27 diciembre 2009

Cine en 3D

Ayer por la noche me senté por primera vez en la butaca de un cine en una de esas salas "3D" que tan en auge parecen estar. Fuimos a ver Avatar, la última superproducción de James Cameron, estrenada hace pocos días. En atención a quienes aún no la hayan visto, y aunque su argumento es probablemente de sobra conocido, no haré aquí ningún comentario sobre él (os dejo, en su lugar, un interesante enlace, de mano de Rigel, con una reflexión sobre el corte de películas con guiones similares). En todo caso, la experiencia del cine en tres dimensiones merece ser vivida.
Supongo que, como muchos de los que podáis leer esto, mi única interacción previa con dimensiones adicionales al plano en lo que a visualización se refiere quedaba (afortunadamente) en el trastero de mi memoria, encarnada por aquellas gafas de cartón bicolores con las que sólo podían observarse ciertas imágenes específicamente preparadas al efecto. Puedo decir con satisfacción que el cine 3D actual no tiene nada que ver con aquello. En efecto, es necesario usar unas gafas especiales que se proporcionan en la entrada, que en nuestro caso fueron un modelo de gafas activas. Las lentes en cuestión no son ligeras, aunque esto es algo que se aprecia más bien después de las tres horas de película y no tanto antes. Como usuaria habitual de modelos tradicionales de gafas debido a mi miopía, uno de mis principales recelos consistía en la compatibilidad y comodidad de usar dos pares de anteojos al mismo tiempo, pero quedó pronto satisfactoriamente resuelto.
Despejada la incógnita funcional, sólo quedaba disfrutar del espectáculo, comenzando por los propios trailers. Increíble la sensación de tener al gato de la nueva Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton (película que me anoto en la agenda desde ya) al alcance de la mano. El efecto "halaa!" se va haciendo menos intenso, pero no por ello menos impresionante. Sin embargo, estoy convencida de que irá mejorando con el tiempo, o al menos debería. En un momento en el que la alta definición está ya a la orden del día, donde películas y series pueden verse a 720/1080p en los televisores de muchos hogares, otorgando una definición inimaginable hace unos años al más nimio de los detalles de una escena, resulta un poco chocante (cuando menos) que la experiencia 3D sea totalmente dirigida en ese sentido. Es decir, tal y como yo lo percibo, hay un único lugar en el plano al que se espera que el espectador esté mirando en cada momento. Dependiendo de lo bien rodada que esté la película, hay transiciones de escena que consiguen atraer los ojos del observador de manera natural, sin que éste se dé apenas cuenta. Sin embargo, en los momentos en los que eso no se logra, o que la curiosidad lleva a "romper" ese contrato no escrito, la sensación es muy extraña: figuras y personajes borrosos, distorsiones de bordes, tamaños y posiciones que dan al traste con la "suspensión de la realidad 3D".
Con todo, e incluso pese al incremento de precio (8'80 € alquiler de gafas incluido -con descuento equivalente al día del espectador-, frente a los 5'60 € habituales), creo que repetiremos. Es más, personalmente me siento más inclinada a pagar esos tres euros de diferencia en películas que realmente valgan la pena; al fin y al cabo es un valor añadido al que no puedo ni aproximarme en el salón de mi casa.

08 diciembre 2009

Espacio Coruña y Celda 211

Hace poco más de mes y medio abrió sus puertas yet another centro comercial en A Coruña: Espacio Coruña. Sin intención de reavivar la eterna polémica sobre tanto metro cuadrado de centro comercial por habitante, o la curiosidad nunca satisfecha de cómo sobrevive tanta tienda y establecimiento en estos supuestos tiempos de crisis, el puñadito de veces que nos hemos paseado por él me permiten hacer una primera valoración del lugar.

Por supuesto, acercarse a la superficie los primeros fines de semana resultó, como era de prever, una misión para pacientes. Interminables colas de coches colapsaron no sólo la zona sino, por extensión, los accesos a la ciudad, próximos a la misma. Con todo, las dimensiones y configuración del recinto son capaces de albergar un gran número de gente antes de dar sensación de abarrotamiento. Y por suerte, varias plantas de aparcamiento subterráneo parecen ser capaces de evitar que la zona se convierta en un caos de coches estacionados creativamente.

En cuanto a la oferta de actividades que se puede encontrar en este centro comercial, hay un poco de todo, aunque imagino que el principal reclamo es la omnipresencia de todas y cada una de las subfirmas de Inditex, así como de sus principales competidoras. Las acompañan algunas otras tiendas de calzado, decoración para el hogar, telefonía o videojuegos, incluyendo también joyería, electrodomésticos y juguetes. Los planos del lugar indican que habrá también una farmacia, pero hasta mi última visita permanecía todavía cerrada. En medio de tamaña exaltación del consumo, no podían faltar establecimientos de hostelería, que se hacen escasos quizás en contraste con la abultada oferta anterior. Cafeterías propiamente dichas hay sólo una (¡y qué precios!), siendo las alternativas una jamonería, heladería, o hamburguesería. Para llenar el estómago con algo más contundente, además de dos conocidas y rivales multinacionales de la comida rápida, encontramos un kurdo (que no turco), un wok y un italiano, que hemos tenido ocasión de probar en nuestras recientes visitas.

Pese a la expresa distinción de gentilicio, la comida kurda que podemos encontrar en Espacio Coruña no presenta grandes diferencias con otros establecimientos turcos de la ciudad. Por un módico precio, los clientes pueden degustar los típicos döner kebab, dürüm kebab y lahmacun atendidos por un conjunto de amables y dicharacheros camareros.

Para aquellos visitantes de hayan tenido la ocasión de leer mi opinión sobre el restaurante asiático Xi Yue, el wok de Espacio Coruña es muy similar. No sólo es buffet y tiene una configuración parecida, sino que también tienen una plancha mongola, complementada en este caso por un wok. La oferta de opciones para auto-servicio es asimismo prácticamente equivalente (con presencia igualmente testimonial de sushi), aunque destaca la mayor variedad de postres. El precio es, naturalmente, fijo (9'95€ por semana al mediodía incrementándose hasta 12,95 € los fines de semana por la noche, si no recuerdo mal), y la bebida no está incluida.

Con todo, después de probar el otro buffet del centro comercial, el italiano Muerde la Pasta! (que es una franquicia), me quedo sin dudarlo con éste último. Su precio es igualmente competitivo (8,50 € al mediodía por la semana, bebida no incluida tampoco), y las posibilidades son casi abrumadoras. Una amplia selección de productos para confeccionarte una sabrosa ensalada, diferentes tipos de pizzas, canelones, lasañas, un sinfín de tipos de pastas con variadísimas salsas, varias presentaciones de pollo y pescado, y un buen surtido de arroces. Si el comensal es capaz de dejar hueco para el postre, vasitos de tarta de queso o una especie de tiramisú, profiteroles, helados o fruta fresca harán sus delicias en la sobremesa, también acompañados de café (por el mismo precio) si se desea. Muy recomendable.

La oferta de ocio del lugar se completa con ocho modernas salas de cine, algunas de ellas preparadas para proyecciones 3D, e incorporando una fila de butacas vibradoras que pretenden incrementar el imbuimiento del espectador en la experiencia cinematográfica convirtiendo su sillón en una suerte de DualShock gigantesto, sincronizado con la banda sonora de lo que se proyecta en pantalla (vamos, algo así como estar sentado sobre un altavoz gigante, pero sin la parte de quedarse sordo). Por nuestra parte, nos estrenamos (en butaca normal, gracias) con la imprescindible Celda 211. Inconmensurable el trabajo de un elenco de actores que nunca defrauda, con Luis Tosar a la cabeza. ¡No os quejaréis de propuestas para las vacaciones que se avecinan!

