09 enero 2008

Por alusiones

En una de las etapas de mayor (pero no por ello menos típica) inseguridad que viví en mi adolescencia, una de mis fantasías irrealizables más repetidas era abandonar mi cuerpo y levitar entre los demás, invisible cual fantasmagórico ente, para saber qué pensaban realmente de mí, para meterme en sus cabezas y verme con sus ojos. Con el tiempo aprendí lo que era evidente: que cómo nos ven los demás depende en gran medida de cómo nos vemos a nosotros mismos, y también que nuestra propia autoconcepción no debería depender de cómo otros puedan juzgarnos. Con todo, no puedo evitar que ciertas personas/situaciones resuciten en mí ese viejo anhelo muy de cuando en vez.

Suele ocurrir que cuando alcanzamos la madurez suficiente como para comprender lo que comentaba, somos también capaces de transmitir nuestra visión de los demás (y de nosotros mismos) de una manera más abierta y sincera. Es por ello que no seré hipócrita aquí ignorando el hecho de que no publicaría este post si no fuese porque la honestidad brutal que un emigrado compañero ha vertido en su blog me deja en bastante buen lugar. Una cosa es que aprendamos que somos como trabajamos día a día para ser, y otra muy distinta afirmar tanto que una opinión crítica o disonante con respecto a uno no produce ni siquiera un mínimo escozorcillo, como que no nos guste que nos den cera de vez en cuando :-).

En lo que se refiere a la iniciativa de la honestidad radical, me temo que es fácilmente tergiversable y derivable en el desahogo indiscriminado. Es fácil asociar "esas pequeñas mentiras" que todos contamos alguna vez con la represión de los sentimientos que nos despiertan quienes no nos caen simpáticos, con la frustración de una vida conducida hacia fines o metas que no nos llenan realmente, con la presión de un entorno social demasiado exigente. De la supuesta liberación de esas cotidianas verdades a medias a la rienda suelta del veneno de una lengua viperina hay un muy pequeño paso. Por mi parte, soy de la opinión de que cierto tipo de "verdades a medias" son más bien inofensivas, incluso beneficiosas, antes perjudiciales. Todo depende, como siempre, de la motivación más profunda que las origina e, inevitablemente, del efecto que provocan. Lo malo es que no siempre somos totalmente conscientes de la primera y que lo segundo suele ser desgraciadamente impredecible.

5 comentarios:

  1. Ays lo malo de verter opiniones sinceras, aunque sea sin mala intención, es lo que dices, que nunca sabes como se podran interpretar y las buenas intenciones se acaban convirtiendo en un mal rollo que nadie buscaba ni pretendía.

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  2. Acabo de llegar a casa tras un viaje de trabajo de una semana y me has dado una sorpresa con esta entrada en el blog.

    Siento haberte hecho sentir incómoda; no era mi intención. No estoy seguro de haber entendido esta entrada en el blog. En particular, la frase "De la supuesta liberación de esas cotidianas verdades a medias a la rienda suelta del veneno de una lengua viperina hay un muy pequeño paso".

    Si el contexto es la entrada que hice en mi blog, estoy confuso. No siento ninguna enemistad por ninguno de las personas a las que menciono. Al contrario, todos ellos me han ayudado en un momento u otro y les estoy agradecido. Tú por encima de todos.

    Me sorprende que mis opiniones te afecten, sobre todo negativamente. Si no me cayeras bien no hubiera pasado una hora chateando contigo en año nuevo. Otra cosa es que tengo el tacto de un camello viejo. Mea culpa.

    Espero que el malestar que te he causado haya sido pasajero.

    Un abrazo,

    Rigel

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  3. Rigel, me temo que no me he sabido expresar para nada en esta entrada, pues en ningún caso quería trasmitir que tu post me hubiese hecho sentir incómoda, ¡ni mucho menos! Antes al contrario :-D.

    En cuanto a la frase que entrecomillas, no tiene contexto alguno. Forma parte de mis divagaciones mentales sobre la corriente de la honestidad brutal. Intentaba expresar mi opinión al respecto: creo aunque la intención pueda ser buena, es muy fácil que si alguien la usa sin la convicción adecuada pueda pasar de simplemente decir lo que piensa de un modo neutro (que sería lo adecuado) a decirlo dando rienda suelta a bajas pasiones que acaben aliñando las confesiones con intenciones de hacer daño al otro. ¡Para nada intentaba insinuar que hubiera sido tu caso!

    Espero haber desfazido este malententuerto ;-).

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  4. ¡Ay, qué alivio! Andaba preocupado de haber fastidiado a una amiga. Ahora entiendo lo que querías decir.

    Un abrazo,

    Rigel

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  5. Bueno, por lo menos nos ha servido para mostrar cómo contrarrestar lo que comentaba Jandro en el primer comentario: hablando (antes o después) se entiende la gente ;-).

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