05 noviembre 2008

¿Podríamos nosotros tener un Obama?

Prácticamente toda Europa ha amanecido hoy faltándole tiempo para coger el periódico, encender la televisión o la radio, o conectarse a internet para comprobar cuál había sido el resultado de las elecciones estadounidenses celebradas ayer. La gran mayoría de los titulares dejan entrever distintos grados de satisfacción por el desenlace, cuando no la proclaman abiertamente, de norte a sur, de este a oeste. Los comicios con mayor participación desde la ampliación del sufragio a las mujeres en 1920 (55 años después de que la decimoquinta enmienda permitiese votar a los antiguos esclavos), han determinado que el afroamericano Barack Obama sea el cuadragésimo cuarto presidente de su país.

Para ver los cambios que traerá consigo este cambio de jefe de estado, tanto dentro como fuera de sus fronteras, tendremos que esperar. Sin embargo, yo me pregunto (y no soy la única: lean, lean): ¿cuánto esperaremos para ver algo así en algún gobierno del viejo continente? ¿Podríamos nosotros, los europeos, en esa presunta superioridad civil y moral que complacientemente nos otorgamos cuando nos comparamos con los estadounidenses, tener nuestro propio Obama?

6 comentarios:

  1. Quién lo iba a decir, parece que el tema recurrente de esta jornada es trasladar esta pregunta a los ámbitos más variopintos...

    ResponderEliminar
  2. Corrección: La decimoquinta enmienda a la constitución de los EE.UU. (contra la discriminación de cara al voto por causa de raza, color, o condición previa de esclavitud) data en realidad de 1870, es decir, es 50 años anterior a la decimonovena enmienda (contra la discriminación de cara al voto por razón de sexo). No obstante, no fue hasta casi un siglo después, en 1965, con la propugnación de la Ley de Derechos de Voto, cuando se consiguió que fuese efectiva en la práctica.

    ResponderEliminar
  3. Laura, no comprendo la pregunta. ¿En qué consiste tener un Obama? ¿Tener a un presidente inteligente, con una excelente educación, carismático y que motiva a los ciudadanos, o que sea mulato?

    Porque si te refieres a lo segundo, no comprendo qué diablos importa. Que sea mulato, indio, esquimal, hombre, mujer, travesti, o indeciso, debería ser irrelevante. Eso sería una sociedad justa. Aquella en lo que importa es nuestro carácter y nuestra capacidad de resolver problemas.

    Me gusta Obama, y si pudiera hubiera votado por él, pero no porque sienta vergüenza por votar a un hombre blanco cuando su contendiente es negro. Me repatea el pseudo-progresismo de alabar a los EEUU por haber elegido a un presidente mulato. Deberíamos alabarlos por haber escogido al mejor.

    En lo que a mí respecta, espero que el próximo presidente sea honrado y capaz de realizar su cargo. Si se trata de un hombre blanco, religioso y que nunca ha tomado una cerveza, pues vale. Y si es una madre soltera, divorciada, bisexual, atea, gitana y ex-adicta al regaliz, me sirve igual.

    Como dijeron en The Onion (una revista satírica), "los estadounidenses han tenido que pasarlo fatal durante ocho años con un presidente desastroso para ser capaces de vencer sus fobias raciales y decidirse a votar a un presidente negro con tal de conseguir un cambio en su gobierno".

    ResponderEliminar
  4. A lo que me refería es, naturalmente, a lo que tú citas, a "vencer las fobias" (sean del tipo que sean). Es obvio que hay un montón de rasgos en un político que no deberían importar. Los estadounidenses (al menos una mayoría de ellos) acaban de mostrar que para ellos, efectivamente (al menos si la situación aprieta lo suficiente), no importan (o lo hacen menos que la inteligencia, la educación y el carisma). Lo que yo me cuestiono (y si lo hago, es porque tengo dudas al respecto) es si a este lado del charco contaríamos también con una mayoría "sensata"...

    ResponderEliminar
  5. Laura, siento haberme puesto borde de nuevo. Tienes toda la razón.

    Me acuerdo la impresión que me produjo en la peli Airbag. Hasta entonces no se me había ocurrido pensar en que los nacionalistas radicales allí son efectivamente unos racistas. Hacer que uno de los personajes secundarios fuera un lehendakari negro me pareció una manera muy efectiva de mandar el mensaje.

    En España no sé si se votaría a un mulato. De lo que estoy casi seguro es de que no se votaría a un marroquí o, ya no digamos, a un gitano. Por muy buenos que fuesen.

    ResponderEliminar
  6. No tienes que disculparte :-). Lamentablemente, yo también tengo esa misma impresión. Me gusta pensar, sin embargo, que eso puede cambiar en unas cuantas generaciones...

    ResponderEliminar