23 octubre 2007

Fin de semana y despedidas

Nuestro último fin de semana en Santiago de Chile fue relajado y social. Preparándonos mentalmente para el jet-lag del regreso, pudimos disfrutar de comidas multitudinarias donde degustamos, una vez más, platos tradicionales como el choripán (bocadillo de chorizo a la brasa -a mí no me miren-), rodajas de patata asada cuyo nombre local no recuerdo :(, hallulla con pebre y palta, jugos de damasco, durazno, frutilla... y todo un sinfín de cosas con el nombre cambiado ^_^. Aprendimos que retar también significa "echar la bronca", que los novios pololean, que la palabra huevo puede llegar a ser adjetivo e incluso verbo (quizás por eso los "tipos" son gallos), que una guagua es un bebé (¡y no sólo un autobús!), que cuando algo te sienta mal te duele la guata, que hacer un once es merendar, que la polla es la lotería, y que la gente cuando entiende, cacha (¿cachái?)... Además, las tartas se llaman kuhen (con 'h' aspirada, del alemán kuchen) y los pasteles, panqueques (del inglés pancake); todos los centros comerciales son moles (del inglés mall) y cualquier palabra puede terminar en po. Pero lo más sorprendente resultó ser que una persona seca es alguien mañoso, bien dado a algo, mientras que un mañoso es una persona brusca (aunque, de todos, este último fenómeno es el único del que la RAE no se hace eco).

Así llegó el momento de las despedidas de los anfitriones y amigos chilenos, todos ellos compañeros de Eramus de calvaris, y en su mayoría con planes para cruzar el charco de manera permanente en cuanto puedan. Y es que los chilenos son unas gentes orgullosas de su país, pero la vieja Europa tiene otros encantos ;). Sea como sea, ¡esperamos verlos por aquí!

22 octubre 2007

Viña del mar / Valparaíso

La última excursión que hicimos por los alrededores de Santiago de Chile nos llevó a visitar Viña del Mar y Valparaíso, dos localidades vecinas situadas a poco más de hora y media de la capital, famosas por su gran repercusión turística la una y su condición de patrimonio de la humanidad la otra.

Viña del Mar tiene paseo marítimo, playas y hoteles de lujo, por lo que es un destino perfecto para los que buscan sol y arena en esas latitudes, tanto que es famosa dentro y fuera del país. Por su parte, Valparaíso es una localidad mucho menos vistosa, más cotidiana. Tiene la peculiaridad de que su orografía es muy accidentada, situándose todos sus barrios en las laderas de diferentes cerros que llegan hasta el mismo océano. Debido a ello, sus habitantes construyeron en su día todo un conjunto de ascensores que reptan por las lomas de las colinas trasladando a los locales entre diferentes puntos de la ciudad. Dichos ascensores, que aún siguen usándose hoy en día (aunque, por supuesto, transportando además a todos los turistas), se conservan prácticamente en su forma original: suelos desnivelados, madera crepitante, ventanas herrumbrosas... Y son ellos ni más ni menos los que han valido el título de patrimonio de la Humanidad. Eso sí, merece la pena el viajecito por las vistas del puerto y la bahía que se pueden disfrutar una vez arriba (y siempre hay posibilidad de bajar dando un rodeo a pie).

Además de pasear por ambas localidades, subir en uno de los ascensores (ya que estábamos allí, era algo casi obligado... y todo lo que la aprensión de calvaris nos permitía ;-D) y sacar fotos a diestro y siniestro (no estoy poniendo ninguna de momento con estos resúmenes, pero en cuanto las ordene y clasifique prometo subir las mejores a mi página de Flickr), no pudimos dejar de probar la recomendación del lugar: chorrillana, que además de un plato muy muy típico no es sino raxo con cebolla ^_^U.

