31 octubre 2008

DealExtreme

DealExtreme En mi último post mencionaba un sitio web llamado DealExtreme. Cualquiera que haya tenido la curiosidad de hacer clic en el link se habrá encontrado con una tienda online gigantesca, llena de todo tipo de cachivaches a precio de saldo. El alter ego de los "Todo a 100"/"Superchino" en el mundo virtual.

Como ya explicaba parrulo (quien, por cierto, está hoy de cumpleaños, ¡felicidades otra vez!) hace unos meses en su propio blog, en este lugar puede encontrarse casi cualquier chorrada que a una se le ocurra, y además algún otro tipo de frikadas más o menos útiles. Rebuscando, incluso pueden encontrarse productos realmente interesantes, como baterías para cámaras de fotos o todo tipo de cables y conectores. No obstante, lo increíble del lugar no se queda en su ridículo precio, ni siquiera en el hecho de que la forma de pago sea a través PayPal, sino en que no se cobran gastos de envío. ¿El truco? Bueno, el envío se realiza por correo postal normal, así que puede tardar unas tres semanas en llegar.

Eso sí, las comparaciones con respecto a las tiendas chinas de barrio se sostienen en todas sus dimensiones: no esperen una gran calidad. El pedido llegará correctamente, pero lo adquirido podría no funcionar, dejar de hacerlo en los dos minutos siguientes a su recepción, o tener un tiempo de vida más o menos razonable en el mejor de los casos. Aún así... ¡es difícil resistir la tentación de no hacer la prueba!

28 octubre 2008

Canon IXUS 970 IS

Canon IXUS 970 IS Quienes hayan echado un vistazo a los detalles de las fotos de Vigo, a las de Victoria o a las de Helsinki que he subido recientemente a mi página de Flickr es posible que se hayan dado cuenta de que las he sacado con una nueva cámara: una Canon IXUS 970 IS, que me acompaña desde hace ya casi dos meses.

Realmente, no es que fuese tiempo de jubilar y decirle adiós a mi anterior Canon PowerShot A530, que apenas llevaba conmigo un par de años y medio, pero uno de esos fenómenos que yo denomino "herencia por renovación" que se producen con frecuencia entre hermanos, en esta ocasión inducido por la necesidad del menor de adquirir su propia cámara fotográfica, desembocó finalmente en la adquisición de una moderna IXUS :-D.

La verdad es que estuve dudando varias semanas si dar el salto de la fotografía esporádica a la fotografía aficionada tomada algo más en serio. Mi candidata más firme para ese propósito era la Canon PowerShot S5 IS, pero al final la sensatez se impuso sobre los deseos de grandeza.

Frente a mi antigua cámara, la IXUS 970 IS ha supuesto, entre otras cosas, lo siguiente:

  • 6 megapíxeles más, que suponen poder pasar de imprimir una foto a tamaño A4 a poder hacerlo en tamaño A2
  • 1 aumento óptico más, que en concreto significará poder acercar elementos distantes un 32%
  • estabilizador de imagen, probablemente el elemento diferenciador más importante, que debería ampliar significativamente el rango de escenarios (por ejemplo, en condiciones de escasa luminosidad o en movimiento) en los que obtener buenas instantáneas con éxito
  • reducción de tamaño y peso, siendo más significativa la primera, con 10 centímetros cúbicos, frente a apenas 15 gramos menos
  • cambio de pilas a batería de litio, que de momento se está traduciendo en una mayor comodidad, aunque es de esperar que con el tiempo la autonomía se vaya reduciendo; entonces, será el momento de rebuscar en DealExtreme...

Como siempre, lo único que no gusta de las pequeñas y ligeras IXUS, cuyo nivel técnico ha alcanzado con este modelo cotas más que aceptables, es el económico, incluso buscando la mejor oferta online. En fin, ¡supongo que habrá que sacar muchas fotos para amortizarla!

