciudades españolas. Si se lo perdieron, aún pueden verle de nuevo el 20 de agosto en Pontevedra, en un concierto que será, además, gratuito.