Y si es totalmente cierto lo que dicen de Santiago de Chile, que es la más europea de las ciudades de sudamérica (y la más "española" diría yo, a juzgar por el grandísimo número de sucursales del banco Santander, del BBVA, de Endesa... y la omnipresencia de Telefónica en las cabinas públicas de teléfono, así como de Movistar), no es menos cierto que en esta escapada pudimos sentirnos algo más cerca de la latinoamérica más tópica: experimentamos el tráfico infernal, donde el uso de los intermitentes ha sido substituido por la conducción basada en el bocinazo (inspirada claramente en los ultrasonidos usados por los murciélagos), los microbuses abarrotados, los vendedores ambulantes de helados y cuchuflís (barquillo relleno de manjar),...

21 octubre 2007

Cajón del Aconcagua

La segunda excursión a la que nos llevaron fue al cajón del Aconcagua. En Chile denominan "cajones" a los valles por los que transcurren los ríos homónimos. Así, en los alrededores de Santiago, se encuentran el cajón del Maipo (río del que es afluente el Mapocho, que fluye por el centro de la capital) al sur, y el cajón del Aconcagua al norte. Además, aquellos aplicados lectores que recuerden sus clases de geografía del colegio, identificarán al Aconcagua como ni más ni menos que la cumbre más alta del continente americano.

Así pues, tuvimos ocasión de perdernos en la naturaleza preandina, en pleno florecimiento por la recién llegada primavera, aunque con la dificultad de reconciliarnos con la idea de que cuanto más al norte del país, más seco es el clima, y de que las zonas lluviosas se encuentran cuanto más al sur :-). La comida del día la hicimos en un restaurante casi perdido de la mano de dios, No me olvides, de muy apropiado nombre debido tanto a lo exquisito de las viandas como a lo atento del servicio. Allí, mientras calvaris daba cuenta de una costilla de cerdo asada que alimentaba sólo con olerla, yo pude degustar una tradicional empanada de pino al horno, junto con una cazuela de ternera, que resultó ser un guiso bastante semejante al cocido. Con todo, lo más sabroso de todo me pareció el postre: flan de lúcuma, una verdadera delicia.

Tras la comilona, seguimos el paseo a pie hasta que dimos con un claro a la orilla de un arroyo donde reinaba la paz y la tranquilidad, así que no pudimos resistir la tentanción de extender unas mantitas y tumbarnos a la bartola. En lugares así el tiempo parece simplemente no existir, aunque lamentablemente existe, así que pronto tuvimos que emprender el camino de vuelta para regresar a Santiago. Claro que poco podíamos imaginar entonces que el regreso se iba a hacer tan largo... pues por si las aventuras fuesen pocas, el radiador del coche se estropeó y nos quedamos ¡en la pana! (es decir, tirados). Por suerte, cuando el vehículo decidió decir basta ya habíamos alcanzado una zona con cobertura telefónica, así que simplemente tuvimos que esperar varias horas a que la grúa y un taxi nos viniesen a rescatar de donde Jesucristo perdió las zapatillas... ¡Qué alivio al llegar a casa por fin ese día!

20 octubre 2007

La Chascona

Llegados al ecuador de nuestra estancia le tocó el turno al paseo cultural, y fuimos a visitar una de las residencias del poeta Pablo Neruda, la llamada La Chascona en honor a su tercera y última mujer, Matilde. Situada en el barrio santiaguino de Bellavista, su estructura se inspira en el mar para hacer que la construcción parezca un barco en el interior y un faro en el exterior. Muy bien conservada en su mayor parte, tal y como la propia Matilde la dejó, sólo se han reconstruido aquellas zonas, como la biblioteca, que fueron quemadas por las tropas pinochetistas, para quienes el escritor, miembro del partido comunista chileno, era un conspirador.

Para balancear la ecuación de la cultura, por la tarde hubo fútbol: duelo de selecciones vecinas y rivales, Chile contra Perú, en partido de clasificación para el próximo mundial (Sudáfrica 2010). Aunque el encuentro no fue nada brillante, ganaron los locales 2 a 0, para regocijo del grupo de amigos con quien nos reunimos para presenciar el evento televisado.

