30 junio 2008

UEFA'08 European Champion: Spain!

Almost two years ago I published here one of the few sport-related posts in this blog. The occasion deserved it, of course: Spain had just won the World basketball championship. As my last words, on that entry I wrote: "I wish I am wrong", referring to the low expectancies about our national football team achieving something as memorable in the near future.

Well, today I am here to very happily acknowledge how wrong I was, just as I hoped (but certainly not expected). Not only the Spanish team won the European football championship yesterday, but they have been showing they deserved to since the competition started a few weeks ago. Thus, cheers to them all!!

P.S. For those of you who have been watching the matches, have enjoyed the outstanding performance of these guys, and also suffered the incredible penalty shootings against Italy in the quarter finals, you might want to sign up here! X-D

Update: Please, please do not miss Reina's performance during the celebration! X'-D

17 junio 2008

Problemática lingüística

Hace tiempo que quería publicar una entrada sobre este tema. Quizás lo propio habría sido hacerlo en una fecha con algún tipo de significado, pero pensándolo mejor creo que un día cualquiera es tan bueno como cualquier otro.

Digamos que con "problemática lingüística" quiero referirme a las polémicas y controversias (ya auténticas, ya instigadas) que de un modo un tanto cíclico y con variaciones en su nivel de virulencia salpican la actualidad de nuestro día a día, referentes a la interacción y convivencia del castellano y las lenguas cooficiales. Vaya por delante que lo que sigue no es ni un análisis objetivo del tema ni una exposición de soluciones infalibles, sino simple y llanamente, mi experiencia personal y mi opinión.

Quienes me conocen saben que, pese a ser de ascendencia gallega, nací y crecí en un pueblecito allá por el centro de la península, de esos desde los que, se mire en la dirección donde se mire, la vista no alcanza el horizonte. No obstante, desde que tengo memoria, todos los años huíamos del sofocante verano de la meseta, en un viaje de seiscientos quilómetros hacia el noroeste. No sabría decir con exactitud cuándo me di cuenta de que había entre ambos lugares elementos diferenciadores que iban más allá de los verdes campos y de la empanada, o características intrínsecas a la gente más allá de la forma de ganarse la vida o de disfrutar de su tiempo libre. Probablemente fue el primer día de clase, un mes de septiembre a finales de los ochenta, cuando la profesora nos preguntaba, como cada inicio de curso, qué habíamos hecho en las vacaciones. Casi todos los niños y niñas éramos hijos de modestas familias trabajadoras, significando ello que prácticamente ninguna de ellas era autóctona y que sus procedencias apuntaban a cuantos lugares de la geografía española una pueda enumerar. Ese año, la profesora nos debió juzgar ya suficientemente mayores como para no dar por bueno un simple "He estado en la playa" o "He ido a casa de mis abuelos", y nos preguntó por esas cosas especiales de los diferentes sitios en los que cada uno había estado. Recuerdo claramente lo que sentí cuando me tocó el turno y no supe qué decir: fue vergüenza. Los demás habían bailado sardanas y jotas, chapurreado alguna palabra que jamás había oído, hablado de gazpachos y pescaditos fritos... La puntilla la puso un compañero de padres ourensanos a quien se le dio por sacarme del aprieto arrancándose con una muiñeira.

Uno de los motivos, probablemente el más importante, por los que he tratado siempre de ser aplicada desde pequeña, sin que mediase castigo o recompensa, es sencillamente el sentimiento de bochorno, sonrojo y rubor que me provoca el ser consciente de poder/deber saber algo y no hacerlo. Es como si fuese consciente, a un nivel casi subconsciente, del tremendo valor que reside en el conocimiento, que a todos nos iguala, que no depende de nuestra talla, nuestro sexo o nuestra condición social. Ese curso aprendimos las comunidades autónomas, y descubrí que no sólo se hablaba castellano en ellas, sino que había algunas en las que sus habitantes tenían otros idiomas, igual que los franceses hablaban francés, italiano los italianos y los ingleses ese inglés que habíamos empezado a balbucear dos horas por semana. Y aunque nunca me atreví a preguntarlo, me parecía algo cuando menos extraño estudiar un idioma que se hablaba en otro país y no uno con el que acudía a encontrarme verano tras verano. Entendía que había muchas cosas importantes que aprender: matemáticas, ciencias naturales, ciencias sociales... pero ¿por qué había grupos de kárate o de ballet después de clase, y sin embargo no había posibilidad de estudiar gallego, euskera o catalán?

