11 noviembre 2007

Mujeres

No es la primera vez (ni será la última) que toco este tema. Pero no lo hago por repetirme, sino porque considero que es algo que merece atención. Y es que muchas veces el momento que vivimos nos ciega de ciertas cosas que aún nos rodean. Parece que hemos superado muchas cosas, pero otras perviven sin que nadie las note apenas. Es lo que ocurre con la desigualdad entre hombres y mujeres.

A cualquiera que se le pregunte por la calle, probablemente dirá que hoy en día una mujer puede tener la profesión que se le antoje. Que el sexo ya no es un impedimento para decidirse por una u otra carrera profesional. Que todos tendrán las mismas oportunidades y podrán llegar igual de lejos, sean hombres o mujeres. Que dependerá única y exclusivamente de su esfuerzo, tesón y entrega. Esto es lo que comúnmente denominamos teoría.

Enfrente de la teoría se sitúa la práctica, que podríamos considerar que son los hechos constatables, lo que observamos cuando decidimos inspeccionar nuestro entorno en busca de evidencias que apoyen o contradigan la teoría. Entonces, miramos en derredor y vemos que la presencia de las mujeres, efectivamente, se ha incrementado considerablemente en terrenos que antes les estaban prácticamente vedados. Tenemos doctoras de todo tipo, profesoras en todos los niveles de la educación, hasta empresarias que la prensa se encarga de sacar en portadas (internas) de vez en cuando para que todos nos congratulemos de que hoy en día las mujeres fundan y dirigen sus propias empresas.

Pero no es oro todo lo que reluce. Cortinas de humo nublan nuestros ojos para no ver que, si bien es cierto que hay dependientes masculinos y cajeros en el supermercado, esos sueldos aún los cobran mujeres en su mayoría. Verdad es que hay enfermeros, pero son casi tan anecdóticos como las mujeres que conducen un taxi. ¿Y creen que no hay profesiones en las que la presencia femenina es un mito? Piensen en todas las veces que han viajado en avión. Sí, les habrá atendido algún asistente de vuelo (o incluso sobrecargo) varón pero... ¿cuántas veces les ha hablado una comandante? A mí, que he cruzado el Atlántico dos veces y visitado más de media docena de países europeos, ninguna. ¿Casualidad?

Como persona amante de las ciencias, no puedo evitar pensar que sólo cuando la teoría se corresponda con la práctica podremos felicitarnos realmente. Para ello, lo que necesitamos no es sólo una sociedad que no mire raro a una niña que quiera ser bombero, que puede que ya la tengamos (aunque sólo "puede"). Sino una sociedad que ofrezca esa posibilidad con la misma normalidad que cualquier otra. No se trata de que los casos aislados dejen de sorprendernos, sino que nos llegue a sorprender que fuesen casos aislados en un tiempo pasado. Ojalá mis ojos puedan reconocer el presente como un tipo pasado que, indudablemente, no fue mejor.

5 comentarios:

  1. Lo que dices en tu post es bastante cierto pero, como todo, la moneda suele tener dos caras.

    ¿Cuantas mujeres mineras conoces? Recuerdo que hace un par de años sacaron una, por lo anecdotico y curioso de que fuera mujer. ¿Cuantas repartidoras de butano? ¿Pescadoras de alta mar? ¿Dinamiteras? ¿La integración no debería realizarse también en todas las capas laborales?

    Y bueno respecto de los enfermeros ancdóticos, no cre que sea tan anecdótico hoy en día el colectivo masculino de esta profesión es bastante numeroso, mucho más que el de las mujeres taxistas.

    La normalización y la equidad en este tipo de cosas se alcanza poco a poco y si, en muchos campos profesionales, no se ven tantas mujeres, suele ser porque en las facultades o en los centros donde se forman a este tipo de trabajadores no abundan las matriculas de género femenino, con lo cual difícilmente se puede llegar a alcanzar la paridad.

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  2. En ningún momento he dicho lo contrario, no se me entienda mal. Es más, yo voy más allá de quedarme con el dato de las matrículas en las facultades técnicas (y lo siento, pero los estudios pseudocientíficos que afirman que la motivación de esto último es genética me parecen de tanto rigor como el creacionismo).