19 octubre 2007

Santiago de Chile: la fundación

El martes 16 tocó de nuevo paseo por la ciudad. En esta ocasión comenzamos visitando el mayor pulmón de Santiago, el parque Forestal, a orillas del río Mapocho. De hecho, según nos contaron, la intención inicial del parque era que éste fuera inundable, de modo que en la temporada de lluvias, cuando el Mapocho se desbordaba, el parque quedaba inundado pero impedía que el agua llegase a las calles. Años más tarde, la canalización del río acabó con esta funcionalidad del parque, que ahora es un lugar perfecto para dar largos y tranquilos paseos sin moverse del mismo centro de Santiago. Como lugares más destacados del parque y alrededores pueden citarse la fuente Alemana, el museo de Bellas Artes o las plazas de Italia y Baquedano.

Ese día visitamos también el cerro de Santa Lucía, lugar desde donde Pedro de Valdivia y sus hombres divisaron por primera vez, en diciembre de 1541, la planicie donde se ubica Santiago, y emplazamiento donde decidieron entonces fundar la ciudad. Al lado del cerro (en cuya cima también se degusta un exquisito mote con huesillo), se encuentra el mercado de Santa Lucía, donde se congregan multitud de puestos artesanales y de souvenires a precios muy interesantes, constituyendo la parada perfecta para el visitante o turista.

18 octubre 2007

Océano Pacífico

La semana comenzó con una excursioncita que nos iba a permitir ver el océano Pacífico con nuestros propios ojos: nos fuimos a San Antonio, un importante puerto de la región. Gozamos de un expléndido día soleado gracias al que pudimos disfrutar de los retozos, juegos, bostezos y siestas de una impresionante población de lobos marinos en libertad. También abundaban los pelícanos y, cómo no, las gaviotas, siempre al quite del más mínimo trozo o raspa de pescado que lugareños o visitantes pudieran arrojarles o simplemente dejar mínimamente desatendido.

Envueltos en tal ambiente, no pudimos dejar pasar la ocasión de probar las típicas empanadas de marisco, unas empanadillas (fritas) muy generosas rellenas de una mezcla de pescados, mejillones y otros productos del mar. Para chuparse los dedos.

En el camino de regreso, ya por la tarde, hicimos un alto en el camino en la localidad de Pomaire. Este pintoresco pueblecito es muy reconocido por su artesanía de greda (arcilla), y en él pudimos degustar otro típico plato chileno: el pastel de choclo (maíz). ¿El postre? No, ése lo vendían en plena autopista, a pie de peaje: alfajores y chilenitos, delicias rellenas de manjar (nombre chileno del dulce de leche) y espolvoreados con azúcar en polvo...

17 octubre 2007

Un poco de todo en Santiago

El domingo día 14 fue nuestro segundo día turístico en la capital de Chile. Tuvimos la oportunidad de experimentar el transporte público de la ciudad, que está bastante bien (si exceptuamos el índice de aglomeración que los autobuses pueden alcanzar en según qué rutas a según qué horas, muy semejante -dicho sea de paso- al de las líneas universitarias coruñesas). Lo ideal es hacerse con la tarjeta BIP que, gracias muy probablemente a la tecnología RFID, permite pagar tanto el bus (o la micro, en dialecto local) como el metro, haciendo transbordo entre ambos de manera gratuita. El metro de Santiago también está siempre abarrotado, aunque es moderno y funciona muy bien, con trenes cada minuto en sus cinco líneas. Simplemente, seis millones de habitantes son muchos habitantes.

Como lugares de singular relevancia, dedicamos el día a visitar el Palacio de la Moneda, en cuyo interior hay un bonito patio (llamado "de los naranjos") por el que también se puede pasear y cuyo sótano alberga diferentes salas de exposiciones. Lamentablemente, no llegamos al cambio de guardia (que se hace a las diez de la mañana), pero nos desquitamos inmortalizándonos al lado de dos simpáticos carabineros, nombre oficial que en este país se da a la policía (informalmente, mucha gente les apoda también "los pacos"). Tras fotografiar también la puerta lateral del palacio por la que sacaron al presidente Salvador Allende, ya muerto, tras el golpe de estado de Pinochet en 1973, continuamos nuestro paseo saliendo por la plaza de la Constitución hacia la plaza Fundacional o plaza de Armas. En ella se concentran la catedral de Santiago, el edificio central de Correos y el museo histórico nacional, sede del antiguo cabildo. Este museo fue uno de los pocos que visitamos, y resultó particularmente interesante, pues a través de un puñadito de salas hacía un recorrido intensivo y muy gráfico por la historia de Chile desde antes del "descubrimiento" del continente americano hasta nuestros días. Se mostraban allí piezas de artesanía, recreaciones de cada época, documentos históricos, etc., siempre con la intención de trasladar al visitante a cada momento de la manera más realista posible.