27 octubre 2008

Helsinki

Helsinki Market SquareYa estoy de vuelta en Göteborg después de un fin de semana en el país vecino. La verdad es que tenían razón quienes me dijeron que era tiempo suficiente para ver lo más destacado, y también quienes opinaron que era una pequeña y bonita ciudad.

Curiosamente, aunque el termómetro marcaba normalmente un par de grados más que aquí, la sensación térmica fue en todo momento mucho menor, muy probablemente a causa del viento. Por suerte, el sábado tuvimos un día bastante pacífico, donde el sol llegó a brillar entre las nubes en bastantes momentos del día, así que tuve la oportunidad de hacerme con un buen conjunto de instantáneas de la capital finlandesa. También pude degustar algunos de los platos típicos, como poronkäristys (carne de reno con puré de patatas y frutos del bosque), lohikeitto (cremosa sopa de salmón y patata), o juustoleipa (queso típico de Laponia). La primera me resultó un tanto seca y el último tenía una textura realmente extraña, pero la sopa merece realmente la pena probarla.

Por lo demás, las similitudes entre Suecia y Finlandia son evidentes, como cabía esperar. El tipo de ciudades, su distribución, su fisonomía, su arquitectura... y aunque prestando atención se puede llegar a distinguir entre sus habitantes, su carácter y costumbres también son muy similares. En fin, kiitos a quienes nos atendieron durante el fin de semana y moi, moi!

24 octubre 2008

Finlandia, el país que crece entre los árboles

Este fin de semana ha empezado con un poco de adelanto para mí, que me he tomado el viernes libre (con permiso, por supuesto) para, aprovechando que estoy en escandinavia, volar a Finlandia y visitar Helsinki.

El vuelo directo desde Göteborg, el primero de la mañana, con Blue1, transcurrió sin incidencias y, como sólo me he traído una mochila, apenas unos minutos después de aterrizar (con un cuarto de hora de adelanto sobre el horario previsto) ya estaba en el autobús 615 con destino al centro. Escasos treinta minutos son necesarios para poner el pie en el mismo Rautatientori.

La crónica sobre la ciudad, probablemente el lunes, cuando ya esté de regreso en Suecia. Aunque la verdad, estando absolutamente todo en finlandés y en sueco, en cierto modo parece que no haya dejado el país vecino. Es curioso, pero aunque la temperatura es un par de grados más elevada que en Göteborg, la sensación térmica en Helsinki es de bastante más frío, así que por fin le daré uso a bufanda, gorro y guantes.

Mi primera impresión, no obstante, sobre este país con poco más de cinco millones de habitantes (un millón de personas menos de las que viven en la comunidad de Madrid) y apenas medio millón en la capital, tiene que ver con el paisaje que se observa desde el aire al aproximarse a esta ciudad del Báltico. La cantidad de superficie de bosque es tal que los árboles, altos y delgados, parecen dominarlo todo, de suerte que son las edificaciones, las casas, las carreteras, las que parecen pugnar por un espacio propio. Hay otros países en los que abunda la vegetación, por supuesto, pero de alguna manera, sobre todo en las proximidades de los lugares tocados por la mano del hombre, la naturaleza parece haber sido en cierto modo domada, los árboles siguiendo las líneas de las autopistas, decorando los jardines, formando parte de un paisaje bello y ordenado. Finlandia parece carecer de ese control sobre dicha naturaleza, que impone así su voluntad acerca de cómo, cuándo y dónde decide hacer su aparición...

