14 noviembre 2007

Linked-in o el día que Google me encontró a mí

La historia que hoy voy a contar es como esas películas que parecen tener dos tramas, en su inicio totalmente inconexas, pero que de repente el guión hace confluir en un punto, dando sentido al argumento. También puede verse como alguno de esos filmes de intriga, en los que nada parece tener lógica hasta que se descubre el dato que ayuda a encajar todas las piezas del puzle.

Como las fieles visitas de este blog recordarán, hace un año andaba yo por tierras estadounidenses. Más concretamente, acababa de llegar calvaris de visita a Houston, y nos entreteníamos probando todos los tópicos que se nos ocurrían. Poco después, viajaríamos a la costa oeste para visitar en Portland a unos antiguos compañeros suyos. Fue a raíz de aquella visita como conocimos la web Linked-in, yet another red social donde crear tu perfil, en este caso profesional, de cara a mejorar tus relaciones profesionales e incluso buscar empleo. Tanto calvaris como yo teníamos ya entonces bastante claro nuestras aspiraciones en ese terreno, pero igualmente respondimos a la invitación de alta. Y como suele pasar en este tipo de casos, la falta de uso hizo que nuestros correspondientes perfiles cayesen en el olvido hasta para nosotros mismos.

Transcurrieron varios meses. No sólo regresamos a casa, sino que pasaron las navidades, los carnavales, el segundo cuatrimestre al completo y llegó el verano. Y un día cualquiera de principios de julio, me encontré con un curioso correo electrónico en mi buzón. Lo remitía una persona que decía formar parte del European Recruiting Department... ni más ni menos que de Google. Me escribía para saber si estaba interesada en considerar las oportunidades que Google me podía ofrecer.

No sé lo que habríais pensado vosotros, pero yo lo juzgué directamente como spam. Arqueé las cejas, sonreí para mis adentros y lo comenté de manera jocosa en el messenger. Sin embargo, mi interlocutor (parrulo), en vez de colaborar en mi humorístico momento, me desveló que un conocido común había emigrado recientemente a tierras irlandesas llamado por la flauta mágica del gigante de Mountain View. Así que decidí responder. ¿Qué tenía que perder? ¿Dos minutos redactando una respuesta en inglés? Dicho y hecho. Dos días más tarde, la misma persona me pedía en su respuesta un número en el que contactarme para realizarme una entrevista telefónica. Para entonces, aunque aún excéptica, yo ya estaba, como mínimo, alucinando. ¿Cómo demonios había dado Google conmigo? ¿Y qué habían visto que les había parecido tan interesante? Los interrogantes se acumulaban en mi mente, que determinó que seguía suponiendo un ínfimo esfuerzo enviarle mi teléfono a esa persona como paso imprescindible para satisfacer mi enorme curiosidad.

Llegó el día de la entrevista y con sólo unos minutos de retraso sobre la hora concertada, mi móvil sonó. Al otro lado de la línea, una voz francesa puso algo más de identidad a quien, out of the blue, había conseguido ponerme en ascuas jornadas atrás. Los siguientes veinte minutos dieron para mucho: primero habló ella, luego hablé yo. Hubo muchas preguntas, por ambos lados, aunque más por el suyo, naturalmente. Le expliqué lo que hacía, a qué me dedicaba, en qué trabajaba y cuáles eran mis perspectivas a corto plazo. Ella me explicó que buscaban gente con titulación superior, me interrogó sobre cuestiones técnicas en las que reconoció no ser muy ducha, pero que eran su guía para clasificarme dentro de sus mecanismos de selección de personal. Jamás habría adivinado, ni lo hubiera creído si no me lo hubiese dicho directamente, que sus procesos de búsqueda incluían el estudio de los perfiles de Linked-in.

El resultado de la charla pareció satisfactorio, pues en su despedida me solicitó que le enviase más información concreta y alguna documentación. Así lo hice, y aproveché también para contactar con aquel conocido que ya era parte de la archiconocida empresa. Leyendo su experiencia podía intuir cuáles serían los siguientes pasos a los que me someterían. La sensación era extraña, pues de repente me había visto inmersa en un torbellino de acontecimientos que se desarrollaban a gran velocidad, y todo ello sin pedirlo ni buscarlo. No había tenido apenas tiempo de remitirle lo que me había pedido cuando ya tenía en mi buzón algunas ofertas concretas que involucraban estancias en los centros de Google en Londres y Zurich. Y mis datos fueron enviados a tres ingenieros jefe de tres secciones diferentes.

