19 agosto 2007

LOTR: La exposición

Esta semana que ya acaba, aprovechando el festivo que tuvimos en medio y medio, nos decidimos por fin a visitar las dos sedes de la exposición sobre la trilogía de El Señor de los Anillos que termina su gira mundial en esta esquina del mundo. Me encantaría poder poner aquí alguna foto que os animase a visitarla, pero lamentablemente la prohibición de utilizar cámaras en los recintos (y la estrecha vigilancia al respecto) lo ha impedido. Con todo, no puedo dejar de redactar aquí un apunte en el que conste que, por un par de euros, merece la pena echar un vistazo a lo que queda después de una gran superproducción como ESDLA.

Tengo que decir que, después de haber visto las dos, creo que están un poco desbalanceadas. Personalmente, me pareció que la de A Coruña concentra no sólo más cosas, sino más interesantes y variadas. En Santiago abundan los trajes, armaduras y equipaciones, que se complementan con dibujos y bocetos de paisajes y emplazamientos. Se echan de menos maquetas como la del troll de las cavernas, la de Bárbol o el hiperrealista Boromir que pueden verse en Coruña, o elementos interactivos como el stand donde dos amigos pueden verse en perspectiva de suerte que uno parezca dos veces del tamaño del otro. Cierto es que en Santiago está la sección correspondiente a Smeágol/Gollum, pero la verdad es que pierde al lado de la recreación de El Señor Oscuro y su Anillo, presentes en la capital herculina.

Ambas exposiciones están también sembradas de vídeos con diferentes aspectos del "cómo se hizo" de las tres películas, reportajes que sonarán familiares a quienes sean afortunados poseedores de las versiones del coleccionista de los DVDs de la saga, pues son ni más ni menos que extractos de las horas y horas de material extra que éstos incluyen.

En cualquier caso, recordad tenéis hasta el 16 de septiembre para daros una vuelta por ellas :-).

12 agosto 2007

Dilema moral: ¿cuán ético eres? (8a entrega)

Hace algunas semanas publiqué un post que suscitó cierto movimiento en el área de comentarios, de suerte que sus coletazos incluso crecieron hasta el tamaño de nuevos mensajes en sitios amigos.

No pretendo reabrir aquí el debate sobre la existencia o incluso la posibilidad de construcción de una ética universal. Sin embargo, sí quiero rescatar uno de los puntos centrales a los que suele conducir esa discusión, que es invariablemente el derecho a la vida como epicentro de lo moralmente aceptable.

Y lo hago a raíz de un artículo con el que me topé esta semana, que me ha parecido suficientemente interesante y revelador como para reproducir sus fragmentos más interesantes a continuación:

La neurobiología y la formación del ser humano

En las amplias discusiones generadas a propósito de la ley que despenaliza el aborto (...) un punto central (...) es el tiempo en el cual el embrión alcanza un desarrollo suficiente como para considerarlo persona. En este aspecto, (...) las observaciones científicas y los argumentos racionales deben prevalecer sobre las creencias religiosas que (...) consideran que la persona existe desde el momento mismo de la fecundación del óvulo por el espermatozoide y que por tanto la interrupción voluntaria del embarazo a partir de ese momento es un asesinato.

El avance en el conocimiento sobre el genoma, la fertilización, el desarrollo del embrión y la fisiología del embarazo, ha generado información muy relevante para establecer, desde el punto de vista científico, la etapa del desarrollo embrionario en que se puede considerar que el feto ha adquirido las características de ser humano. (...).

Mientras están vivas, todas las células del organismo humano tienen vida, (...) e incluso pueden vivir fuera del organismo del que forman parte. Si no fuera así, no podría haber trasplantes de órganos, (...) ni reproducción sexual, ni fertilización in vitro, ni inseminación artificial (...). Además, todas las células poseen el genoma humano completo, ya que (...) las células adultas de tejidos ya especializados para realizar su función particular pueden desdiferenciarse para dar origen a un organismo completo mediante la clonación reproductiva. Así, es evidente que estar vivas y poseer el genoma humano completo no hace que las células tengan vida humana y puedan considerarse como personas (...).

(...) Desde el punto de vista científico, el ser humano, la persona, es el resultado del desarrollo del organismo cuando éste alcanza la etapa de autonomía fisiológica —la viabilidad fuera del útero materno (...)— y cuando su sistema nervioso ha adquirido la estructura y la funcionalidad necesarias para percibir estímulos sensoriales, experimentar dolor y adquirir conciencia y autonomía. El sistema nervioso central, y más específicamente la corteza cerebral (...) constituye el sustrato biológico que determina estas propiedades.

