07 octubre 2007

Teoría sobre la felicidad

Hace tiempo que tenía la intención de escribir sobre la felicidad. Como suele pasarme ante este tipo de entradas pseudofilosóficas de desbarre, algunas ideas no necesariamente conexas revolotean en mi cabeza. Cuando me dispongo a hilvanarlas, en ocasiones deambulo antes por la red en busca de recursos de los que poder echar mano a la hora de aclarar alguno de mis puntos de vista, de poner ejemplos, o simplemente de documentarme personalmente. En este proceso, invariablemente una descubre cosas simpáticas, graciosas o sorprendentes (que a veces no tenían nada que ver con el motivo original de la búsqueda). Pero hoy, me he quedado patidifusa al descubrir la siguiente definición de la Real Academia Española:

La felicidad según la RAE

¡Increíble! La primera definición de la RAE sobre algo tan intangible como la felicidad hacía referencia ni más ni menos que al más puro y duro materialismo :-O. Por suerte, el artículo está propuesto para ser enmendado:

La otra felicidad según la RAE

Reconciliada con la próxima versión del diccionario, traigo aquí mi propia opinión sobre una cuestión probablemente tan antigua como el ser humano. Estando de acuerdo con su definición general, simple y directa al mismo tiempo, parece irónico lo difícil que se vuelve a veces alcanzar el estado al que se hace referencia, por no mencionar las diferentes maneras o estrategias de cada persona para alcanzarla, y por supuesto orígenes y motivos para obtenerla.

Y sin embargo, parece que es precisamente cuando menos en disposición estamos de tomar la iniciativa para ir hacia ella, o reflexionar sobre lo que significa para nosotros, cuando más cerca estamos de tenerla al completo: en nuestra infancia, cuando una galleta, un trozo de papel y unas pinturas, un poco de atención... son suficientes. Mas crecemos y cuanto más tomamos conciencia y más nos afanamos por tenerla como fin, más nos alejamos...

¿Qué falla? ¿Es erróneo el camino elegido? ¿Es equivocada la ruta? ¿Son desviados los esfuerzos? ¿O se trata de la meta, que no está situada en el lugar adecuado? ¿Ponemos nuestras miras en dioses de barro? ¿Intentamos alcanzar lo inalcanzable, como Ícaro? Tal vez sea justo lo contrario, y son los árboles los que no nos dejan ver el bosque. ¿Magnificamos los obstáculos minimizando todo lo demás? ¿Nos concentramos en nuestras propias lágrimas sin elevar la vista a las estrellas? ¿Estamos ya allí pero no queremos verlo?

Puede que sea una mezcla de todo lo anterior, o que no tenga nada que ver. Personalmente, me gusta pensar que es posible ser feliz en el largo plazo. Que tras alejarnos meridianamente de nuestros sencillos y despreocupados años infantiles, llenando nuestras vidas de cosas que creemos imprescindibles pero verdaderamente no lo son, buscando objetivos que no nos llenan cuando al final los alcanzamos o que nos frustran por permanecer siempre fuera de nuestro alcance, es posible emprender el camino de vuelta. Que la felicidad no es algo puntual, o que tal vez lo sea, pero que la yuxtaposición de momentos puede llegar a proporcionarnos la ilusión de permanencia. Es, fundamentalmente, una cuestión de perspectiva.

No voy a dejarles aquí la receta del éxito. Como bien dice el título del post, esto son sólo mis teorías. Pero si usted, lector, cree que no es feliz, trate de identificar a cuáles de las preguntas anteriores responde afirmativamente. Después, es cuestión de darse cuenta de que no hay nada material que merezca la pena, que la primera defición de la RAE es tan corta como errónea. Y si no merecen la pena, es absurdo pensar que van a llenar permanentemente vacíos que están en otra dimensión diferente de lo físico. Relativizar el tremendismo ayuda a evitar categorizar situaciones y sucesos. Finalmente, hay que reconocer la naturaleza gregaria del ser humano, nuestra condición de animal social y la tremenda fuerza de las afinidades. Identificar aquéllo que es realmente significativo para nosotros y rodearnos de individuos con inquietudes, esperanzas y sueños afines, sin dejar por ello de respetar a los demás.