21 octubre 2008

Slacker Uprising

Dentro de exactamente dos semanas, el martes 4 de noviembre, se celebrarán elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Durante meses, la incertidumbre con respecto a su posible resultado ha estado campando a su antojo a lo largo y ancho de los medios de comunicación, tanto estadounidenses como internacionales. Sin embargo, me da la impresión de que, desde hace relativamente poco, más y más lanzas están cayendo del lado del candidato demócrata, Barack H. Obama. Juzguen por sí mismos: sólo esta semana, le han apoyado públicamente personajes tan diversos como Eric Schmidt (presidente de Google y miembro del consejo de administración de Apple) y el ex-secretario de estado Colin Powell (nombrado en su día por el propio George W. Bush). Para poner la guinda, hasta el Houston Chronicle, el rotativo local de mayor tirada de Houston (corazón de la republicana Texas, donde el petróleo no se llama petróleo sino texan tee) y uno de los diez más importantes del país, que sigo ojeando de cuando en vez aunque ya hace dos años de mi estancia por aquellas latitudes, se ha proclamado a su favor en su editorial (algo que ya habían hecho otros grandes diarios norteamericanos).

Quién sabe si esta serie de guiños se corresponden con algo más que la tendencia final en las encuestas durante las últimas semanas antes de la cita electoral, o si por el contrario refleja realmente la voluntad de quienes se hayan detrás de ellos. De ser el caso, quizás podría marcar la diferencia con respecto a las últimas elecciones. Que de la alternancia que de ello se derive nazca realmente un gobierno diferente que lleve a la práctica el cambio que ha servido de lema a su campaña, sólo el tiempo lo dirá, y el resto del mundo será, como siempre, su espectador.

Sea como fuere, el título de mi entrada de hoy coincide con el del documental que el controvertido Michael Moore difunde a propósito de la convocatoria a urnas, quizás con la intención de que, quienes en él se vean reflejados, recuperen parte del coraje que hace cuatro años les hizo sumarse a su iniciativa de movilización del electorado más joven. Dicho documental puede verse y descargarse desde la web del mismo nombre, aunque la descarga sólo es gratuita desde USA y Canadá. Por supuesto, a estas alturas está también disponible en Youtube y Google Video. Si alguien quiere una copia de buena calidad, que no dude en pedírmela (efectos colaterales de mi reciente visita a Victoria ;-)). Aunque poca relevancia puede tener el ya caduco enfrentamiento Bush-Kerry, el visionado del reportaje es en cualquier caso recomendable.

19 octubre 2008

Dilema moral: ¿cuán ético eres? (9a entrega)

El post de ayer me ha hecho darme cuenta de cuánto tiempo ha pasado ya desde la última entrega de la serie de entradas que, algunos domingos, estaban destinadas a compartir reflexiones sobre distintos temas íntimamente relacionados con la moral y la ética. En ellos, aunque no han sido muchos, ya habían aparecido temas de debate habitual, como el aborto o la eutanasia, otros de cariz más genérico, como la tolerancia, la libertad de expresión y la democracia, y algunos casos concretos que exploraban nuestras reacciones ante diferentes escenarios hipotéticos.

Hoy quiero recuperar esta serie con una nueva propuesta, al hilo de mis reflexiones sobre nuestras ideas, motivaciones y metas, y las de nuestros semejantes. Según el filósofo racionalista holandés Spinoza, los valores personales son en realidad productos creados por el hombre, invenciones humanas poco menos que arbitrarias. Dicho de otro modo, en la vida, aquéllo que buscamos, que nos mueve o en lo que creemos, no es una elección nuestra basada en la bondad del propio objetivo, método o pensamiento, sino que nos convencemos a nosotros mismos de que es bueno porque es en lo que creemos, porque es nuestra manera de hacer las cosas, porque es nuestro propósito.

Por supuesto, esta fue una de sus afirmaciones más polémicas y, desde entonces, muchos pensadores han afirmado exactamente lo contrario: que no juzgamos que algo es bueno porque lo perseguimos, nos motiva o creemos en ello, sino que sostenemos, nos impulsamos o buscamos aquéllo que juzgamos que es lo correcto.

¿Y tú, cuál crees que es tu caso? ¿Te has parado a pensar alguna vez si te guías por aquéllo que consideras adecuado, o si simplemente crees que tus principios son los adecuados porque son los que tú persigues?