06 diciembre 2009

En defensa de los derechos fundamentales en internet

Manifiesto

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

  1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
  2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial – un organismo dependiente del ministerio de Cultura -, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
  3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
  4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
  5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
  6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
  7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
  8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
  9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
  10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo.

También puedes firmar la petición en: http://www.petitiononline.com/ed021209/petition.html o unirte a este grupo en Facebook.

28 noviembre 2009

Que tengas una cena agradable

Quienes me conocen y, en menor medida, los que puedan seguir este blog, sabrán que en los últimos tiempos he tenido la suerte de viajar en sucesivas ocasiones a Suecia. Cada una de esas visitas ha contribuido, como no podía ser de otro modo, a aumentar mi admiración por sus gentes, sus condiciones sociales y su nivel de vida. No se trata de que todo el mundo conduzca un coche muy caro (antes al contrario, irá en bici a trabajar), o vivan en lujosos apartamentos de caros muebles (de nuevo más bien lo opuesto, prima la sencillez IKEA en la mayor parte de los casos). No se trata de que todos los perfiles profesionales tengan abultados sueldos a fin de mes, ni de que las turbulencias económicas mundiales no les hayan afectado como al que más (bastante les ha perjudicado no haber adoptado el euro en su momento). Son, por el contrario, otro conjunto de pequeñas cosas las que marcan la gran diferencia.

Si me he decidido a escribir este post hoy y no con anterioridad, es porque tras mi último regreso soy conocedora de otra de esas realidades significativas que no puedo dejar de difundir al mundo. Y no se trata de sus permisos de maternidad/paternidad de 18 meses, de sus elevadas cargas fiscales para las segundas viviendas, o de su firme camino hacia la independencia energética a través de las fuentes renovables. Se trata de un servicio que me dejó con la boca abierta, y que es sólo una muestra más de lo que se fragua en una sociedad cuyo objetivo primario es el bienestar de todos sus miembros, y donde la conciliación de la vida profesional y privada ocupa uno de los puestos más prioritarios para la opinión pública.

Imaginad que no tuviéseis que ir a la compra al salir de trabajar, cuando tras la jornada laboral lo que estáis deseando es llegar a casa, reuniros con vuestros amigos para tomar algo, ir al cine o a nadar un rato a la piscina. Imaginad que, al final del día, pudiéseis tener siempre en vuestra despensa o frigorífico todo lo que necesitáis para preparar una sabrosa y nutritiva cena, productos frescos y de temporada. Imaginad que ya nunca os volviéseis a encontrar ante la situación de que os falta éste o aquel ingrediente. Imaginad que no tuviéseis que preocuparos por el menú semanal, que cada día pudiéseis preparar una receta diferente, fácil, rápida y sana, sin tener que romperos la cabeza con el manido "¿qué hago/hacemos hoy?". Imaginad que ya no os volviéseis a encontrar productos caducados en vuestras alacenas o vuestra nevera, porque por una razón u otra no llegásteis a usarlos a tiempo. Y lo mejor de todo... imaginad que todo esto fuese un servicio a domicilio prácticamente gratuito, por el que pagáseis simplemente el valor de los productos que os llevasen a vuestra puerta.

Pues bien, en las ciudades suecas más importantes (Estocolmo, Gotemburgo) y algunas otras escandinavas (Copenhague) lo que acabo de describir no es un sueño, es una realidad. Encarna el exitoso proyecto una empresa cuya web no he podido localizar (¡mi escaso dominio del sueco no alcanza!), pero cuyo nombre traducido viene a ser algo así como "Que tengas una cena agradable". Esta compañía sirve comestibles a domicilio cada fin de semana, en cantidad justa y suficiente para abastecer a cada familia (dependiendo de su número de miembros) durante los siguientes 5/7 días. Acompañan a los productos una selección de recetas variadas, descritas en lenguaje sencillo y asequible, y representadas gráficamente como un divertido diagrama en el que las diferentes tareas se muestran paralelizadas para favorecer tanto la eficiencia como la colaboración de varias personas a la hora de prepararlas, e incluyendo consejos sobre cómo aprovechar lo que pueda sobrar un determinado día. Y la guinda es que, gracias a que su margen de ganancias procede de la cantidad de productos que compran para vender a sus clientes, fundamentalmente de procedencia local y siempre en temporada, el coste de este servicio es testimonial, sobre todo si se compara con el tiempo que nos ahorra.

Ahora, decidme... ¿no se os iluminaría la cara si algo así existiese aquí?

15 noviembre 2009

Maratón de Estocolmo pasado por agua

Terminada la EUC'09, he podido aprovechar parte del fin de semana para visitar Estocolmo, algo con lo que me había quedado con ganas hace un año. Desgraciadamente, se ha confirmado lo que cualquiera sospecharía: la capital sueca requiere y demanda mucho más tiempo. Con todo y pese a la lluvia, que no me ha dejado respirar apenas un minuto, he disfrutado mucho de lo que he podido ver, así que ha merecido la pena aunque no vaya a eliminar este destino de mi lista de pendientes de ningún modo.

La lista de ubicaciones seleccionadas con la ayuda de locales, antiguos residentes y suecos de adopción, se compuso de las siguientes paradas:

  • Museo Vasa, para muchos un imprescindible, a pesar de estar dedicado por entero simplemente a un navío de guerra. Lo que lo hace especial es que se hundió el mismo día de su botadura... y que fue rescatado 333 años más tarde prácticamente intacto y con gran parte de su contenido en relativo buen estado de conservación.
  • Prácticamente al lado del anterior museo se encuentra el parque Skansen, una enorme extensión al aire libre que alberga auténticas viviendas tradicionales suecas de las diferentes regiones del país, así como una colección de animales nórdicos. La sola visita a este parque ya merecería si no un fin de semana completo, sí al menos un día entero... y desde luego, cuando el clima acompañe. A pesar de todo, una visita más que recomendable, sobre todo si se aprovecha para viajar en la antigua línea 7 de tranvía.
  • Ciudad vieja o Gamla Stan, donde se erigen desde el parlamento sueco al palacio real, pasando por la catedral de la ciudad. Merece la pena pasear por su calle principal, Västerlånggatan.
  • Obligatorio paseo por el ayuntamiento, donde se celebra la tradicional cena anual de los Nobel. Enclave privilegiado para observar otras islas a ras de agua... ¡impensable para los que venimos de sitios donde las mareas suben y bajan varios metros!

Y entre unas cosas y otras, el tiempo se esfumó y estaba subida en un X2000 de camino a Göteborg. Como recuerdo, las fotos que he subido a Flickr, como siempre.

11 noviembre 2009

Story Hotel @ Estocolmo

Por segundo año consecutivo, el otoño me trae hasta escandinavas tierras. Desde hoy y hasta el domingo, con la excusa de la Erlang User Conference que se celebra por estas fechas en la capital sueca, estaré en Estocolmo. Y aprovechando el desplazamiento, la semana próxima la pasaré en Göteborg.