11 comentarios:

  1. No se como comentar los ingredientes que sugieres para ser feliz sin hacer aquí un streptees emocional, pero voy a intentarlo.

    En primer lugar, yo creo que sí que hay cosas materiales que nos hacen más felices. Puede que el extra de felicidad dure unos minutos, unas semanas o tal vez -raro- unos años, pero existe. Tu misma sugieres, y estoy de acuerdo, que es la yuxtaposición de momentos felices la que puede llegar a proporcionarnos la ilusión de una felicidad plena. Si crees eso, no veo porque despreciar la felicidad que nos proporcionan las cosas materiales. A cuento de esto, tal como lo veo, yo creo que la definición de la RAE mas que corta y errónea, es corta e incompleta.

    En segundo lugar, estoy de acuerdo en que relativizar el tremendismo es buena política de cara a mantener nuestros indicadores de felicidad es rangos saludables. Como tu misma dices es todo cuestión de perspectiva. Que de pronto comience a llover en un día que se planteaba soleado, o que la abuelísima Paca se muera de pura y dura ancianidad, son cuestiones que afectarán a nuestro estado de ánimo puntual, que hay que saber enfocar para no dejar que mermen nuestra felicidad. Ahora bien, hay veces que la vida nos empuja a un agujero del que no hay perspectivas ni relativismos que nos saquen, al menos sin pervertir a la propia realidad. Y personalmente, perder el contacto con la realidad para vivir de falsas esperanzas o en general para vivir en un mundo paralelo a este es algo que me asusta bastante.

    Y en tercer lugar, estoy relativamente de acuerdo con tu último ingrediente, ese de rodearse de individuos con inquietudes, esperanzas y sueños afines a los nuestros, pero hasta cierto punto. Creo que periódicamente hay que levantar la vista para evaluar hasta que punto el mundo que estamos creando a nuestro alrededor es una ficción. De nuevo la perdida de contacto con la realidad que decía antes.

    Mi conclusión es que ser feliz y al mismo tiempo tener una visión amplia y no demasiado distorsionada de la realidad circundante es harto complicado. Salvo para aquellos que puedan renunciar a la realidad en favor de su felicidad personal, para el resto, entre los que me incluyo, la vida no es más que un lucha sinsentido, una transición sin esperanza hacia la nada, un viaje a ninguna parte donde se tacha de cobardes a quienes tienen el valor de abandonarlo antes de la última parada.

    Como no, yo también tengo mis ideas de como alcanzar la felicidad. En los personal sé muy bien que cosas mejorarían mis indicadores de felicidad, pero desde un punto de vista más genérico propongo varias recetas:

    (1) La lobotomía o cualquier aternativa efectiva que nos vuelva permanente e irreversiblemente en memos lo suficientemente irracionales como para dejar de cuestionar nuestra existencia.

    (2) Saltar desde un avión sin paracaidas, volar, cotemplar el mundo desde el cielo, llorar de pura alegría y finalmente morir despedazado contra el suelo.

    (3) Aplicar a nuestras vidas la revelación que tuvo Buda bajo la higuera: dejar de desear todas las cosas bellas y agradables, dejar de estar sedientos de felicidad, de reconocimiento, de bienestar y de ternuna. Quien no desea nada dejará de estar triste para siempre. Así que bastará acabar con la sed para terminar también con el sufrimiento.

    ResponderEliminar
  2. Perdón por esta intromisión en una bitácora ajena, pero me veo impelido a poner en su sitio a un Parrulo que, últimamente, patina más que el embrague de mi primer coche.

    Personalmente, creo que es absurdo cuestionarse el sentido de la vida. Como biologista puro que soy, tengo la certeza de que estoy aquí por pura casualidad, por el encuentro fortuito entre cromosomas de distinto signo basados en el carbono. Por ello, pensar qué razón ha de guiar un destino que es puramente casual me parece de lo más estéril.

    Creo que uno de los grandes problemas de personas como nuestro querido Parrulo es su antropocentrismo. Tenemos la sensación de que el hombre es el alfa y omega de toda creación, cuando, en realidad, no somos más que unos monos evolucionados que, de ser abandonados en medio de una selva, duraríamos menos que un bocadillo en la puerta de un colegio.

