30 diciembre 2007

No hay dos sin tres

O al menos eso se suele decir. En este caso, además, se cumplió... aunque por poco. Hablo del tercer partido de la selección gallega de fútbol, que se celebró el pasado jueves, en esta ocasión contra Camerún. Después de su estreno en San Lázaro hace dos años y su reafirmación del año pasado en Riazor, en esta ocasión le tocaba al estadio de Balaídos el turno de servir de emplazamiento para el evento. Y, fieles sobre todo al buen ambiente y la fiesta que se organiza siempre en derredor, allí estábamos calvaris y yo, junto con otro buen puñado de gente hasta casi llenar el estadio.

Quién nos iba a decir a nosotros que los que estarían a punto de no aparecer serían los propios jugadores rivales. Nada más y nada menos que una hora y media hubo que esperar para que se dignasen a aparecer en el campo, recibidos, como no podía ser de otra manera, con sonoras pitadas que se mantuvieron a lo largo de todo el encuentro. Las contradictorias versiones ofrecidas por distintos medios de comunicación y la lamentable falta de justificación, explicación o disculpa alguna por parte de la federación camerunesa, hacen que todavía hoy sea difícil saber qué fue lo que ocurrió. Si la culpa fue de la organización o si los responsables fueron enigmáticos problemas internos de la selección africana. En cualquier caso, deplorable. En contraste, como suele ocurrir en estos casos, un 10 para el público, que aguantó estoicamente hasta que los jugadores saltaron al terreno de juego. Hubo quienes tuvieron que marcharse antes porque trabajaban temprano al día siguiente, hubo quienes abandonaron pensando que aquello ya no empezaría, pero la gran mayoría confiaron en la irmandiña y soportaron la fría espera en la noche viguesa a ritmo de las canciones de Piratas, Siniestro total y Heredeiros da Cruz, radiadas por la megafonía. Al final, un empate a uno que supo a poco, sobre todo porque ambos tantos llegaron de penalti; una selección gallega que dejó buena impresión, jugando al toque y dibujando combinaciones dignas de cualquier equipo acostumbrado a jugar semana tras semana, pero que adoleció de fuerza en la delantera que culminase sus triangulaciones.

Ahora la pregunta es... y el año que viene, ¿dónde?

23 diciembre 2007

Felices fiestas

Campanillas

El final del año ya está casi aquí, y con él llegará el principio de otro más. En él espero seguir publicando experiencias, pensamientos, opiniones, anécdotas e informaciones varias. También espero que sigan entreteniendo a quienes las leen habitualmente, y que puedan seguir siendo útiles de vez en cuando a quien las encuentran por casualidad. A todos ellos, conocidos y desconocidos, habituales y esporádicos, envío desde aquí mis felicitaciones navideñas, deseándoos que paséis unas felices fiestas y que recibáis al 2008 con buen pie, como presagio de un año en el que el balance de lo positivo y lo negativo se incline a favor de lo primero.

Merry Christmas and Happy New Year!

16 diciembre 2007

Los que casi ganamos

Como ya vine anunciando en sucesivas ocasiones en los últimos tiempos, finalmente ayer, sábado 15 de diciembre de 2007, tuvo lugar en el Auditorio de Galicia, en Santiago de Compostela, la constitución del Colexio Oficial de Enxeñaría en Informática de Galicia.

En el acto de constitución, además de exponerse la labor que la comisión gestora, encargada de realizar las actividades necesarias para culminar la constitución del colegio desde la promulgación de la ley de su creación hace ahora casi un año, se aprobaron los estatutos del mismo (junto con la totalidad de las enmiendas que se habían presentado al texto), y se realizaron las votaciones para elegir la primera junta directiva. De entre las dos candidaturas que se presentaban, una liderada por Fernando Suárez Lorenzo y la otra encabezada por María José Durán Domínguez, resultó elegida la primera, por un estrechísimo margen de 3 votos. No obstante el resultado, la victoria más importante de ayer fue para la colectividad gallega de ingenieros e ingenieras en informática, que demostró con su participación su grado de implicación, su voluntad de colaboración, su compromiso con la mejora de su profesión.

Igualdad tan pareja en los respaldos granjeados por cada uno de los grupos aspirantes se interpretó en líneas generales como un excelente síntoma de salud democrática, desvelando un escenario tan inesperado como interesante. El sabor dejado en ambos casos es, con todo, agridulce. Para los que tendrán que tomar las riendas y arrancar este importante proyecto, por saber que, añadidas a todas las responsabilidades que desde ayer asumen, tendrán la de convencer con sus actuaciones a esa otra mitad de los colegiados, a quienes no convencieron con el discurso de promesas de su campaña. Y para los que, con iguales dosis de ilusión y ganas de trabajar se quedaron en que casi ganaron, porque el verse librados de esas mismas responsabilidades es para ellos un pobre consuelo, ínfimamente suavizado por los corteses ofrecimientos de colaboración intercambiados tras hacerse público el escrutinio.