No es la primera vez que piso la urbe de los nobel (ya lo hice el año pasado en una breve visita con el mismo objetivo), aunque esta vez espero poder dedicarle un poquito de tiempo a recorrer sus calles. Aunque eso será el fin de semana. Hasta entonces, me espera mañana una jornada de charlas sobre lo último que se cuece en relación a este lenguaje funcional más en auge que nunca, y el viernes un día de cursos y tutoriales sobre diferentes herramientas, entre ellas Wrangler (una herramienta de refactorización cuasi-automática), McErlang (un model checker) o QuickCheck (una librería de testing automático).

Como quiera que el viaje de hoy no ha tenido contratiempo alguno (y eso a pesar de tener dos conexiones, una en Madrid y otra en Copenhague), sólo puedo completar esta reseña con dos experiencias positivas. La primera, el Arlanda Express, el tren de alta velocidad que une el aeropuerto del mismo nombre con el centro de Estocolmo. La distancia que separa la ciudad y su aeropuerto es de 42 kilómetros, que se recorren en menos de 20 minutos gracias al moderno tren que, alcanzando los 200 km/h, conecta las diferentes terminales con la estación central. Si bien la conexión no es barata (el billete sencillo vale 240 coronas suecas, unos 23'5 € al cambio), reduce a más de la mitad el tiempo empleado por otros transportes alternativos (como los autobuses Flygbussarna, que cubren el mismo trayecto en 45 minutos por 99 coronas, menos de 10 €), al tiempo que se promociona como medio de locomoción completamente limpio.

La segunda experiencia positiva es el hotel en el que me hospedo, y que da título a este post: el Story Hotel. Apenas acabo de llegar y deshacer la maleta, pero ya puedo decir sin temor a equivocarme que es el hotel más original en el que he estado jamás. Situado en una tranquila calle a una parada del metro de la estación principal, la recepción es un mostrador con dos ordenadores en los que una misma realiza el check-in cuando llega, indicando un código numérico recibido por correo electrónico al hacer la reserva y recordado gratuitamente por SMS el día de llegada. No quiere decir que no haya personal disponible por si surge algún contratiempo, sólo que en lugar de estar de pie tras un mostrador se mueven por el local, animando el bar, dando consejos a los visitantes en la cafetería, recomendando opciones en el restaurante... El código de registro es también la llave de entrada a la habitación, que es un espacio único dentro del edificio. No sólo la distribución y tamaño de cada estancia cambia, sino su modernista y urbana decoración. Podría intentar seguir describiéndolo, pero es mejor que, quien tenga curiosidad, visite su web: todo lo que podáis ver en ella es un fiel reflejo de la realidad. Y por si fuera poco, ofrecen conexión WiFi a internet gratis desde las habitaciones. En fin, muy malo tendría que ser el desayuno de mañana por la mañana para cambiar la fantástica impresión que me he llevado, completamente a la altura de las espectativas creadas. ¡Recordadlo si alguna vez visitáis Estocolmo!

18 septiembre 2009

Todo tiene una explicación...

... y no es culpa de la crisis, que parece ser la excusa más socorrida en estos tiempos. Mi excusa empieza por tesis y termina por doctoral, y de ella puedo decir que esta semana he completado su redacción, ¡al fin! Largos meses de reflexión sobre lo que me ha ocupado en los más recientes años de mi vida (profesionalmente hablando), combinados con el arduo ejercicio de la redacción en un idioma no materno (en este caso, el inglés) han dado su fruto. Ahora toca esperar las impresiones de quienes la han de revisar.

Entretanto, se han perdido en el limbo de los posts muchas de las anécdotas de los últimos meses, que de otro modo podrían haber acabado en este blog. A bote pronto, se me ocurren dos hitos destacados, uno tecnológico y otro geográfico. El primero se corresponde con la reciente incorporación a nuestro salón de un ASUS O!Play, un pequeño reproductor multimedia que puede con todo formato que se le eche a la cara, subtítulos incluidos. Con interfaz de red y salida HDMI como características estrella, este económico cacharro supone la jubilación de nuestro viejo reproductor de DVD, y será probablemente complementado en algún momento de los próximos meses con una PlayStation 3 Slim, ahora que por fin (tras tantos meses de rumores) ha visto la luz. Las cifras de ventas no hacen más que corroborar que muchos usuarios la esperaban desde que el primer modelo salió a la venta.

En cuanto al segundo evento, se trata de mi visita de hace un par de semanas a Edimburgo con motivo de la asistencia al ICFP'09. Por alguna razón, mis viajes a esta importante conferencia sobre programación funcional parecen estar condenados a resultar emocionantes, lo que en esta ocasión significó un arranque surrealista del viaje, con tarjetas de embarque escritas a mano, un carrusel de entradas y salidas a la zona de embarque en el aeropuerto de Barcelona (intentando localizar nuestras maletas) y la supervivencia en la capital escocesa durante casi un día entero hasta que por fin nuestras pertenencias llegaron al hotel. Entre confirmación y confirmación de tópicos varios (entre ellos, el peculiar y fuerte acento de los locales, la omnipresencia de los kilt y la polémica calidad de la comida británica), Edimburgo se reveló como una expléndida ciudad, cuya visita es plenamente recomendable: desde los imprescindibles castillo y palacio, hasta las callejas de la ciudad vieja y las amplias avenidas de la parte victoriana, la urbe no deja indiferente. En breve, como de costumbre, habrá instantáneas en Flickr.

Sin embargo, el acontecimiento del verano no ha sido otro que el enlace de dos amigos muy queridos. ¡Con retraso, pero con todo el cariño, mis mejores deseos también desde este pequeño rinconcito de la web!

10 agosto 2009

Una yegua llamada Bici y más aventuras

Todo empezó temprano una mañana de sábado. Bueno, no todo, obviamente. Los preparativos llevaban en marcha semanas y se habían concretado los detalles hacía escasas horas, pero la aventura arrancaba cuando aún gran parte de la ciudad dormía.

En contra de los pronósticos meteorológicos, con tendencia a pecar de optimistas últimamente, las nubes nos vigilaban mientras nos dirigíamos hacia Arteixo-Caión y nuestro primer destino del día siguiendo una sinuosa carretera que nos anticipaba los verdes parajes y preciosas vistas de que disfrutaríamos más tarde. Al filo del mediodía, y tras recibir las nociones más elementales, cada una tenía una montura asignada, y la mía fue una yegua llamada Bicicleta. La experiencia fue excepcional y estuvo llena de anécdotas. Aunque íbamos al paso, hubo algunos trotes inesperados. Aunque los caballos eran mansos, alguno se revolucionaba. Aunque nos daban una falsa sensación de control, la manada seguía un camino muy bien conocido. Aunque se prometían importantes agujetas, no ha sido tan terrible. ¡Repetiría sin dudarlo!

De vuelta en Coruña, comimos en el restaurante El Roble, un acogedor local en la misma avenida de Los Mallos, que ofrece variadas propuestas a precios muy interesantes. En nuestro caso, las elecciones incluyeron carpaccio de buey, pulpo á feira y tempura de verduras como entrantes, seguidos de un plato principal donde predominaron los risottos en diferentes preparaciones. Completan la carta platos de pescado, carnes (incluyendo churrasco) e incluso opciones al wok. Sabrosísimos postres caseros no aptos para dietas bajas en calorías ponen la más que recomendable guinda.