    El problema humano se agudiza con nuestra tendencia a mirarnos el ombligo, a creer que porque podemos hablar y construir bloques de cemento somos superiores a una rana o a una comadreja. Es posible que los delfines nos den mil patadas en cuanto a inteligencia, pero como viven bajo el agua y carecen de dedos, poco pueden hacer para demostrarlo.

    En mi caso, partiendo del pesimismo más absoluto, intento construir un camino hacia mi felicidad personal. El mundo que me rodea me repugna completamente, así que he aprendido, egoístamente, a leer menos noticias, a ver menos televisión y disfrutar de las veladas en mi mujer, atiborrándonos de pizza y lambrusco mientras recordamos buenos momentos. En mi insignificancia, trato de evitar los conflictos con los circundantes -he tenido ya demasiados- y procuro alegrar a quienes me rodean con un chiste, una palabra amable o una palmada sobre la espalda.

    La felicidad consiste, en gran parte, en acostarse por las noches sintiéndose en paz con los propios principios. En pensar que llevo calcetines rojos porque me da la gana. En comprobar cómo me resbala completamente la opinión de los demás sobre mi última camiseta de color pollito. En intercambiar una broma con desconocidos como Parrulo.

    Hace bastante tiempo que me di cuenta de que en mis manos no está ni la solución a las guerras, ni al hambre mundial, ni a los problemas ecológicos. Aun tratando de no contribuir excesivamente a agravar estos problemas, sé que emplear mi tiempo en desquiciarme por lo que está pasando a siete mil kilómetros probablemente no ayude demasiado a quienes sufren. Siendo franco, tampoco estoy dispuesto a entregar mi vida por los demás, pensando, como pienso, que muchos de los que lo hacen tratan más de cuidarse a ellos mismos que a quienes asisten. En cualquier caso, bien por ellos. Sean cuales sean sus motivaciones, hacen una labor encomiable. Siento no ser tan noble.

    Personas como Parrulo parecen no comprender que es inútil buscar explicación a lo que no lo tiene. Tratan de excusarse en acciones ajenas para no enfrentarse a sus propios deseos, y, por qué no, para no verse obligados a realizarlos. Los demás no tienen más influencia en nosotros que la que les queramos dar.

    Y, por supuesto, la felicidad proporcionada por lo material es la más efímera que existe. Lo justo en que el aparatito electrónico en cuestión tarda en quedar obsoleto.

    A Parrulo, carpe diem. A Luara, gracias por el espacio.

    ResponderEliminar
  3. Apoyo, en cierta manera, la teoria de Jesús, pero con sus más y sus menos.

    Relego un poco de la visión más elegante de un sentimiento de felicidad permanente alcanzable o como un fin en si mismo.

    La felicidad es un estado del hombre qué es transitorio, o, más que transitorio, limitado, dura un poco, luego se es infeliz o sentimentalmente neutro, y luego feliz de nuevo, debido, sobre todo, a nuestra naturaleza animal. La felicidad la provoca un subidón de endorfinas. Cuando algo nos hace feliz es porque nuestros receptores se están recibiendo endorfinas pero, como todos los procesos de nuestro cuerpo llega un momento en que se saturan o se detienen, y nos devuelven a nuestro anterior estado.

    Hay muchas cosas que nos proporcionan la felicidad, como ya dijo Luara, el ser humano es gregario y eso hace que nuestro entorno y las personas que nos rodean sean una fuente de motivos de felicidad, pero el ser humano es egoista y avaricioso también, un niño no quiere un juguete hasta que lo tiene otro, cuando lo consigue es feliz durante un momento y luego, vuelta a la ansiedad de conseguir otras cosas que le hagan feliz, por lo que el mundo material, también puede hacernos feliz.

    Personalmente, como ya dije, pienso que no se puede ser feliz 24h 365 días, la felicidad necesariamente tiene que alternarse con momentos no felices para poder valorarla y disfrutarla (amen de por limitaciones biológicas).

    Y eso es todo por ahora, que no me quiero alargar, pero con estos debates que propones, resulta imposible.