Como no podía ser de otra manera, tanto paseo nos despertó hambre, y la parada para comer la hicimos en una sabrosa parrillada. Ya por la tarde, completamos el día subiendo en funicular al cerro de San Cristóbal, el más alto de los que salpican la metrópoli, desde donde se observan unas vistas impresionantes de todo Santiago, que se extiende en todas direcciones hasta donde alcanza a ver el observador. Para cumplir con la tradición, además, nos tomamos en la cima un tradicional mote con huesillo, una bebida refrescante a base de trigo y melocotón, de sabor similar a un té dulce. La particularidad es que lleva además granos de trigo (mote), blanditos, y un melocotón pelado (pero entero, con el hueso -huesillo-). De ahí que se sirva en un vaso con cuchara, para ir combinando los mordiscos al sabroso melocotón con fresquitos sorbos de té. Riquísimo.

Ya al ocaso, abandonamos el cerro y emprendimos el regreso a casa atravesando el bohemio barrio Bellavista, el favorito de los artistas y un gran punto de atracción turística por sus locales y restaurantes, en particular los ubicados en un pintoresco patio abierto, del mismo nombre, situado en el centro del barrio.

16 octubre 2007

Anécdotas de otro hemisferio

Los dos últimos e intensos días merecerán sus propias crónicas, pero no quería acostarme hoy con una deuda para con la ciencia, así que aquí vengo a confirmar que:

  • El agua gira en sentido contrario a las agujas del reloj.
  • La luna crece y mengua de abajo a arriba.

De producirse más verificaciones empíricas de corte semejante, las daremos a conocer sin demora.

14 octubre 2007

De A Coruña a los Andes

Pues sí, después de un periplo de más de 24 horas, aquí estamos, en la capital del alargado país chileno.

Nuestra andadura comenzó a intempestivas horas de la mañana, tomando en Alvedro el que sería el primero de los tres aviones que nos traerían al Santiago por excelencia de este lado del Atlántico. Llegados a Madrid y trasladados a la concurrida T4, tuvimos ocasión de descubrir que las siglas T4S de nuestro siguiente billete hacían referencia a una quinta terminal, satélite de la T4, y a la que únicamente se accede a través de una línea de metro ligero construída al efecto.

Aquí tuvo lugar nuestra espera más larga, pues a pesar de haber pisado Barajas a las ocho y pico de la mañana, no pudimos pedir nuestra tarjeta de embarque hasta las diez y media (aunque nuestras maletas ya habían sido facturadas a destino), ni subir al avión hasta pasado el mediodía. Las horas muertas nos volaron, sin embargo, gracias a la misma tecnología que me está permitiendo escribir estas líneas: un pequeño Internet tablet del que hablaré en otra ocasión. Las peripecias de las vecinas de Wisteria Lane en su recientemente estrenada cuarta temporada y unas partidillas a clásicos del SCUMMVM nos entretuvieron suficientemente ^_^.

Así nos vimos ya en ruta hacia Lima, la capital de Perú, donde haríamos una pequeña escala antes de completar el viaje. Sorprendentemente, todos los vuelos del día fueron tranquilos, sin turbulencias y, sobre todo, sin retrasos. Sobrevolando el charco nos pusieron la última película de Harry Potter y un reciente estreno de animación sobre pingüinos surfistas "grabada" con un formato de reality muy original. Ya haciendo mella el cansancio, el trayecto entre Lima y Santiago fue un suspiro entre cabezadita y relleno del formulario de inmigración y aduanas correspondiente.