18 octubre 2008

Cada vez más cerca... y cada vez más lejos

Se dice, aunque tal vez sea una de esas frases que se repiten hasta la saciedad por lo bien que suenan, que las nuevas tecnologías nos unen cada vez más. Que Internet, sin ir más lejos, nos acerca información que de otra manera jamás llegaría a nosotros. Las comunidades sociales que cada día nacen gracias a ella conectan gentes que, de otro modo, nunca habrían sabido unas de otras. Y sin embargo, a mí en ocasiones me produce una sensación de desasosiego, una impresión de lejanía, un sentimiento triste y desapegado.

También se dice, y probablemente es otra de esas citas que se convierten en muletillas, que la ignorancia es la felicidad. Que el conocimiento y la sabiduría no hacen más feliz al más erudito. Que quien desconoce, a veces, en su burbuja, ajeno a los males y peligros que lo acechan, vive más contento. Y es eso precisamente lo que, a veces, llego a pensar cuanta más información manejo y cuanta más gente conozco.

Con todo, bien pensado, no es la información en sí la que induce ese estado. Ni son las personas las que provocan esa reacción. Ese asombro inicial, la incredulidad que lo sucede, y la impotencia que lo culmina, en gran medida se deben a un ingenuo esquema que se oculta en algún rincón de la mente, que nos lleva a pensar que el progreso técnico ha de ir necesariamente emparejado con el progreso mental, personal y social. Como en aquellos cuentos e historietas que leía de pequeña, donde siempre había un final feliz. Como en los dibujos animados que veía después del colegio, donde siempre triunfaban los valores más humanos, la justicia y la razón.

Lo más curioso de todo es que, en ocasiones, aquéllo que más nos perturba es lo que resulta estar más cerca de nosotros. Entre las aparentes paradojas de la realidad en la que vivimos hoy, se encuentra el hecho de que nos podamos sentir mucho más identificados con elementos geográficamente tal vez muy distantes, pero con los que nos vemos intencional, filosófica o conceptualmente hermanados. Este supuesto contrasentido lo es, en parte, debido a las experiencias que parecen enseñarnos desde la infancia que lo más próximo es lo más similar a nosotros: compartimos rasgos físicos y de carácter con miembros de nuestra familia, forjamos nuestras primeras amistades basándonos en las más simples afinidades. Y por extensión, generalizamos inconcientemente y asumimos que en nuestro entorno, aquéllos con quienes compartimos ciertas características visibles, son candidatos a poseer otras que, libremente, nos otorgamos. Pero llega el momento en que nos damos cuenta del error, de que en realidad no es así, y nos preguntamos entonces cuál es el origen de nuestras diferencias y su relación con nuestras similitudes, atónitos al descubrir que las variables más obvias parecen, repentinamente, eliminadas de la ecuación.

En ese momento, perdidos todos los puntos de apoyo, sólo la pregunta permanece: ¿cómo? ¿por qué?

¿Cómo es posible que haya gente que comparta conmigo su rango de edad, su clase social, su entorno cotidiano... y que, por contra, exhiba unos valores, ideas, razonamientos completamente impropios, incomprensibles, inimaginables para mí? Por supuesto, no seré yo quien se proclame en posesión de verdad absoluta alguna en el terreno de la ética o la dialéctica. Pero es ésta, precisamente, una de las primeras grandes diferencias a que enfrentarse: otros semejantes sí se muestran absolutamente convencidos de su saber y creer, capaces de sostener la mirada, quién sabe si desafiantes o simplemente irreverentes, al mismísimo Sócrates. Y claro, partiendo de semejante piedra angular, es virtualmente imposible debatir serenamente sobre el pasado, sobre el presente o sobre el futuro, sobre personas o sobre cosas, sobre lo material o lo inmaterial. Ni qué decir tiene que la pena realmente no es lo arduo de la tarea... sino que sea yerma.