A raíz de lo que aprendí aquel año, empecé a darme cuenta de que mis padres hablaban de otra manera cuando sonaba el teléfono llamando desde la vieja Galicia. Que las conversaciones de los mayores en la larga sobremesa de las fiestas de verano poco tenían en común a cómo se dirigían, ya no sólo a mí, sino a todos mis primos en general. No podía entonces saber que la diglosia era quien separaba, implacable, un nuevo par de generaciones. Tiempo más tarde los devenires de la vida nos trajeron de vuelta a las tierras de Rosalía, donde ya sí pude estudiar no sólo el idioma, sino su literatura. Sin embargo, el daño ya estaba hecho: a pesar de que sí lo hago con mis alumnos en clase, hablar en gallego con mi madre, aun siendo para ella su lengua materna, sería para ambas tan extraño como hacerlo en inglés.

Mas el problema no es sólo intergeneracional. Vivir el 100% del tiempo en gallego, en Galicia, es sencillamente imposible, lo veo en segunda persona: ya no se trata sólo de que un Xabier sea la gran mayoría de las veces tratado como Javier, o de que la normativa de normalización se transgreda en ocasiones desde la propia administración. Se trata de que no te entiendan si pides algo tan simple e inocente como "flocos de millo", o de que directamente te pregunten si "non entendes" si pides un formulario en gallego... Y hay quien se empeña en insistir en que la gente no habla gallego porque no quiere, o porque el destino o quizás un ser superior ha decidido que es una lengua destinada a morir. Los mismos que se sienten manifiestamente ofendidos por iniciativas destinadas a corregir una situación injusta (que probablemente tampoco entenderían el concepto y finalidad de la mal llamada "discriminación positiva").

No puedo evitar echar la vista atrás y pensar lo sencillo que se veía todo a través de mis ojos de niña: si son todas lenguas que se hablan en mi país, ¿por qué no las estudiamos? Si me aprendo todas las provincias, con sus montes y sus ríos, sus golfos y sus cabos, ¿no es más importante si cabe saber cómo hablan allí, ser capaz de comunicarme con todos los habitantes de mi misma nacionalidad? ¿No debería ser eso más prioritario que ser capaz de hablar con gentes de otros países? ¿No sería, al menos, más útil para mucha más gente? ¿No nos uniría a todos, en lugar de diferenciarnos? ¿No nos enriquecería, no nos haría valorar mejor aún nuestra heterogénea cultura? ¿No nos haría, incluso, mejores personas?

16 junio 2008

Asiayu

No hace ni un mes que comentaba por estas latitudes las bondades de lo que se perfilaba como alternativa al que, en su día, fue primer y único restaurante de comida japonesa en A Coruña. Pues bien, aunque la primavera esté ya próxima a abandonarnos, parece que la cocina asiática está floreciendo como champiñones (o, más propiamente, setas chinas) en esta ciudad, para regocijo de quienes disfrutamos con este tipo de gastronomía.

Así, poco después de saber de la existencia del Toyama, supimos que un nuevo restaurante oriental había abierto sus puertas en el mismísimo paseo marítimo: el Asiayu. Ni cortos ni perezosos, en cuanto hemos tenido ocasión (es decir, excusa), nos hemos lanzado a catarlo. Como suele acontecer con este tipo de locales, su manotazo al bolsillo no es despreciable, aunque por suerte hay un par de menús diarios bastante económicos (9 y 10 €), así como algunos menús degustación para compartir. Decantándonos por uno de estos últimos, pudimos saborear unos muy ricos buñuelos de gambas como aperitivo, sushi y sashimi de atún y salmón que supieron a poco como entrante, y como platos fuertes ternera estilo Sze Chuan, pollo estilo Thai y pato estilo japonés. Quienes hayan probado el ku-bak en cualquier restaurante chino, les servirá de referencia para saber cómo estaba preparada la ternera, que venía acompañada de un arroz con setas muy ligero y sabroso. El pollo estilo Thai estaba simplemente exquisito, ligeramente caramelizado, tenía un intenso sabor especiado con toques de menta. Personalmente, lo que menos me gustó fue el pato, pero el postre de flan de té verde supo dejarme un buen sabor de boca. En definitiva, una opción más que añadir a nuestra lista de restaurantes exóticos, ¡que promete seguir ampliándose próximamente!

¡Ah! Y para los motorizados, el estacionamiento en el aparcamiento subterráneo de la calle Rubine es gratuito para los clientes.

11 junio 2008

A vueltas con la Chacón

Se publica hoy en El País una carta de una lectora que se muestra en desacuerdo con el contenido de una carta anterior publicada en el mismo diario el domingo pasado.