Tras conseguir un nuevo sello para mi pasaporte (el segundo en la cuenta total, es lo que tiene haber viajado mayoritariamente por Europa) y regocijándonos por no ser gringos y no tener que pagar la tasa de reciprocidad al entrar en el país, rescatamos nuestras maletas de la cinta y salimos a la fría noche santiaguesa.

Apenas recuerdo cómo conseguimos deshacer las maletas antes de meternos por fin en la cama, de la que esta mañana nos levantamos siendo unas personas nuevas. Terminamos de reponer fuerzas con un genuino desayuno autóctono que incluía unas riquísimas rebanadas de hallulla (pan chileno), para comenzar nuestro primer día de visita.

Gracias a nuestros amabilísimos guías locales, hoy estuvimos en la Universidad, donde había una especie de "party" de jóvenes diseñadores chilenos (de ropa, complementos, cartelería, etc.), y más tarde paseamos por el Patronato, la zona de compras más popular de la capital. Si habéis estado en Tenerife, baste decir que la zona es como El Puerto de los Cristianos pero muchísimo más extensa; si no, quédense con que es un pequeño caos de puestos heterogéneos, caóticos y muy ruidosos donde se puede conseguir casi de todo a precios irrisorios (que el cambio del peso chileno supere los 700 pesos el euro, los hace aún más irrisorios).

Mañana nos espera un nuevo tour turístico (y los que seguirán, para aprovechar al máximo la estancia)...

11 octubre 2007

¡Vacacioneees!

Sí, es cierto. A priori, un post con este título no parece muy propio del mes de octubre. Incluso aunque los avispados ya estén con la vista puesta en el puente de este fin de semana, se hace a todas luces un poco exagerado. Mas no lo es si se tiene en cuenta que, salvando la reducción a media jornada del mes de agosto (propiciada por la clausura del centro de trabajo por las tardes), la que suscribe no ha tenido una sola escapadita en el tiempo estival propiamente dicho. Así que no me tengan envidia, que creo que me lo merezco.

Y como si fuera para compensar lo largo de la espera, me voy lejos, lejos, a la capital de un país muy, muy lejano, casi tanto como el de los cuentos: ni más ni menos que a Santiago de Chile. Si las condiciones lo permiten, las próximas noticias mías que tengan serán desde el país andino, en la que será la primera vez que salgo al extranjero y no tendré que preocuparme por el idioma (anécdotas idiomáticas -que las habrá, seguro- a parte ^_^).

10 octubre 2007

Spam forward

Que la tecnología evoluciona a pasos agigantados no es un descubrimiento de esta mañana. Que basta desconectar un par de meses para quedarse anticuada con respecto a los últimos avances, ni siquiera un secreto a voces. Pero que hay cosas cotidianas que escapan a ese progreso, también es el pan de cada día.

Spam Pongamos como ejemplo el caso del correo: quien más y quien menos, prácticamente todos hemos desterrado a anécdota de viaje o felicitación navideña las cartas tradicionales, que se van viendo progresivamente sustituidas en el día a día personal por su versión electrónica. Los programas que utilizamos para gestionar nuestra correspondencia incorporan muchas facilidades de las que no disponíamos físicamente: rápidas búsquedas automáticas por multitud de criterios, respuestas automáticas, reenvíos múltiples, citas textuales, clasificación automática en base a filtros personalizados, etc. Estos últimos se revelaron especialmente útiles con la proliferación del equivalente a la publicidad de folleto y esquina en forma de correo basura, comúnmente conocido como spam. Después de un mínimo entrenamiento, no hay colador bayesiano que no nos libere apropiadamente de propaganda de bancos keniatas, saldos de títulos universitarios, ofertas para modificar diferentes partes de nuestro cuerpo o el secreto de todos los misterios y placeres de alcoba.