Dicho lo cual, en mi fuero interno sigo sabiendo, aunque no quiera reconocerlo, que, pese a todo, volveré a mirar en ese espejo, leyendo manifiestos insostenibles, asistiendo a conversaciones baldías... Frotándome los ojos, respirando hondo y haciendo acopio de todas mis fuerzas para no caer en el mismo saco y exponer otro punto de vista de la mejor forma que sé hacerlo. Quizás porque lo que más me inquieta es llegar a conocer la respuesta a esa pregunta permanente, a ese cómo, a ese por qué... y eso, aunque desvelarla me atrae tanto como me aterra: ¿y si no hay razón para tanta sinrazón? ¿Y si soy yo la que podría haber estado del otro lado del espejo?

17 octubre 2008

¿Fin de semana?

Pues sí, ya estamos virtualmente en fin de semana, el primero de los cinco que pasaré en Suecia esta vez, y apenas puedo creerlo. El tiempo da la impresión de ir más rápido cuando nos lo pasamos bien o cuando estamos completamente concentrados en lo que tenemos entre manos, y supongo que a mí me ha pasado una combinación de ambas cosas.

En cuanto al otro tiempo, el atmosférico, parece haberse reconciliado con estas latitudes para recibirme, pues el sol ha brillado en los cielos de Göteborg todos los días desde mi llegada, salvo el miércoles. La ciudad se ve preciosa con todos sus árboles luciendo una brillante gama de ocres, amarillos y rojos, y la gente aún camina ligera, pues las temperaturas todavía son relativamente agradables (aunque sospecho que tendré tiempo suficiente para darle uso a los jerséis tupidos que me he traído).

Y como mi reducida selección de vocabulario sueco aún no es suficiente como para dar jugo, os dejo tres enlaces a mi descubrimiento musical de la semana, que también es local. Se trata del grupo Abalone Dots, un cuarteto de chicas que componen, cantan y tocan unos ritmos que probablemente darán que hablar, pues parece ser que se preparan para dar el salto a la esfera internacional. ¡Que los disfrutéis!

Más aquí y aquí.

13 octubre 2008

Välkommen till Göteborg II

Pues aquí estoy, apenas ocho meses después, de nuevo en Gotemburgo. Es extraño, porque es la primera vez que repito destino en uno de estos viajes, y la familiaridad con todo lo que me rodea convierte la experiencia en algo totalmente diferente.

La mañana se despertó en A Coruña con el paisaje cubierto por un espeso manto de niebla, haciendo augurar lo peor: la más que probable posibilidad de que los primeros trayectos del día fuesen desviados a Santiago de Compostela (con el consiguiente "erótico resultado" que de ello se podía derivar). Sin embargo, la suerte decidió ponerse de mi lado porque, aunque efectivamente los pasajeros del vuelo de las seis y media fueron conducidos a la capital gallega en autobús, no ocurrió lo mismo con el avión que yo tenía que tomar media hora más tarde. El piloto nos advirtió, tras el saludo matutino de rigor, que realizaríamos un despegue en condiciones de baja visibilidad, pero apenas unos minutos después dejábamos tras nosotros, sin problemas, la fantasmagórica estampa de bruma y penumbra. Para que luego digan que a quien madruga...

Una de las cosas que más me gusta de volar, especialmente cuando el cielo está cubierto, es la peculiar sensación que no puedo evitar sentir cuando el avión, conmigo en su interior, emerge de entre las nubes como si de un enorme cetáceo se tratase, saliendo a la superficie espumosa del mar para llenar sus pulmones. Igual que una ballena, el pájaro de metal deja atrás las profundidades que oculta el vapor de agua, y se adentra en unos dominios que son sólo suyos, donde siempre brilla el sol. Entonces parece en verdad un pájaro, un albatros, que planea majestuoso sobre las olas, completamente blancas aquí, pero que se me antojan igual de tangibles, por mucho que mi mente me diga que no tienen la textura de algodón con que mis ojos las perciben. Hoy el espectáculo ha sido igualmente grandioso, jirones de niebla desgarrada cubriendo los valles aún sumidos en la oscuridad nocturna, mientras desde mi privilegiada situación ya podía vislumbrar el amanecer, allá a lo lejos, sobre la línea del horizonte.