Venciendo la modorra post-comilona (en parte gracias a la anticipación de lo que aún nos esperaba), nos echamos de nuevo a la carretera, esta vez rumbo al norte. El destino era el Pazo de Rilo, un hotel-balneario de preciosas instalaciones. El paseo previo por los jardines, su capilla (pequeña pero coqueta, con una impresionante puerta de madera labrada que merece la pena cruzar) y patio andaluz ya nos fue metiendo en la tónica de relajación tras la que precisamente íbamos, y que culminó con el circuito termal. Piscina, chorros a presión, yacuzzi, bancos y camas de burbujas, baño turco y terma romana, duchas bitérmicas (¡ay!) y pediluvio terminaron sobre tumbonas calefactadas... mmmmmm... Dentro de lo habitual, pero el spa cumplió al 100% su misión. Eso sí, merece una mención especial el atento personal.

Con la musculatura totalmente relajada y sonrisas de oreja a oreja, llegó el turno de disfrazar a la futura novia, a quien el atuendo le sentó como un guante y, tras la sorpresa inicial, se metió perfectamente en el papel. Rodeada de un séquito caracterizado en temática acorde, de paseo por las calles de Ferrol surgieron, cómo no, los cláxones, los comentarios simpáticos y las advertencias de reconsideración. Quién sabe si fue el cuadro que presentábamos el que nos granjeó finalmente una mesa en la sidrería O'Lagar, de la que teníamos buenas referencias (uno de esos lugares con tanto éxito que no admiten reservas). De nuevo, un precio más que ajustado por raciones que incluyeron ibéricos, pimientos de Padrón (con los que últimamente tengo una puntería...), almejas y berberechos. Totalmente aconsejable (salvo que se vaya con prisa).

No era sábado ya, pero atrás quedaron los años de baño, cena y a dormir, así que buscamos la marcha (y buscamos, y buscamos... hasta encontrarla en Xuvia cuando ya casi desesperábamos) y bailamos hasta que los pies no dieron más de sí. Hoy quedan doce días para el feliz enlace, ¡¡¡un fortísimo abrazo a los contrayentes!!!

14 junio 2009

Patrullas ciudadanas

En los inicios de este nuevo milenio, parece que nos encaminamos inexorablemente hacia un extremismo social difícilmente sostenible. La bipolarización global, cada vez más patente, no se manifiesta únicamente en la paulatina reducción de opciones políticas, sino en la propia actitud cotidiana de los ciudadanos. En la esquina de la izquierda parece instalada una improductiva mezcla de resignación, decepción, desencanto, escepticismo y pesimismo. En la esquina opuesta, la radicalización, el enardecimiento y exaltación de valores altamente cuestionables ponen en tela de juicio la conciencia humana de muchos.

Esta reflexión viene a cuento de un tema candete en la vecina Italia, donde el fenómeno de las patrullas ciudadanas cuenta ya con más de 2000 "voluntarios". Hoy mismo Il Corrire della Sera se hace eco (y otros diarios traducen) de la presentación de su uniforme oficial, que ha despertado fantasmas de hace casi un siglo. Sin embargo, el fenómeno no es ni medianamente lejano, pues esta misma semana la prensa coruñesa publicaba la contundente respuesta del ayuntamiento ante la insinuación de iniciativas similares en la urbe herculina.

Y es que si es peligroso que los ciudadanos se desentiendan de su papel en el engranaje democrático (por muchos fallos que éste pueda tener, es el mecanismo que hay, y quedarse en casa no es la forma de mejorarlo), mucho más lo es que decidan fabricar su propio mecanismo justiciero. No puedo ni empezar a enumerar la cantidad de barbaridades que pueden surgir de tales brigadas que, seamos serios, no se van a dedicar a ayudar a las viejecitas a cruzar la calle ni a orientar a turistas extraviados. De esta dicotomía entre el pataleo desde el sofá y los vengadores callejeros, no podemos salir bien parados.

08 mayo 2009

KDE 4

Desde hace 15 días, y como consecuencia de la actualización de mi portátil a KUbuntu 9.04 desde la versión 8.04, me he visto transportada al mundo de KDE 4. La última versión de uno de los dos escritorios más conocidos en sistemas Linux (siendo el otro GNOME) estaba ya disponible en la distribución (K)Ubuntu desde su versión 8.10, pero las poco halagüeñas primeras impresiones de conocidos y compañeros me habían prevenido de hacer el cambio en aquel momento. Sin embargo, el shock no ha sido menor por el hecho de haberlo retrasado en el tiempo.

Puedo afirmar sin reservas que se trata del cambio visual más grande que he experimentado nunca como usuaria de entornos de escritorio, lo cual resulta extremadamente chocante considerando que se trata del mismo escritorio que llevo utilizando desde que hace años abandoné el sufrido WindowMaker. Aunque muchas cosas siguen siendo iguales, hay muchas otras que son completamente distintas, entre las que probablemente destaquen con fuerza el definitivo desplazamiento de Konqueror por parte de Dolphin como navegador de ficheros y el reemplazo de Kicker por Plasma. Como es lógico, si cambiamos drásticamente la barra de tareas con su menú de inicio y el navegador de ficheros, hemos cambiado prácticamente la esencia de un escritorio.

En el nuevo KDE todo parece brillante y reluciente. Nuevo, sacado de una caja de metacrilato. Pero de lo que nadie avisa antes de abrir la caja es de que en la letra pequeña especifica que donde dice "versión estable" quiere decir "versión todavía en pruebas". Será que KDE 3.0 se estrenó hace ya tanto tiempo (¡juraría que aún no había terminado la carrera!) que ya no recuerdo cómo fue aquel cambio. O será que, en los últimos tiempos, los escritorios Linux y sus aplicaciones cotidianas han ganado enormemente en estabilidad, de manera que ver fallar un programa se había vuelto extremadamente raro (no hago referencia a las versiones en testing ni en desarrollo, obviamente). Sea como fuere, con KDE 4 se recupera mucha de la "emoción" de no saber cuándo determinadas aplicaciones se morirán. Con todo, eso no es lo peor. Lo peor es la lentitud. El profundo y radical rediseño visual parecen no haber sido acompañados por una refactorización y optimización interna. Desconozco si se trata de un efecto secundario de la nueva Qt. Lo que sí sé, es que toda la fluidez y agilidad parecen haberse desvanecido a costa de destellos y contornos difuminados. Y por si fuera poco, los problemas de refresco terminan de completar un panorama muy poco alentador. El cambio entre diferentes escritorios virtuales, o la simple aparición y desaparición de ciertos diálogos o notificaciones puede provocar la pérdida de algunos fragmentos de ciertas interfaces, dejándonos sin otra opción que forzar su redibujado desplazando, redimensionando o desenrollando las ventanas. Asolador.

Así las cosas, las presiones en mi entorno más cercano se han hecho más acuciantes que nunca para que, años más tarde, migre de la K a la G. Y lo habría hecho ya si no fuese por todas esas funcionalidades y aplicaciones que no tienen contrapartida en el escritorio del pie. ¿Con qué desarrollaría mis proyectos LaTeX? ¿Cómo acostumbrarme a Pidgin después de haber usado Kopete? ¿Qué podría reemplazar a la ubicua integración de Kontact? ¿Qué haría sin amarok y tantos otros *K*?

26 abril 2009

¡Hasta luego!