Y aquí es cuando la vuelta al mundo no virtual nos da de bruces con la cruda realidad. Cuando, tras un largo día de trabajo, llegamos a casa y, aún en el portal, introducimos la pequeña llave en el buzón, para encontrarnos... ¡con todo el spam de nuestros vecinos! Los oscuros motivos que incitan a la señora del cuarto a regalarme ese panfleto que anuncia otra excursión a Fátima los desconozco. El irresistible impulso que lleva al joven del segundo a agasajarme con la dosis de autobombo que el fontanero imprimió en el salón de su casa, es un misterio para mí. El porqué del insistente interés del caballero del octavo en que tenga un duplicado de una carta de pizzas, no seré capaz de dilucidarlo. ¿Qué lleva a estas personas anónimas a pensar que si ellas no están interesadas en esa publicidad, que con ingeniosos ardides ha eludido desintegrarse a la intemperie, en el cajón al efecto situado en el exterior del portal, para colarse en cada uno de los buzones individuales, lo voy a estar yo? ¿Qué sucesión de impenetrables razonamientos desata la reacción de meter la basura en el compartimento ajeno, como si no se fuera a notar, como si se fuese a volatilizar? Intenten explicármelo, aunque tengo el pálpito de que nunca lo entenderé.

07 octubre 2007

Teoría sobre la felicidad

Hace tiempo que tenía la intención de escribir sobre la felicidad. Como suele pasarme ante este tipo de entradas pseudofilosóficas de desbarre, algunas ideas no necesariamente conexas revolotean en mi cabeza. Cuando me dispongo a hilvanarlas, en ocasiones deambulo antes por la red en busca de recursos de los que poder echar mano a la hora de aclarar alguno de mis puntos de vista, de poner ejemplos, o simplemente de documentarme personalmente. En este proceso, invariablemente una descubre cosas simpáticas, graciosas o sorprendentes (que a veces no tenían nada que ver con el motivo original de la búsqueda). Pero hoy, me he quedado patidifusa al descubrir la siguiente definición de la Real Academia Española:

La felicidad según la RAE

¡Increíble! La primera definición de la RAE sobre algo tan intangible como la felicidad hacía referencia ni más ni menos que al más puro y duro materialismo :-O. Por suerte, el artículo está propuesto para ser enmendado:

La otra felicidad según la RAE

Reconciliada con la próxima versión del diccionario, traigo aquí mi propia opinión sobre una cuestión probablemente tan antigua como el ser humano. Estando de acuerdo con su definición general, simple y directa al mismo tiempo, parece irónico lo difícil que se vuelve a veces alcanzar el estado al que se hace referencia, por no mencionar las diferentes maneras o estrategias de cada persona para alcanzarla, y por supuesto orígenes y motivos para obtenerla.

Y sin embargo, parece que es precisamente cuando menos en disposición estamos de tomar la iniciativa para ir hacia ella, o reflexionar sobre lo que significa para nosotros, cuando más cerca estamos de tenerla al completo: en nuestra infancia, cuando una galleta, un trozo de papel y unas pinturas, un poco de atención... son suficientes. Mas crecemos y cuanto más tomamos conciencia y más nos afanamos por tenerla como fin, más nos alejamos...

¿Qué falla? ¿Es erróneo el camino elegido? ¿Es equivocada la ruta? ¿Son desviados los esfuerzos? ¿O se trata de la meta, que no está situada en el lugar adecuado? ¿Ponemos nuestras miras en dioses de barro? ¿Intentamos alcanzar lo inalcanzable, como Ícaro? Tal vez sea justo lo contrario, y son los árboles los que no nos dejan ver el bosque. ¿Magnificamos los obstáculos minimizando todo lo demás? ¿Nos concentramos en nuestras propias lágrimas sin elevar la vista a las estrellas? ¿Estamos ya allí pero no queremos verlo?

Puede que sea una mezcla de todo lo anterior, o que no tenga nada que ver. Personalmente, me gusta pensar que es posible ser feliz en el largo plazo. Que tras alejarnos meridianamente de nuestros sencillos y despreocupados años infantiles, llenando nuestras vidas de cosas que creemos imprescindibles pero verdaderamente no lo son, buscando objetivos que no nos llenan cuando al final los alcanzamos o que nos frustran por permanecer siempre fuera de nuestro alcance, es posible emprender el camino de vuelta. Que la felicidad no es algo puntual, o que tal vez lo sea, pero que la yuxtaposición de momentos puede llegar a proporcionarnos la ilusión de permanencia. Es, fundamentalmente, una cuestión de perspectiva.

