13 marzo 2008

Lámparas y velas

Y casi como me vine, prácticamente me voy. Bueno, no exactamente; un poco más culturizada, que ya se sabe que eso de viajar siempre enriquece. Y con mucho y provechoso trabajo a mis espaldas, cumpliendo las expectativas creadas antes de venir, lo cual también es algo muy positivo.

Como mañana abandonaré la residencia para irme a un hotel y el sábado abandonaré ese hotel para irme a otro (al primero a causa de la alta ocupación de la residencia, y al segundo por la combinación de la temprana hora de mi primer vuelo de regreso el domingo, la ausencia de transporte público a esas intempestivas horas y la alta cotización de los taxis locales), supongo que este es mi post de despedida de Göteborg (al menos por esta ocasión). Así pues, evocando una lámpara que se apaga o una vela cuya llama se sopla... precisamente digo adiós compartiendo una curiosidad en la que reparé desde prácticamente el primer día, pero que he ido dejando en el tintero por hache o por be.

Y es que ocurren dos cosas misteriosas (al menos en esta ciudad) que involucran lámparas y velas. Las primeras, se sitúan en la práctica totalidad de las casas, pisos, apartamentos y demás residencias, inevitablemente delante de las ventanas. Es virtualmente una misión imposible izar la vista sobre un alféizar y no toparse con una lámpara (a partir del ocaso siempre encendida, por supuesto). Lo único que puedo decir en defensa de tal derroche de luminosidad (que probablemente esté relacionado con la latitud y época del año en la que nos encontramos) es que las bombillas son siempre de bajo consumo. Pero no deja de ser llamativo, sobre todo si se combina con el completo desconocimiento de la tecnología comúnmente conocida como persiana, lo cual convierte cada edificio casi en un 13 Rue del Percebe.

Después están las velas. Encendidas, claro. Tamaño generoso, pero apenas unos centímetros de alto. En las aceras, a ambos lados de las puertas de cafeterías y restaurantes. No en todos, esta vez no, pero sí en diferentes tipos de establecimientos y en distintas zonas de la ciudad, así que no he logrado dar con un patrón que lo justifique. No importa si está despejado o llueve, intuyo que también estarían ahí si nevase. Si alguien sabe a qué responde esta costumbre, no deje de compartirlo conmigo :-). Entretanto... adjö!

No hay comentarios:

Publicar un comentario