Llega la primavera y con ella, un año más, la migración de tantas y tantas especies de aves. Sin embargo, este año es diferente, porque me ha tocado de cerca la migración de un ave querida, un parrulo que ha sido a partes iguales modelo y compañero desde que, hace ya casi seis años, me inicié en la carrera docente-investigadora. Como no podía ser de otro modo, vuela hacia el sur (suroeste, para ser más precisos, así como unos seiscientos kilómetros), y sólo puedo desearle que sus horizontes sean limpios y que las tierras y gentes que lo vean llegar lo acojan con benevolencia. La pena por el hueco que deja no se dejará sentir hasta que le empecemos a extrañar en esos pequeños detalles del día a día, pero nunca ensombrecerá la alegría por quien valientemente decide dar un vuelco a una vida cuya anterior etapa se había agotado en su interior.
Lo mejor de todo es que, sin importar donde vaya, seguirá estando a un sólo clic de distancia :). Farewell!

18 abril 2009

Bonsai

Bonsai Hace poco más de una semana, con motivo del cumpleaños de calvaris, decidimos darle algo de vida a nuestra casa comprando el bonsai que podéis ver en esta foto. Se trata de un pequeño manzano, de apenas 20 centímetros de altura, que ya ocupa un lugar de honor en el salón. De momento parece haberse adaptado bien, pues sus brotes siguen germinando generosamente. A estas alturas, las múltiples flores que poblaban su mini-copa ya han perdido todos sus pétalos, pero creemos que al menos un par de ellas nos darán pequeños y simpáticos frutos.

Bonsai (detalle) Tal y como nos recomendaron en la tienda, lo regamos cuando la tierra está ya seca, empapándolo entonces generosamente. Goza de mucha luz y claridad, aunque está protegido del sol directo, y la temperatura a su alrededor es agradable y sin peligro de bruscas variaciones. En estas condiciones, esperamos que se aclimate sin complicaciones. No es un proyecto tan ambicioso como los rosales, fresales y tomatitos de Rigel, pero mejor empezar poco a poco :-)).

17 abril 2009

Olor a tabaco

En los últimos tiempos se han incorporado a mi listado de RSS de lectura habitual algunas bitácoras que regularmente publican entradas cuya finalidad es dar pequeños consejos o trucos relacionados con el ahorro doméstico o la sostenibilidad de nuestra vida diaria. El más prolífico de ellos es Ahorro diario, de donde han salido (entre mucha paja, eso sí) interesantes enlaces sobre cómo conservar frescos por más tiempo los alimentos (en especial, puedo certificar que guardar la lechuga -cogollos, en concreto- en el frigorífico envuelta en papel de cocina funciona de maravilla para preservarla más y mejor), sobre la procedencia de las marcas blancas (esas que últimamente tan denostadas están por algunos medios de comunicación, y no sólo uno, sino prácticamente todos), o sobre cómo recuperar esas galletas húmedas y que vuelvan a estar crujientes, entre otras. Sin embargo, un consejo que llevaba tiempo buscando y que no había conseguido encontrar salió de mi propia chistera el otro día.

Es altamente probable que cualquiera de nosotros, fumadores o no, nos hayamos encontrado, por desgracia, en la situación de llegar a casa un fin de semana de madrugada apestando a tabaco, como fruto de las horas pasadas en algún local cerrado de ésos a donde nuestra ondulada ley antitabaco española no ha conseguido llegar. Desde el pelo a los calcetines, hay algunas noches que parece que nos hayamos dado una ducha en alquitrán y nicotina antes de entrar por la puerta. En esos casos, cuando una jornada entera ventilándose en el tendedero no ayuda, ropa limpia y quizás recién puesta acaba en la lavadora... y a veces no es suficiente. Tejidos como la viscosa pueden salir del tambor empapados y aún despidiendo efluvios tabaqueros. ¿Qué podemos hacer entonces? Mi solución (con resultados empíricamente comprobados) es tan sencilla como colgarlos a secar como haríamos normalmente, y acompañarlos encendiendo una vela aromática o incluso un quemador de los que evaporan agua en la que hayamos vertido algunas gotas de nuestra esencia favorita. Naturalmente, el efecto del quemador es mucho más intenso y rápido, así que deberemos ser cuidadosos a la hora de elegir la fragancia y controlar el tiempo de exposición, salvo que queramos que toda nuestra ropa acabe oliendo intensamente a fresas. Personalmente, prefiero una pequeña vela de aroma fresco, que al consumirse más lentamente contribuirá a neutralizar los desagradables restos de olor a tabaco a medida que la colada se seca.

15 abril 2009

Firma digital

Hace no mucho dediqué una entrada a describir cierta situación en la que, sin comerlo ni beberlo, me había visto sumida últimamente en relación a diversos intentos de robo de mi dirección de correo electrónico en Google Mail. Desgraciadamente, la situación no sólo no ha mejorado demasiado desde entonces, sino que incluso parece ir empeorando con la aparición de más tocayas latinoamericanas (esta vez, de Argentina) que comparten el hobby de incluirme entre los "CC" de sus cadenas de correos, de manera que he acabado conociendo detalles sobre mudanzas personales, costes estimativos de presupuestos empresariales internos y todo tipo de citas. Ni qué decir tiene que he sido repetidamente invitada a Facebook por sus amistades, recibido fotos de sus últimas fiestas y un largo etcétera tan ridículo como surrealista. Qué le vamos a hacer, me ha caído en desgracia un nombre común en una era de globalización.

Como quiera que aunque mis peticiones (a veces amables, a veces tajantes y enérgicas) parecen surgir efecto, al cabo de cierto tiempo surge una nueva homónima que inicia un nuevo ciclo, he desistido de encontrar una solución definitiva al problema que no pase por cambiarme de nombre. Y para asegurarme de que quienes me conocen pueden estar seguros de que se comunican conmigo y no con alguno de mis "clones" en la red, he decidido utilizar la firma digital en todos mis correos electrónicos personales a partir de ahora.

Crear una clave personal para firma digital de uso propio es de lo más sencillo. Yo tengo la mía ya desde hace años, y la uso regularmente, aunque fundamentalmente en mi entorno laboral. En cualquier distribución Linux, la disponibilidad de las utilidades GPG (que en las versiones más recientes ya vienen instaladas por defecto) y el dominio de unas sencillas órdenes nos permiten en un momento crear y publicar nuestra propia firma, e incluso actualizarla o revocarla llegado el caso.

Así pues, para crear una clave para firma digital, debemos ejecutar:

gpg --gen-key

e indicar al asistente que queremos una clave DSA & ElGamal (es decir, generada utilizando un algoritmo de encriptación específico), un tamaño entre 1024 y 4096 bits (la opción recomendada por defecto son 2048 bits) y su caducidad (que puede ser de días o semanas hasta meses o años, e incluso infinita). Finalmente asociaremos nuestro nombre y apellidos a la clave, la dirección de correo electrónico deseada, y protegeremos la clave con una contraseña segura (que será necesaria posteriormente, cada vez que queramos emplear la clave para firmar digitalmente un contenido):

Por favor seleccione tipo de clave deseado:
(1) DSA y ElGamal (por defecto)
(2) DSA (sólo firmar)
(5) RSA (sólo firmar)
Su elección: 1

El par de claves DSA tendrá 1024 bits.
las claves ELG-E pueden tener entre 1024 y 4096 bits de longitud.
¿De qué tamaño quiere la clave? (2048)
El tamaño requerido es de 2048 bits

Por favor, especifique el período de validez de la clave.
0 = la clave nunca caduca
<n> = la clave caduca en n días
<n>w = la clave caduca en n semanas
<n>m = la clave caduca en n meses
<n>y = la clave caduca en n años
¿Validez de la clave (0)? 1y
La clave caduca jue 15 abr 2010 11:26:14 CEST
¿Es correcto? (s/n) s

Necesita un identificador de usuario para identificar su clave.
Nombre y apellidos: Pepito Grillo
Dirección de correo electrónico: grillito.pepito[=]gmail.com
Comentario: Firma digital
Ha seleccionado este ID de usuario:
"Pepito Grillo (Firma digital) "
¿Cambia (N)ombre, (C)omentario, (D)irección o (V)ale/(S)alir? V

Necesita una frase contraseña para proteger su clave secreta.

gpg: clave XXXXXXXX marcada como de confianza absoluta
claves pública y secreta creadas y firmadas.