No voy a dejarles aquí la receta del éxito. Como bien dice el título del post, esto son sólo mis teorías. Pero si usted, lector, cree que no es feliz, trate de identificar a cuáles de las preguntas anteriores responde afirmativamente. Después, es cuestión de darse cuenta de que no hay nada material que merezca la pena, que la primera defición de la RAE es tan corta como errónea. Y si no merecen la pena, es absurdo pensar que van a llenar permanentemente vacíos que están en otra dimensión diferente de lo físico. Relativizar el tremendismo ayuda a evitar categorizar situaciones y sucesos. Finalmente, hay que reconocer la naturaleza gregaria del ser humano, nuestra condición de animal social y la tremenda fuerza de las afinidades. Identificar aquéllo que es realmente significativo para nosotros y rodearnos de individuos con inquietudes, esperanzas y sueños afines, sin dejar por ello de respetar a los demás.

03 octubre 2007

Internet Explorer en linux

IE4linux

Queridos usuarios de navegadores libres: ¿cuántas veces no os ha pasado que, tan tranquilos usando vuestro <inserte su nombre de navegador favorito aquí>, habéis llegado a una página en la que todo aparecía patas arriba? ¿En cuántas ocasiones os habéis topado con formularios inaccesibles, botones que no aparecen, menús imposibles de utilizar? ¿Cuántas incluso, con una pantalla en blanco -o en negro-, eternamente muda? Igual que yo, infinidad de ellas, seguro. Ocurre incluso con sitios institucionales, pagados con el dinero de todos. Y ya sean públicos o privados, en el más "considerado" de los casos, se escudan tras un lacónico "web optimizada para Internet Explorer" y se quedan tan anchos.

Esto que las más de las veces es fundamentalmente una engorrosa molestia, en otras se convierte en un serio inconveniente, cuando el lugar se trata de la web de nuestro banco, de nuestra compañía telefónica, etc. En ese caso, además de con tres palmos de narices, nos quedamos sin poder acceder a nuestro dinero o sin poder consultar nuestra factura. Irremediablemente, nos vemos obligados a comernos la rabia, agachar la cabeza y recurrir al window$ de turno que podamos tener a mano: el de la oficina, el de un amigo o familiar (el mismo que tenemos que arreglar tantas veces, ése precisamente)... Y es que ni siquiera el socorrido Wine, que tan útil resulta para ejecutar programas no disponibles para entornos Linux (como por ejemplo, el programa PADRE para la declaración de IRPF), era capaz de lidiar con el monstruoso Internet Explorer... hasta ahora.

Esta semana he descubierto el proyecto IEs4linux, que por fin consigue hacer funcionar el navegador web de Micro$oft en combinación con Wine. El proyecto en sí es código abierto, aunque como en última instancia lo que hace es ejecutar código que no lo es, hay que tener en cuenta las implicaciones legales de utilizarlo. En su última versión estable (2.0.5), he comprobado que es capaz de ejecutar sin problemas IE6 con plugin de Flash 9; su beta, además, afirma hacer funcionar perfectamente la versión 7, la más reciente del navegador de Redmond.

No es que sea el escenario más deseable (que pasaría por que los responsables de sitios web se comprometiesen firmemente con el uso de estándares en lugar de ligarse a un navegador específico, que además los respeta sólo hasta donde le parece), pero al menos es una alternativa...

02 octubre 2007

Censo provisional CPEIG

Terminado el plazo de inscripción para la asamblea constituyente del Colegio Profesional de Ingeniería en Informática de Galicia, la comisión gestora ha publicado el censo resultante. Sólo los que figuren en el mismo podrán formar candidaturas y presentarse a la votación que, en esa primera asamblea inaugural, elegirá la primera junta de gobierno del CPEIG.

No obstante, cualquier persona en posesión del título de ingeniería en informática podrá, hasta el mismo día de la asamblea y el comienzo de la misma, presentar la documentación necesaria (DNI y fotocopia compulsada del título) para poder asistir y votar en la misma.