18 octubre 2007

Océano Pacífico

La semana comenzó con una excursioncita que nos iba a permitir ver el océano Pacífico con nuestros propios ojos: nos fuimos a San Antonio, un importante puerto de la región. Gozamos de un expléndido día soleado gracias al que pudimos disfrutar de los retozos, juegos, bostezos y siestas de una impresionante población de lobos marinos en libertad. También abundaban los pelícanos y, cómo no, las gaviotas, siempre al quite del más mínimo trozo o raspa de pescado que lugareños o visitantes pudieran arrojarles o simplemente dejar mínimamente desatendido.

Envueltos en tal ambiente, no pudimos dejar pasar la ocasión de probar las típicas empanadas de marisco, unas empanadillas (fritas) muy generosas rellenas de una mezcla de pescados, mejillones y otros productos del mar. Para chuparse los dedos.

En el camino de regreso, ya por la tarde, hicimos un alto en el camino en la localidad de Pomaire. Este pintoresco pueblecito es muy reconocido por su artesanía de greda (arcilla), y en él pudimos degustar otro típico plato chileno: el pastel de choclo (maíz). ¿El postre? No, ése lo vendían en plena autopista, a pie de peaje: alfajores y chilenitos, delicias rellenas de manjar (nombre chileno del dulce de leche) y espolvoreados con azúcar en polvo...

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