Como paso previo a la publicación final de nuestra firma, necesitaremos "firmarla" a su vez. Para ello teclearemos:

gpg --sign-key 0xXXXXXXXX

donde 0xXXXXXXXX es el identificador de clave generado tras el primer paso. Para terminar, enviaremos la firma a un servidor de claves público, lo que servirá para que todo el mundo prueda comprobar la autenticidad de contenidos que hayamos firmado. Hay muchos servidores de claves, pero pgp.mit.edu o pgp.rediris.es son un par de ellos que podemos usar:

gpg --keyserver pgp.rediris.es --send OxXXXXXXXX

Realizar una búsqueda en el servidor al que hayamos enviado la clave nos servirá para comprobar que hemos completado el proceso satisfactoriamente. A mayores, podemos solicitar a personas de nuestra confianza que corroboren la validez de nuestra firma, firmándola a su vez y enviando su garantía al propio servidor. Cuanto más respaldo tenga una firma pública, con más confianza será vista por quienes no nos conozcan. Para firmar una clave ajena debemos descargarla, firmarla y volver a enviarla al servidor:

gpg --recv-key 0xZZZZZZZZ
gpg --sign-key 0xZZZZZZZZ
gpg --send-key 0xZZZZZZZZ

Si en algún momento la integridad de nuestra firma se viese comprometida, o si dejásemos de utilizar la cuenta de correo asociada, o simplemente, por la razón que sea, quisiésemos invalidar la firma:

gpg --output revoke.asc --gen-revoke 0xXXXXXXXX
gpg --import revoke.asc
gpg --send-key 0xXXXXXXXX

Por supuesto, hay interfaces mucho más amigables que la línea de comandos para todas estas tareas, aunque son las mismas las órdenes que se ejecutan a través de ellas.

22 marzo 2009

Facebook y el microblogging

En los días que corren, cuál más, cuál menos, raro es quien no haya oído hablar de Facebook. A grandes rasgos, se trata de yet another red social online, como muchas otras (Orkut, Hi5, Tuenti o MySpace, por citar algunas). Para ser más exactos, la que parece encontrarse ahora mismo en la cresta de la ola a este lado del Atlántico y de los Pirineos.

Recientemente, los mandamases de Facebook (que según la Wikipedia en inglés almacena los perfiles de más de 175 millones de usuarios), han realizado ciertos cambios en su apariencia que no parecen haber convencido a su masa social. Se dice que la intención que subyace al nuevo aspecto es la de potenciar aún más la popularidad de esta red atrayendo a los usuarios de Twitter, el máximo exponente de una variedad de comunicación virtual conocida como microblogging.

El fenómeno de las bitácoras (personales o no) también tuvo su apogeo hace ya algunos años. De todas las que nacieron en los primeros años del nuevo siglo (y milenio), muchas perecieron y algunas otras aparecieron para ocupar su lugar. Unas pocas ganaron renombre mundial, y la mayoría de usuarios habituales de la red tiene su puñado de ellas que visita con cierta regularidad, repartidos entre aquellos firmados por conocidos o amistades, los pertenecientes a desconocidos con intereses u opiniones similares, y los que simplemente resultan curiosos o hasta cierto punto útiles.

Crearse un blog propio es fácil; lo más complicado es mantenerlo vivo. Personalmente, los casos de más éxito que conozco presentan al menos uno de los siguientes tres rasgos: (i) tienen una temática específica muy concreta; (ii) su autor dispone de mucho tiempo libre; (iii) son mantenidos por más de una persona. Los que no encajan en esta clasificación suelen languidecer antes o después, o bien presentan un patrón de actualización harto irregular (como puede ser el caso de este mismo sitio, sin ir más lejos). Esta "problemática" desaparece con la filosofía del microblogging, consistente en compartir únicamente pequeñas descripciones, enlaces o contenidos, equivalentes en cierto modo a minientradas. Ante esta nueva perspectiva, ya no es necesario disponer de una temática específica que nos permita mantener un hilo conductor y nos sirva de inspiración, ni dedicar parte importante del ocio a hilar ideas, contar historias o exponer teorías.

Aunque todos los cambios de interfaz son en algún grado polémicos, personalmente opino que si el objetivo de Facebook era ganar en dinamismo, estará ahora más cerca de lograrlo que a través de los millones de inútiles aplicaciones y juegos que lo inundan. También creo que, si no está en la intención del usuario, ninguna interfaz del mundo le hará participar más de lo que esté dispuesto. Si este movimiento tendrá alguna repercusión en la popularidad de la citada red, me arriesgaría a decir que será más bien accidental que incidental. El tiempo siempre nos demuestra que es una moda la que desbanca a otra moda, no lo absurda o controvertida que sea cualquiera de ellas en sí misma. Y al final, ya se sabe que es mejor que se hable de algo, aunque sea mal, a que no se hable...

21 marzo 2009

Bugg en el Café Loca

Esta tarde, casi como colofón a mi estancia, me han llevado a bailar al Café Loca. En este local se organizan muchos fines de semana sesiones de salsa, merengue, bachata y otros bailes latinos. Esta tarde, sin embargo, antes de la sesión latina ha habido una clase de iniciación al bugg.

El bugg es un baile emparentado con el swing que parece haberse puesto muy de moda en Suecia en los últimos años. Los pasos básicos son muy sencillos, lo que permite adaptarlos a diferentes velocidades de música. Esto hace que distintas melodías se puedan bailar a ritmo de bugg, lo que probablemente sea uno de los motivos de su renovado éxito. Y esa misma sencillez fue la que me permitió seguir la clase sin problema, a pesar de transcurrir enteramente en sueco, por supuesto. Lo único realmente útil a la hora de entender algo eran los ocho primeros números (ett, två, tre, fyra, fem, sex, syv, åtta) y quizás izquierda (vänster) y derecha (höger). El resto... bueno, a veces es más fácil ver y copiar que escuchar y repetir.

Desgraciadamente, la clase (de apenas una hora) se ha hecho terriblemente corta, aunque para compensar han seguido tres horas de salsa. Obviamente, tratándose de aficionados, nadie se ha pasado tres horas seguidas bailando. Con un café como ambiente, no es difícil imaginar que la danza se intercalaba con períodos de descanso donde los asistentes reponían fuerzas con un zumo o un té, acompañados por alguno de los dulces traídos (y preparados) por los mismos presentes (y cuyo muy modesto precio, intuyo contribuye a la reserva del propio local). Aunque predominantemente jóvenes (la media de edad se situaría en torno a la treintena), había asistentes de muy variadas edades, y apostaría a que todos se lo pasaron igual de bien, y eso a pesar de (o quizás gracias a) que muchos de ellos llevan asistiendo incluso años.