Fue entonces cuando me dije a mí misma que había llegado el momento de la verdad. Tenía que decidir cómo quería jugar en esta gymkhana a la que el azar me había apuntado. ¿Iba a dejarlo todo para salir corriendo detrás de lo que, indudablemente, era la posibilidad de una gran oportunidad? ¿Conseguiría mantener los pies en el suelo en mi diálogo con semejantes interlocutores? ¿Sería capaz de tener la cabeza fría y juzgar qué era lo que realmente quería, sin dejarme deslumbrar por la grandeza de un nombre? Eso intenté... y creo que lo conseguí. Pensé que los años que llevaba trabajando desde que terminé la carrera, primero para conseguir el DEA y después en pos de una tesis doctoral no debían caer en saco roto. No sentía la necesidad de cambiar de vida, sobre todo si ello significaba tirar por la borda todo aquello en lo que había estado enfrascada en los últimos tiempos. Siempre he sido del tipo de personas que terminan una cosa antes de pasar a otra.

Así que me la jugué. Cuando supe de nuevo de ellos, esta vez ya por boca de un recruiter interno, y me preguntaron por mis preferencias, no enseñé todas mis cartas. Mostré sólo las que me interesaban de cara a la tesis. Si había un hueco en Google estrictamente relacionado con ella, una estancia en cualquiera de sus centros sería un estupendo broche de oro. Si no lo había, no era el momento para mí. Semanas más tarde tuve la respuesta final. Por suerte o por desgracia, perdí. No había proyectos en sus oficinas europeas que se adaptasen a lo que yo había pedido.

La puerta, no obstante, quedó abierta. Si decidiese en el futuro cambiar de trabajo, podría contactar directamente con el "segundo nivel", según me pidieron que hiciera. No sé lo que me deparará el futuro a medio plazo, pero siempre está bien saber que tienes un pequeño acceso directo a un lugar como ese. Y si nunca lo necesito, además de alegrarme (porque significará que me sigue yendo bien donde estoy), al menos tendré esta anécdota para repetir a todo el que quiera oírla: que un día fue Google el que me buscó a mí.

7 comentarios:

  1. Es que eres mi ídolo!!!!!!! :*

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  2. Tu espera un poco, que algo me dice que en un plazo de año, dos años, Google abre sede en A Grela o POCOMACO xDDD

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  3. Mati: :-D ¡Nos vemos el miércoles que viene!

    parrulo: No se consuela el que no quiere ;-DDD

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  4. ¡Qué pasada! Aunque por otro lado no me extraña, debes de tener un currículum excepcional ;)

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  5. Pues la verdad es que (ahora que no nos oye/lee nadie) he de confesar que, en mi opinión, no es absolutamente nada del otro mundo. Nunca he destacado especialmente en nada, ni he sido la mejor de la clase, ni he ganado ningún premio extraordinario. Eso sí, he hecho bastantes cosas diferentes, lo cual puede ser una pista de lo que buscan las empresas (sobre todo de ese tamaño) cuando realizan procesos de selección en masa. Está claro que si eres el mejor del mundo en algo, serás interesante. Pero ser el mejor del mundo en algo no está al alcance de todos :->. En ese caso, en mi opinión es mejor ser un poquito bueno en muchas cosas, porque no sólo refleja inquietud intelectual y capacidad de diversificación, sino que te hace versátil y capaz de adaptarte a lo que te echen :-).

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  6. Me ha encantado la historia. ¡Es increible la de vueltas que da la vida!
    La sensación de que una empresa tan grande te busque y tu decidas que camino marcar tiene que suponer una gran satisfacción personal.

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  7. Tan increíble era que yo directamente no me lo creía al principio. Hasta que sonó el teléfono la mañana que me llamaron y al otro lado de la línea no resultó haber ningún conocido gastando una broma ni ningún tipo de truco publicitario... sólo entonces fue cuando me lo creí de verdad ^_^U.

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