    ResponderEliminar
  4. Excelente el post de Jandro, con el que no puedo estar más de acuerdo. Más que de "felicidad", la vida se compone de diferentes "felicidades" que se van intercalando con otras etapas plenamente infelices y malolientes. De todos modos, y, por simplificar, diríamos que uno es feliz cuando, haciendo una media aritmética entre los distintos momentos, la cosa tiende más al :) que al :(

    Perfecta tu definición endorfínica. Yo ya hace años que estoy contaminado por estas teorías. Es lo que comporta estar casado con una neuropsicóloga militante :)

    Saludos y perdón nuevamente por la intromisión. Toda la culpa es sólo de Parrulo XD

    ResponderEliminar
  5. Antes de nada, quiero dar la bienvenida a jesús en sus primeras declaraciones en este weblog, donde por supuesto es bien recibido y ninguna intervención es tomada nunca como una intrusión :-).

    Seguidamente, comenzaré por comentar, al hilo de las palabras de parrulo, que no se trata de que desprecie la felicidad que proporcionan las cosas materiales, creo que sería más exacta si dijese que opino que no proporcionan una felicidad "de calidad". Por ello, no creo que merezcan ocupar un lugar de relevancia en la lista de elementos útiles para alcanzar la felicidad, antes los colocaría en la caja de herramientas auxiliares para obtener "satisfacción", algo así como un premio de consolación cuando el tema de la felicidad se pone chungo de veras.

    En referencia a esto último y a tu certeza con respecto a los pozos negros que siembra la vida para que caigamos en ellos, creo que la existencia de éstos, en muchas ocasiones, no es nada más que una prueba de lo que significa dar valor a algo que realmente resultó no tenerlo. En otras situaciones, verdaderamente trágicas, no es así, en efecto. Ante éstas, está claro que cerrar los ojos no es una actitud racional, pero tampoco autoflagelarse o autocompadecerse lo es. En estos casos, además de perspectiva, yo trato de utilizar el componente de utilidad. Ojo, no negaré aquí haber derramado lágrimas inútiles, no seré yo la valiente que mienta de semejante manera. Sólo digo que, fríamente pensado, no puedo dejar de reconocer que eran inútiles, salvo si reconocemos como utilidad el hecho de que sólo cuando nos damos cuenta de su falta de ídem somos capaces de recuperar la compostura.

    En cuanto a la componente de afinidad, desde luego que no se trata de perder contacto con la realidad, a ello hacía referencia cuando decía que era necesario seguir respetando el resto de elementos que nos rodean :-). Además, el contexto es siempre necesario para seguir sabiendo dónde estamos, dónde nos situamos con respecto a la generalidad.

    Por último, creo que de tus tres opciones me quedo con la del amigo Buda... O:-)

    El de jesús me parece un punto de vista muy racional y práctico sobre todo este asunto, totalmente en consonancia con la línea del razonamiento de jandro. Exposición con la que mi predilección científica no puede dejar de estar más de acuerdo, sin que por ello vea contradicción necesaria con intentar dilucidar los elementos externos o mentales con los que poder influir sobre esos incontrolables niveles hormonales. Quién sabe, tal vez de semejante pasatiempo aprenda algo que legar a quienes vengan tras de mí...

    ResponderEliminar
  6. Muchas gracias a Luara por la hospitalidad :)

    Coincido contigo plenamente en que las cosas materiales suelen actuar como sustitutivo devaluado de la auténtica felicidad. En mis períodos de bajón -habituales, por otra parte- me lanzo a comprar compulsivamente todo tipo de objetos, objetos que, por cierto, no echo de menos cuando estoy de subidón :)

    Hace poco, al igual a tú, Luara, me planteaba escribir sobre la felicidad. Para ilustrarlo, nada mejor que una foto que mi mujer me hizo hace poco en una cafetería cercana. Muchas tardes, nos vamos a una granja -en Catalunya las llamamos así- donde, además de vender pan, sirven refrescos, horchatas, etc. Mi mujer se pide un horchatón XXL y yo una jarra de cerveza con limón del mismo tamaño. Adornamos el conjunto con una bolsa de patatas fritas, unas olivas rellenas y una conversación llena de risas y trivialidades. Al terminarlo todo, mi mujer me retrató. En ese momento, era inmensamente feliz. No necesitaba absolutamente nada más. Y todo por unos cinco euros. Una ganga :)

    ResponderEliminar
  7. Mmmm... no quiero hacer un debate aquí que ni me da la cabeciña ni tengo tanto tiempo para ello, pero al menos resaltar el par de ideas generales con las que estoy más en desacuerdo.