Es una lástima que no haya en Coruña algún sitio similar, y que la única alternativa para pasar un rato divertido bailando sea en medio del humo y el tumulto de un pub o dejándose una pasta en unas clases de baile. ¿O estoy equivocada y alguien puede sacarme de mi error?

14 marzo 2009

Nieve en los zapatos

A una semana de que entre oficialmente la primavera (que, por otra parte, suele decidir por ella misma si hace caso a los mandatos del calendario o no), en Göteborg hemos tenido una señora nevada. Según los lugareños, no suele ser muy habitual, y menos ya tan entrado el año, pero el jueves pasado empezaron a caer copos alrededor de la una de la tarde y no se detuvieron hasta que anocheció. En unas pocas horas, más de diez centímetros de nieve se habían acumulado en algunas zonas. Y aunque las temperaturas juegan a saltar la comba de los cero grados, el blanco elemento aún persiste en algunos rincones de calles y jardines.

Obviamente, al no haberse repetido las precipitaciones desde entonces, lo que hoy se observa son como los restos de una fiesta que nadie ha limpiado aún. Retazos blancos que parecen de espuma, adornando los rincones por los que nadie pasa.

Nieve en Lindholmen Si lo pienso, aún me quedo embobada recordando cómo aceras y jardines se fueron cubriendo poco a poco, mientras lo que parecían miles de millones de luciérnagas blancas revoloteaban de aquí para allá, como resistiéndose a tocar cualquier superficie, conscientes de que quedarían atrapadas en el acto. Diferentes y únicas, todas ellas parecían sin embargo desafiar al unísono alguna ley de la física en su baile hacia el suelo. Volver a casa fue una aventura, que no negaré dió con mis glúteos en el níveo elemento en alguna ocasión (cosas de elegir el camino más accidentado en lugar del más largo), pero lo fascinante fue volver a salir a la mañana siguiente. La ciudad entera, cubierta por una inusitada luminosidad, parecía directamente sacada de una guía de viajes, una postal o una película. Los quitanieves habían cumplido diligentemente con su tarea de limpiar las calles, pero para mi sorpresa, ¡también las aceras! Pequeños caminos impecablemente delineados salvaguardaban la integridad de los madrugadores peatones, mientras los tejados, alféizares, farolas, arbustos y estatuas dormitaban bajo un espeso manto. Los desnudos árboles de oscura corteza parecían casi negros, con sus ramas perfiladas del mismo color que las nubes. El silencio de las calles menos concurridas, se rompía con el característico crujir de la nieve bajo el peso de los pasos de quienes, como yo, no se resistían a dejar su huella sobre ella.

Como quiera que no recuerdo la impresión que me causó ver el mar por primera vez (demasiado pequeña para eso, probablemente), la única estampa comparable que más reciente tengo en la retina data del fin de semana pasado cuando, apenas despuntada el alba, nos dirigíamos por carretera hacia la estación de esquí de Isaberg. Al contrario que Galicia o, si se prefiere, al igual que ocurre en Castilla, el interior de Suecia no se caracteriza por la dispersión de su población. Pueden pasar kilómetros y kilómetros sin que se vea una sola casa, que por supuesto no estará sola. Entre pueblo y pueblo, grandes extensiones de coníferas se alternan con campos, yermos en esta época del año. Y de vez en cuando, algún lago. Enormes y estáticos lagos... helados. La visión de un lago congelado es fascinante pues, en contra de lo que se pudiera pensar, la vasta extensión de hielo dista de ofrecer una panorámica uniforme. Luces y sombras se dibujan en la superficie, quizás revelando los lugares donde varía su grosor. Y aunque forzosamente inmóvil, el discurrir del viajero a su lado provoca en sus ojos una ilusión de dinamismo detenido, intensificado por la tonalidad de la escena, de quien se diría que alguien ha robado los colores, dejando únicamente un leve halo azulado que tiñe todo suavemente.

¡En fin! Lo que parece confirmarse es que mi bautismo de hace siete días se encargó de romper definitivamente mi gafe con la nieve :-)).

08 marzo 2009

Y por fin... ¡nieve!

Isaberg Este fin de semana he saldado con creces mi cuenta pendiente con la nieve. Y es que sumar casi tres meses de visita en la península escandinava y no haber visto el blanco elemento más que de refilón empezaba a tomar ciertos carices de gafe. Pero ayer no sólo viví una copiosa nevada, sino que tuve oportunidad de hacer mis pinitos sobre dos esquíes.

La cita fue en Isaberg, una pequeña estación de esquí situada a unos 130 kilómetros al oeste de Göteborg. Apenas a 308 metros sobre el nivel del mar, Isaberg es realmente una colina que destaca en la planicie que la rodea a medida que una se aproxima. Y pese a lo relativamente pequeño del lugar, cientos de personas se congregaron allí durante el día de ayer, para aprovechar lo que seguramente sería uno de los últimos fines de semana de la temporada realmente aptos para este deporte.

Aunque el día anterior ya me habían provisto de la ropa necesaria para la experiencia (fundamentalmente, pantalones impermeables que vestir sobre el chándal, una buena cazadora igualmente aislada y un par de buenos y resistentes guantes), lo primero que hizo falta al llegar a la estación fue guardar la larga cola frente al mostrador de alquiler de equipamiento. Curiosamente, Isaberg resulta ser un destino muy popular entre los daneses, que acuden en familia a pasar varios días en la zona, de modo que la heterogénea cola estaba formada por personas de diversas nacionalidades. Cuando por fin nos tocó el turno, seleccionamos nuestra talla adecuada de botas y el personal del lugar nos indicó los esquís más adecuados para nuestra altura (suelen ser aproximadamente de una longitud equivalente a la altura del hombro de la persona que los usará) y se encargó de ajustarlos a las botas y a nuestro peso. Un par de sticks (palos) y un casco, y ya estábamos listos para emprender la aventura.

La primera anécdota destacable consiste en que, bajo el peso de semejante tonelada de ropaje y equipamiento, no habíamos terminado de calzarnos las pesadísimas botas aún, después de transportar los nada ligeros esquís de un lado a otro, cuando ya habíamos entrado completamente en calor. La temperatura rondaba los cero grados, pero en ningún momento del día tuvo nadie sensación de frío alguna.

Ya pertrechados, llegó el momento de aprender a ponerse y quitarse los esquíes. Las botas de esquí, además de ser una pieza rígida destinada a proteger los tobillos, tienen una forma especial que las hace encajar en los anclajes de los esquís: para ello, se introduce primero la punta, y luego se hace fuerza hacia abajo con el talón, aprovechando el peso propio, hasta que un "clic" nos confirma que el conjunto se ha fijado. En esos primeros instantes, el uso de los palos de esquí resulta crucial para mantener el equilibro, y empezar a jugar a deslizar los pies hacia delante y hacia atrás.