Antes del día 14 después de la fecundación, el embrión aún puede dividirse para dar lugar a gemelos idénticos, por lo que antes de este período es imposible hablar de individualidad. La aparición entonces del surco primitivo (...) determina el momento a partir del cual ya no se puede dividir el embrión para producir gemelos idénticos, pero en ese momento no existe todavía el tubo neural que dará origen al sistema nervioso. Los primeros receptores cutáneos se empiezan a formar entre las semanas 8 y 10 de la gestación, y desde la octava semana pueden producirse reflejos espinales. Sin embargo, las neuronas sensoriales que responden a los estímulos dañinos o dolorosos no aparecen sino hasta la semana 19. Además, esto no es suficiente para la percepción consciente del dolor, ya que las vías nerviosas y las conexiones funcionales entre las neuronas de la médula espinal y los grupos neuronales del interior del cerebro, y entre éstos y la corteza cerebral, no pueden formarse todavía porque no hay aún corteza cerebral. La corteza se desarrolla en las semanas 23-27 de la gestación, su capacidad de respuesta eléctrica a estímulos sensoriales se alcanza en la semana 29, y no hay actividad eléctrica registrada por el electroencefalograma sino hasta la semana 30.

Todos estos estudios han establecido sin lugar a dudas que el feto humano es incapaz de tener sensaciones conscientes antes de las semanas 24-25 del embarazo. Es claro entonces que, si antes de este tiempo de la gestación el feto no puede tener percepciones y por tanto es insensible al dolor, y es también absolutamente incapaz de sufrir o gozar y de tener conciencia, porque todavía no ha adquirido las estructuras, las conexiones y las funciones nerviosas necesarias, biológicamente no puede ser considerado un ser humano aunque sus células tengan el genoma humano completo. (...)

Escrito por Ricardo Tapia en La Crónica de hoy

Está claro que el camino que a recorrer desde el estado embrionario de un feto hasta convertirse en ser humano es largo y complejo, que establecer límites absolutos es siempre arriesgado cuando se habla de biología. No obstante, se crea la sensación de que no se aplican los mismos patrones cuando se habla de posibles futuras vidas. Por ejemplo: cuando una persona sufre un accidente que la deja postrada en una cama, con un electroencefalograma plano, todos somos conscientes de que esa persona ya no es tal. Sin embargo, aún a sabiendas de que la situación neurológica de un feto es la misma que la de una persona que mantiene sus funciones vitales enchufada a una máquina mientras no rebasa el límite de las 24 semanas, en este caso las actitudes y opiniones son generalmente mucho más difusas. El corazón claramente puede a la cabeza en estos casos.

Así pues, más que plantear un dilema propiamente dicho, me gustaría en esta ocasión pulsar opiniones sobre el delicado límite entre la vida y la vida humana, o incluso sobre la relevancia o pertinencia de esta distinción.

Personalmente, creo que la ciencia nos aclara los límites dentro de los cuales las leyes sobre el aborto (y los supuestos que suelen manejar: la preservación de la vida de la madre -incluyendo tanto su salud física como mental-, la detección de defectos en el feto, la violación u otros motivos socioeconómicos) pueden moverse intentando balancear en la medida de lo posible los innegables derechos de la madre y la ética de lo moralmente correcto. Por supuesto, toda reflexión al respecto debe ser considerada en un contexto de plena información y acceso a los diferentes métodos anticonceptivos, para poder abordar una deliberación sin arrastrar causas, motivos o problemas que tienen orígenes muy diferentes. Siendo así, soy de la opinión de que la potestad de decisión corresponde a la mujer por pleno derecho, y de que la legislación no debería en ningún caso ofender su ejercicio.

09 agosto 2007

Presencia virtual

Parece que agosto me ha despertado la vena reivindicativa. Quizá sea que el calor me vuelve quisquillosa o, simplemente, que tengo más tiempo libre para plasmar aquí esas pequeñas cosas que me tocan la moral. En cualquier caso, este tercer post del mes me va a servir hoy para compartir esa mezcla de sentimientos, entre la perplejidad, la decepción, el enfado y la resignación, que experimento cada vez que una empresa o compañía, del tamaño que sea, se dedique a lo que se dedique, incluye en su publicidad, tarjetas, panfletos y demás, una dirección web que a la hora de la verdad... no existe.

Puedo llegar a entender (aunque con trabajo, esfuerzo y mucha buena voluntad) que se publicite un sitio web que luego resulta estar "en construcción", que presenta únicamente el logotipo de la casa o similar. Podría interpretarse como una declaración de intenciones, una muestra de presencia que precede al ofrecimiento de algún tipo de funcionalidad o información útil, al menos. Pero... ¿a qué brillante publicista no se le ocurre reflexionar sobre el tremendo mal efecto que hoy en día produce anunciar una dirección URL que conduce a ninguna parte salvo un aséptico mensaje de "Página no encontrada"? O, de la misma manera, ¿qué asesor recomienda (o qué jefe le escucha) imprimir cientos de tarjetas de visita y folletos en los que figura una dirección de correo electrónico que parece redirigirse a /dev/null, que a lo único que contestaría sería al grito de "eco-eco"?

Comprendo perfectamente que para cierto perfil de empresa no estar en la Red es un lujo que no pueden permitirse. Pero ése es precisamente el problema: estar no es lo mismo que decir que se está. En mi opinión, si la presencia virtual lo es en todos los sentidos, pasa de ser una oportunidad a convertirse en un vergonzoso puntero a la incompetencia, la ignorancia, o ambas.