    1. (Jesús) Que estemos aquí por pura casualidad y que seamos unos monitos evolucionados no me parecen motivos para no poder cuestionar el sentido de la vida o para intentar razonar sobre este tipo de cuestiones. Tu lo verás muy claro, pero yo no veo por donde agarrarlo.

    2. (Jandro & Jesús) Me toca las pelotas mucho esta manía de alguna gente de encauzar estas discuciones hacia el origen químico del amor, la felicidad o lo que sea. Por mucho que sea así o deje de serlo, ¿qué mas da? En fin, es que recientemente he tenido una discusión sobre el amor que terminó atascada ahí y es cabreante xD

    3. (Jesús) "Personas como Parrulo parecen no comprender que es inútil buscar explicación a lo que no lo tiene". Y si lo anterior me toca las pelotas, este tipo de posturas no te imaginas. Vamos, que me estoy comiendo ya los nudillos xD

    4. (Laura) ¿Me lo parece a mi o una parte de tu respuesta está especialmente personalizada? No se, tal vez me esté volviendo algo loco. Y sí, el rollo budista pule, pero a mi que me expliquen como llegar a ese estado del alma xD

    ResponderEliminar
  8. Bueno, si yo fuera la profesora y esto una clase del colegio, le pondría a Jesús un diez por su redacción sobre la felicidad :-D. Sensación de sosiego y tranquilidad, seguridad de estar en el lugar adecuado, en el lugar adecuado, con la compañía adecuada, ausencia de anhelo por nada más, liberación total del resto de pensamientos. Simple y perfecto :-D.

    Al margen de eso, coincido al 100% con parrulo y su punto 2, como he dicho antes: la biología y química subyacentes no le quitan, desde mi punto de vista, interés ni utilidad personal a l ejercicio de reflexión sobre lo divino y lo humano. Una cosa es que sepamos cómo funcionan los engranajes del mecanismo y otra cosa cómo ponerlos en marcha... En cuanto a lo de la "personalización especial", a parte de las alusiones claras que he hecho a cada uno, no hay más trasfondo del que se lee claramente en mis palabras :-?.

    ResponderEliminar
  9. Lamento haberle tocado tanto las pelotas a Parrulo. De todos modos, la última pelota que toqué debió ser en clase de gimnasia de 3ª de BUP, allá por el Pleistoceno XD

    Evidentemente, que dependamos de la química no significa que debamos vivir como una ameba. No estoy en contra de quien busca dar sentido a SU vida. Lo que me parece una chorrada es, filosóficamente, buscar el sentido de LA vida en abstracto. Si yo quiero proporcionar significado a MI vida, buscaré valores, amigos, trabajo -ejem-, etc. Muchos grupos, sin embargo, se centran en calibrar la función de LA vida en abstracto, y entonces es cuando empezamos a preguntarnos si fue el huevo o la gallina, o si en el principio del tiempo la tierra era roja o azul, cuestiones todas ellas que me importan tres pimientos.

    Me he encontrado con muchas personas -no menciono a nadie en concreto- que, a base de filosofar sobre la posición del hombre en el Universo, lo que en realidad pretendían era huir de una realidad circundante que les oprimía. Resulta mucho más cómodo divagar delante de un café que echarle a la situación esas pelotas de que habla Parrulo y cambiar lo que no nos gusta.

    Mi filósofo favorito, he de decirlo, es Diógenes Laercio, desde que mi profesor me explicó que vivía en bolas en un tonel, y que defecaba en medio del ágora donde otros disertaban mayestáticamente. No me digáis que este tipo no era la caña :D

    ResponderEliminar
  10. Simplemente anotar que en El País Semanal de hoy (21 Oct 2007) hay un artículo dedicado a la felicidad que complementa muy bien con este post :P

    ResponderEliminar
  11. la felicidad es un estado de animo que se produce en la persona cuandocuando cree haber alcanzado una meta deseada.

    ResponderEliminar