    Yo veo el problema en las capas más profundas del pensamiento social colectivo. En ese rechazo no verbalizado que incluso las mentes más liberales sienten al imaginar a sus pequeñas empuñando una llave inglesa, conectando circuitos o cacheando a un ratero. La inercia que sigue llevando a regalar muñecas o coches. En suma, un enorme conjunto de pequeñas asunciones heredadas que no se cuestionan o que se evita cuestionar.

    Pero claro, ¿cómo se puede esperar que no sea así, cuando se mire donde se mire se sigue vendiendo como ideal un prototipo de mujer delicada e intocable, frente al hombre sudoroso y musculado?

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  3. Ajajjaa bueno, no creo que muchos hombres ni muchas mujeres esten deseosos de irse a la cama con una mujer sudorosa y musculada :P

    De todas maneras, ese rechazo social se va superando poco a poco, yo recuerdo hace años lo llamativo que me resultó ver a la primera mujer "busera" hoy en dia, ni caso les hago.

    Es más que nada una cuestión de tiempo y si, todo sigue como hasta ahora, las mujeres llegarán a todas las capas de la sociedad por meritos propios y no por leyes que obliguen a una paridad.

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  4. Personalmente soy más pesimista. No porque no sea feminista sino porque soy de esas personas que piensan que 40 millones de años de evolución genética pueden más que unas cuantas normas políticamente correctas sobre la paridad en trabajos-generos.

    Yo ya he aprendido a conformarme y alegrarme de que ciertos trabajos no sean "prohibidos" para las mujeres que deseen disfrutarlos. (y viceversa). En trabajos condicionados por la genética, como, por ejemplo, pescadoras, dinamiteras o bomberas proponerla me parece, perdonando la palabra, un poco de "teletubilandia". (salvando casos puntuales) He aceptado que los trabajos físicos más duros serán mejor efectuados por personas con mejores aptitudes físicas y creo firmemente en que en los trabajos puramente intelectuales, como el mío, si que debe existir la paridad.

    He aceptado que las niñas pequeñas desean que se les regale muñecas y los niños cochecitos. Bien podemos finjir que es natural, incluso no sorprendernos si regalamos cochecitos a las niñas y muñecas a los niños. Más estadísticamente no los disfrutarán tanto como si son del mismo género. Incluso diría, sin intentar entrar en polémica, que el unico caso que he vivido de un niño al que le gustaban mas las muñecas en la infancia que otro tipo de juguetes ha conducido a que en la adolescencia tenga tendencias sexuales homosexuales. (Y con esto sólo hago un apunte sobre el poder de la genética)

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  5. Sinceramente, me supone un tremendo esfuerzo asumir que un comentario como el tuyo proviene de una persona con tu formación, Míriam.

    Evidentemente, poca discusión cabe en el tema de que la persona mejor cualificada para un trabajo consistente en levantar rocas será aquélla con mayor musculatura y fuerza. Que la genética de nuestra especie dicta que los hombres por lo general son más fuertes, tampoco está en tela de juicio. Lo cual no quiere decir que no se den los casos opuestos (que levante la mano quien no conozca a un hombre enclenque ni a una mujer que lo levantaría en brazos sin pestañear).

    No obstante, anécdotas fisiológicas a parte, me veo obligada a contradecirte enérgicamente en tu afirmación de que 40 millones de años (bueno, en realidad algo menos, hace 40 millones de años aún había dinosaurios...) han predestinado a las niñas a querer jugar con muñecas y a los niños con coches. Perdona, pero no. Más bien lo han hecho 2000 años de roles sexistas. Seamos serios: ninguna niña de 4 años tiene instinto maternal. Lo que tiene es, exactamente igual que un niño, el instinto de imitar a sus mayores. Y si resulta que ella, y su madre, y la madre de su madre, y la madre de la madre de su madre... han estado recluídas en casa dedicándose a cuidar bebés y fregar platos, pues creo que todos sabemos sumar dos y dos.

    Desgraciadamente, cuando se esperaba con impaciencia la primera generación de niños y niñas que no crecería bajo el ejemplo exclusivo de ese rol, nos hemos topado con preadolescentes que se han criado en casas vacías porque ambos progenitores estaban ausentes.

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