05 agosto 2007

¿Servicio público o esnobismo llevado al extremo?

Sol

Verano. Sol. Playa. Arena. Calor.

Olas

Mar. Olas. Brisa. Espuma. Agua.




Vivimos los días de más calor del verano. El sol nos empuja a aglomerarnos sobre la ardiente arena de la playa, con la refrescante promesa del agua del mar y la espuma de las olas levantadas por la brisa.

Nada anómalo en la descripción anterior. Añadamos ahora a la típica postal una ducha... de agua caliente. Sin caer en el argumento del uso de placas solares como escudo anticríticas, ¿soy la única a la que le parece algo más bien ridículo, antes que la última revolución en servicios a pie de paseo marítimo?

04 agosto 2007

Movispam

Algunas noticias recientes están desatando un inquieto run-run en el mundo de los blogs. El otro día leí un editorial en El País de tono algo cataclísmico y que sonaba con retintín como un altivo "Se veía venir" o un autocomplaciente "Os lo advertí". Tenía que ver con algunas condenas recientes contra los autores de diferentes posts que, según los jueces, rebasaban el terreno de la opinión personal para entrar en ámbitos tan delicados como el derecho al honor o a la intimidad. A ellas se ha sumado la montaña de indignación caduca que levantó la portada más famosa que El Jueves probablemente conseguirá jamás.

No voy a ponerme aquí a declamar sobre los derechos y deberes de quienes deciden expresarse libremente utilizando, en este caso, una bitácora online. Tampoco voy a utilizar la socorrida coletilla de la responsabilidad sobre los propios actos ni el respeto como adalid de la defensa del libre albedrío. Lo que sí diré es que, con todo lo mucho y malo que acarrea, creo firmemente que Internet es una de las cosas más importantes a anotar en la lista positiva de elementos que hemos incorporado a nuestras vidas cotidianas en el siglo XXI. Y es tremendamente injusto culpar al mensajero por el uso que su patrón decide darle.

Dicho esto, permítaseme por tanto ejercer mi derecho al pataleo esta semana denunciando las impunes campañas de spam que las compañías telefónicas llevan a cabo sin pudor alguno. Y utilizo la palabra spam, porque no se engañen, lo que hacen no es equivalente a la publicidad que se recibe en el buzón. Cuando llego a mi casa y veo folletos en el portal, puedo decidir cogerlos o no. Cuando la propaganda está junto con el resto de mi correo, procede siempre de compañías ante las que yo me he revelado como posible cliente o parte interesada por iniciativa propia. Cuando me paran por la calle para ofrecerme algo, se dirigen a mí como persona que elige estar allí y pasar a su lado en ese momento. Pero cuando una llamada, siempre de procedencia desconocida, siempre ocultando su identidad, hace sonar nuestro teléfono, se produce una molesta invasión de un terreno personal que voluntariamente decidimos no exponer. Ni siquiera puede compararse con los casi extintos vendedores puerta a puerta, a quienes, en último término, se puede juzgar utilizando la mirilla y optar por el socorrido mutis (aunque la televisión de fondo siga delatando nuestra presencia). Nos llama un número oculto y ya no la curiosidad, sino la preocupación nos hacen invariablemente descolgar el teléfono, para encontrarnos con la voz de un teleoperador que lo primero que hace es acosarnos a preguntas: "¿Con quién hablo? ¿Es usted la titular de esta línea? ¿Con qué compañía la tiene contratada?" ¡Basta! ¿Como que quién soy yo? ¿Quién demonios eres tú? ¿Con qué derecho me avasallas con ese discurso memorizado reproducido a toda velocidad, desafiando mi capacidad de pensar y reaccionar?

Estoy harta de este tipo de maniobras que invariablemente me toman por una consumidora desinformada a quien alguien está timando y que debería dejarse timar por quien amablemente me está llamando. La presuntuosa asunción de que necesito que me llamen para rescatarme de las garras de la competencia y trasladarme al paraíso de las ofertas y los regalos y los descuentos no implica sino una encubierta manera de llamarme ignorante, algo que no tengo por qué tolerar. Lo peor es que no puedo hacer nada por evitarlo. Estoy totalmente indefensa. Porque cada vez que recibo una llamada con número oculto, no sé si alguno de mis amigos me llama usando Skype, o si lo hace algún organismo público, o si es Movispam otra vez. Así que nada, tendré que seguir tragándome el cuento de que mi número de teléfono lo han sacado de "una base de datos en la que no consta ningún otro de sus datos personales, no se preocupe" y haciendo un máximo esfuerzo de educación para rechazar amablemente escuchar una perorata que no me interesa porque, perdóneme, pero no soy una consumidora que deja que una compañía la elija, soy yo quien elige lo que consumo y consumo lo que quiero, no lo que me dictan, consumo lo que necesito, no lo que me dices que necesito, muchas gracias.