Tal estampa no se podía ver empañada, de modo que las escalas se fueron sucediendo en enlaces rápidos y puntuales, de suerte que a las tres de la tarde aterrizaba en tierras suecas. Se habría dicho que hasta mi maleta quería estar a la altura de las circunstancias, pues apenas tuve que esperar para verla aparecer sobre la cinta transportadora. Y al salir de la zona de recogida de equipajes, una cara ya familiar esperándome, un trayecto por una carretera que ya he recorrido antes -aunque en esta ocasión los árboles no están desnudos, sino vestidos con sus mejores galas de otoño-. Ya entrando en la ciudad, las calles conocidas, los ojos escudriñando cambios, la mente comprobando el mapa mental que conservaba en el recuerdo. Todo sigue igual.

La residencia también es la misma; no quien me atiende, pero sí sus explicaciones. Y la habitación, casi idéntica, es prácticamente contigua a la de la vez anterior. Mientras deshago la maleta, pensando en el supermercado al que iré a comprar y la esquina exacta donde está el cajero en el que sacaré dinero, es casi (salvando las obvias distancias) como si estuviera en una segunda casa...

03 octubre 2008

De vuelta... ¡por poco tiempo!

Pues ya estoy de vuelta de mi viaje a Canadá, aunque (de nuevo) no sin incidencias. Algún gafe me llevé encima para el trayecto Vigo-París/París-Vigo, que en el camino de regreso ese vuelo también fue cancelado, aunque esta vez debido a la niebla. Eran las cinco de la mañana y al bajarme del avión que nos había traído del otro lado del Atlántico juraría que todo estaba aún en penumbra, pero despejado. Una hora más tarde, un vistazo a través de cualquier cristal del aeropuerto Charles de Gaulle no alcanzaba absolutamente nada más allá de 50 metros. Una espesa y blanca, blanca niebla lo envolvía todo. Yo me encontraba en la terminal 2G, de donde parecen partir una gran mayoría de vuelos de corto recorrido con destinos en distintos puntos de la vecina Alemania, algunas ciudades italianas, Bilbao y Vigo, precisamente. Probablemente la mayor parte de ellos operados por Air France Regional. La flota de esta filial de la aerolínea francesa está compuesta en su mayor parte por pequeños aviones, que quizá carezcan de todos los equipos que les permitan operar en circunstancias de poca o nula visibilidad. Sea como fuere, cuando en el panel los vuelos empezaron a caer, etiquetados con la nefasta palabra "Cancelled", empecé a temerme lo peor. Normalmente no sería tan dramática, pero tengan en cuenta que llevaba en pie, técnicamente, desde las cuatro de la mañana del día anterior...

Pero lo que tenía que pasar, pasó, y me vi, por segunda vez en menos de una semana, haciendo cola durante tres horas para que esta vez me recondujesen hasta la ciudad olívica a través de Madrid, con billete de AirEuropa. Lo malo fue que a mí me recondujeron, pero a mi maleta (y a la de todos los demás pasajeros con el mismo destino) no, con lo cual al llegar a Vigo tocó de nuevo cola para abrir el correspondiente expediente de extravío. Total, que cuando por fin pude tumbarme en una cama, ¡en mi calendario habían transcurrido dos días!

Menos mal que la maleta fue localizada al día siguiente y pronto la tuve conmigo, ya que en breve tendré que llenarla de nuevo: el lunes que viene parto otra vez, aunque en esta ocasión a un destino conocido. ¡Toca cambiar las chanclas por las botas y sacar la bufanda! ¿Veré nieve realmente, por fin? ¡Os lo contaré! Entretanto, como es habitual, algunas fotos de Victoria en mi Flickr.