Las traigo a colación porque tanto la una en su crítica como la posterior en su crítica a la crítica, consiguen obviar completamente el quid de la cuestión. A la primera no le parece bien que la ministra de defensa Carme Chacón, que ha sido recientemente madre por primera vez, decida voluntariamente rebajarse a la mitad el ya de por sí escaso permiso de maternidad a la que las españolas tenemos derecho (cuatro meses, de los cuales seis semanas son "obligatorias"). A la otra, no obstante, le parece muy apropiado que lo haga para "compartir" esa baja con su marido, quien tiene derecho únicamente a trece exiguos días.

Ceder parte de las 16 semanas de baja que corresponden a una parturienta es posible en virtud de la Ley Orgánica 39/1999, de 5 de noviembre, para promover la conciliación de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras, que establece que 10 de esas semanas pueden ser, a potestad de la beneficiaria, transferidas en todo o en parte al padre, ya sea de forma simultánea, desde el inicio de su propio permiso, o bien sucesiva, tomando el relevo. Tan brillante idea no es más que un absurdo parche que no palía en absoluto la precariedad de las bajas por maternidad, por mucho que la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, prevea que se vayan ampliando los mencionados trece días, de manera progresiva durante los próximos seis años, hasta alcanzar al increíble cifra de un mes.

Después de saber que en otros países europeos ambos progenitores pueden disfrutar de permisos de varios meses, incluso en ocasiones superiores al año, no puedo evitar un sonrojo al pensar que en estas latitudes hay quien se vanagloria de los logros conseguidos. Obvio es que hace veinte años estábamos peor, pero aún queda mucho por mejorar. Probablemente no podamos aspirar a ponernos al nivel de algunos de nuestros colegas nórdicos, pero lo menos que podemos exigir es que se equiparen (al alza, desde luego) estos mal llamados "períodos de descanso" en ambos progenitores, en lugar de ofrecerles la irrisoria posibilidad de repartir el de uno de ellos.

10 junio 2008

La mejor naranja

Quizás sea mucho decir que se trata de la mejor naranja que se pueda encontrar, pero el género entregado a domicilio por Luis Serra y familia, responsables de la web www.lamejornaranja.com, están como mínimo al nivel de las mejores naranjas que podamos encontrar en el supermercado o frutería de turno. ¿Cuál es la ventaja, pues, de comprar naranjas por internet?

En plena polémica por la huelga de transportistas, y con la mente siempre revoloteando en torno a la vida fácil de los intermediarios, comprar algo directamente a quienes lo trabajan y producen hace sentir la mar de bien. Pensar que los 26 € que se pagan por cada caja de 15 kilos van a parar íntegramente a manos de quien ha cuidado durante meses, y luego seleccionado y recogido el producto, le da un carácter diferente a hacer la compra. Y si encima la transacción se produce en un ambiente de completa confianza en el cliente, que recibe la mercancía en su domicilio antes de haber desembolsado un solo céntimo, entonces sólo resta quitarse el sombrero.

Fue hace ahora más de tres meses y medio cuando nos animamos a probar por primera vez, y desde entonces la vitamina C no entra en nuestra casa de otro modo. La única pega es que a estas alturas del año, ya finalizada la temporada de recolección, el servicio se suspende hasta octubre, cuando las primeras mandarinas tempraneras empiecen a estar listas...

Entretanto, para los que les gane el escepticismo a pesar de los testimonios favorables (y la continuidad) de la mayor parte de quienes han hecho la prueba, he aquí unos cuantos datos significativos. El precio por kilo de lamejornaranja.com sale a algo menos de 1'75 €, precio generalmente mejorable (hasta en 65 céntimos aproximadamente) por ofertas en supermercados y fruterías. No obstante, no es oro todo lo que reluce ni es ésa la única cifra a recordar: una caja nos duró a calvaris y a mí un mes exacto, haciendo un buen vaso de zumo por cabeza cada mañana. Con naranjas más baratas (y más pequeñas) compradas en el ultramarinos, utilizábamos para hacer los zumos 7-8 unidades, frente a las 4-5 que empleamos ahora. Antes comprábamos naranjas en el súper un par de veces a la semana, a razón de 2/4 kilos por compra, lo que hace prácticamente que la cantidad consumida al cabo de 4 semanas, en peso, fuese antes un 60% superior. Dicho de otro modo, para el mismo período de tiempo, necesitábamos casi dos tercios más de naranjas de oferta de las que empleamos ahora, con lo cual, como podréis suponer, de oferta, nada de nada. Y es que a veces los refranes tienen razón, y lo barato puede acabar saliendo caro :-).