Sea como fuere, esta entrada no es un punto y final, sino sólo un punto y seguido. Esperemos que haya muchas y buenas cosas que comentar al respecto de este nuestro recién estrenado colegio profesional que, no siendo nunca tarde con buena dicha, ha comenzado su andadura.

09 diciembre 2007

Man of science, man of faith

Para no decepcionar a los seguidores de Lost, me apresuraré a aclarar que esta entrada no tiene nada que ver con la popular serie de TV (cuyo regreso se espera ávidamente, aunque se haya visto tambaleado por la huelga de guionistas). Simplemente he elegido como título el del primer episodio de la segunda temporada porque me ha parecido muy al caso de lo que vengo a compartir hoy.

No sabría precisar en qué momento los niños comienzan a comprender el concepto de vida y, por extensión, el de muerte. No soy capaz de recordar en qué momento lo hice yo. Mi infancia y adolescencia transcurrieron tranquilas en ese aspecto, de suerte que el abuelo que no conocí había muerto antes de nacer yo, y quienes le han seguido después, por causas naturales o no, lo hicieron más de veinte años más tarde. He de reconocer, sin embargo, que los veranos que pasaba en aquella casa de la aldea, era raro ver todos aquellos portarretratos en los que una mujer joven que guardaba cierto parecido con mi abuela compartía tonos sepia con un hombre completamente desconocido. Pero en realidad era igual de raro que ver a mis tías convertidas en niñas de mi edad, en las mismas fotografías. Los domingos de fiesta, después de misa, mientras las niñas, ya mujeres, ponían flores ante el mármol grabado con el nombre de aquel hombre, mis primos y yo nos entreteníamos buscando la lápida del habitante más longevo de aquel lugar. Y aunque algunos nichos estaban acompañados de fotos, y algunas fotos eran a su vez de niños, nunca conseguí ver la muerte como algo cercano, como algo suficientemente amenazador como para que me amedrentase.

No se me entienda mal. No seré yo quien afirme no tener miedo a la muerte, a pesar de que la famosa frase de Epicuro ("Mientras existimos, la muerte no está presente; y cuando llega la muerte, nosotros ya no existimos") me hizo reflexionar mucho en su día, convenciéndome de lo inútil del sentimiento de desasosiego que despierta pensar que el universo seguirá girando y girando largo tiempo después de que una misma se haya extinguido. Con todo, creo que no es nada más que un instinto egoísta el que despierta esa desazón por "perderse" todo lo que vendrá después. En cualquier caso, y sin meternos en discusiones de corte religioso, de lo que no comulgo es de esas historias que todos hemos oído alguna vez relacionadas de uno u otro modo con la muerte: espíritus, apariciones, encantamientos... fenómenos paranormales varios.

Será que nunca he tenido la suerte o la desgracia de experimentar uno de ellos, o simplemente que en este terreno soy más escéptica que santo Tomás. ¿Y usted, lector/a o visitante, qué opina al respecto? ¿Ha vivido en primera persona algún suceso de esta índole para el que no encuentre explicación racional? ¿Guarda una ouija que no se atreve a desempolvar en algún rincón de su casa? ¿Se manifiesta una presencia en una antigua propiedad de su familia? ¿Se considera un hombre/mujer de ciencia o de fe? ¡Por favor, compártalo con nosotros!

05 diciembre 2007

Todos los caminos llevan a Roma

De todos es sabido que una de las grandes contribuciones del imperio romano fue la red de comunicaciones que construyeron, las famosas calzadas romanas. Restos de ellas aún se conservan hoy en día y, supuestamente, el dicho popular "todos los caminos llevan a Roma" tendría su origen en aquel entonces.

Cabría pensar que, desde el descubrimiento de que Finisterre no era tal hasta el día de hoy, en que navegamos por las llamadas autopistas de la información, semejante muletilla habría quedado más que obsoleta. Pero no se vayan a creer. Y es que... ¿a que no sabían que existe una Roma (casi) en cada continente?

Lo del casi está puesto a regañadientes porque supuestamente hay una Roma en cada uno de los cinco continentes (sin despreciar a la Antártida, que carece de todo núcleo urbano como tal), pero no he sido capaz de encontrar información sustancial sobre la asiática. Cualquier pista es bienvenida, como lo es cualquier repetición del fenómeno con otros nombres de ciudades o accidentes geográficos :-).