Una vez cogimos una mínima seguridad, la siguiente lección consistió en aprender a andar con los esquís puestos, desplazando el peso de una a otra pierna alternativamente, y acompañando el movimiento con la inclinación del cuerpo hacia delante. Hasta ese momento, ningún problema. La tercera lección, sobrevino de manera natural, pues es realmente mínima la inclinación necesaria para que los esquís empiecen a deslizarse solos por la nieve. Sin saber aún cómo frenar, aprendimos casi por instinto la técnica más fácil del mundo: el piscinazo salvador. Sin envidiar nada a los jugadores de fútbol que se arrojan al suelo al más mínimo contacto con un contrario estando dentro del área rival, un sexto sentido dicta al esquiador novato que la manera más fácil, segura y eficaz de poner fin a un deslizamiento que cobra cada vez más velocidad o que se ha vuelto incontrolable, es sencilla y llanamente dejarse caer hacia un lado, yendo a parar a la blanda y esponjosa nieve. La acolchonada condición del suelo, junto con las capas y capas de ropa que se visten como protección, harán de la caída poco más que una caricia, salvaguardando al sujeto en cuestión de destinos mucho más peligrosos, como una colisión o una caída realmente severa.

Practicando estos rudimentos se nos pasó gran parte de la mañana, hasta que llegó el momento de hacer un descanso. Aprovechamos el intermedio para apuntarnos a las clases de grupos reducidos que el personal de la estación imparte a diario, de manera que los esquiadores ya expertos que nos acompañaban pudiesen realmente disfrutar del día sin tener que ejercer de niñeras de manera continuada. Así, tras reponer fuerzas con una comida ligera, allá nos fuimos al punto de encuentro, donde nos reunimos con Johan, quien sería nuestro instructor.

Pese a lo simpático que parecía (y en efecto resultó ser), lo primero que hizo Johan fue desatar el pánico entre los presentes al afirmar que no utilizaríamos los bastones durante la clase de dos horas que nos esperaba. El mismo pensamiento recorrió todas las mentes, ¿¡cómo demonios vamos a mantener el equilibrio sin bastones!? El profesor intentó convencernos de que, siendo principiantes, podían causarnos más daño que bien (si interferían en nuestros movimientos o caídas), pero ninguno se convenció realmente hasta un buen rato más tarde.

La clase comenzó con algunos pequeños consejos sobre cómo posicionarse sobre los esquís, con las rodillas ligeramente flexionadas y el cuerpo inclinado hacia delante. Para ayudarnos a vencer el miedo, que sólo jugaría en contra de nuestro desequilibrio, nos recomendó también colocar las manos hacia delante, cual boxeadores. Una vez bien posicionados, comenzamos a ascender por una ligera pendiente dando pequeños pasos de lado, es decir, colocados perpendicularmente a la ladera para no correr riesgo de deslizarnos ni hacia delante ni hacia atrás, nos desplazamos por ella hasta alcanzar la altura suficiente para poder realizar algunos descensos sencillísimos. Para ello, esta vez sí aprendimos a frenar, colocando los esquís en forma de V invertida según la perspectiva del esquiador. Abriendo el pico de la V (acercando los esquís a una posición paralela), por supuesto, se incrementa la velocidad; cerrándola (y aumentando su ángulo interno) se disminuye (gracias a la mayor superficie de esquí que se ofrece como resistencia al desplazamiento). Además, la disposición en V es también la adecuada para cambiar de posición mientras se está parado, dando pequeños pasitos laterales hasta orientar el pico de la V en la dirección en la que queremos desplazarnos.

Mas si ya resultaba poco natural el concepto de inclinarse hacia delante como elemento necesario para frenar cuando se adquiere velocidad, las instrucciones necesarias para girar a un lado y a otro no pueden recibir otro calificativo que contraintuitivas. Y es que, según aprendimos a continuación, una vez en movimiento, los giros a la derecha se consiguen desplazando el peso a la pierna izquierda, y viceversa. Como es fácil imaginar, del dicho al hecho hay un buen trecho, así que no queda más remedio que practicar, practicar y practicar.

La última parte de la clase comenzó con el ascenso en un elevador. Isaberg no tiene telesillas, sino simplemente unos elevadores que más que transportar, arrastran a los usuarios colina arriba. Un fuerte cable de acero gira sobre rieles suspendidos, y de él cuelgan una especie de rosetones que se toman y se colocan entre las piernas, manteniendo el cuerpo erguido. La resistencia ofrecida por las piernas será suficiente para que la persona se vea arrastrada por el elevador hasta la cima, lugar donde se suelta el rosetón y se abandona la línea de subida, para evitar colisionar con el siguiente esquiador. Una vez arriba del todo, el objetivo era descender toda la colina realizando amplias eses, para mantener la velocidad reducida. Los alumnos más aventajados fueron capaces de realizarlo por sí mismos, y para los más miedosos, el profesor se situó de espaldas a nosotros con un bastón de esquí en la mano, listo para que lo agarrásemos cada vez que nos salíamos del curso esperado o tomábamos demasiada velocidad.

Ni qué decir tiene que las dos horas se pasaron en un suspiro, de manera que cuando quisimos darnos cuenta apenas quedaba una hora para el cierre de la estación. Aunque engañosamente activos, las fuerzas empezaron a pasarnos factura después del emocionante día, así que prudentemente decidimos retirarnos con el buen sabor de boca de haber jugado un digno papel de principiantes y no haber sufrido ningún percance. Eso sí, ¡aún no sabíamos las tremendas agujetas que nos esperaban al día siguiente!

Como siempre, algunas fotos del lugar en Flickr.

02 marzo 2009

La vencida

Después de casi un mes de ausencia bloguera reaparezco, pero no por las lagunas del Ruidera como el Guadiana, sino bastante más al norte: una vez más, en Göteborg, donde con una estancia de tres semanas espero completar por fin el total de tres meses de visita en una universidad europea necesarios para poder optar a la mención de doctor europeo el día que lea mi tesis.

Desgraciadamente, el ánimo de mi viaje no ha sido todo lo alegre que me hubiera gustado, y no porque haya sufrido ningún incidente (antes al contrario, pues pese a alguna conexión realmente ajustada de tiempo tanto yo como mi equipaje llegamos sanos, salvos y al mismo tiempo), sino por el panorama político que dejo a mis espaldas en Galicia. Pues va a resultar que, de tanto viajar, ya no conozco el sitio en el que vivo. Un lugar en el que la mayor afluencia a las urnas que se registra desemboca en la mayoría absoluta de un partido de derechas. Si alguien tiene un análisis sociopolítico que exponer que pueda sacarme de mi incredulidad, estaré encantada de leerlo.

09 febrero 2009

Pinitos en eBay

eBay Apenas ha transcurrido un mes del 2009, pero ya puedo decir que este año he probado algo nuevo. Se trata de la archiconocida web se subastas eBay, que había visitado más de una vez, pero en la que nunca había llegado a terminar ninguna transacción, ni como compradora ni como vendedora. Durante el pasado mes de enero, sin embargo, he tenido la oportunidad de ejercer ambos roles por primera vez, y por suerte con satisfactorios resultados.

Actuar como comprador en eBay es extremadamente sencillo. Sólo es necesario registrarse, buscar productos que puedan ser de nuestro interés y pujar por ellos. Al menos, esos son los fundamentos básicos. Los objetos a la venta tienen un precio de salida establecido por el vendedor, y se anuncian durante un determinado período de tiempo (entre 3 y 10 días). Al finalizar dicho intervalo, el comprador que haya efectuado la puja más alta, resulta ganador de la misma y debe proceder al pago del mismo. El método más habitual suele ser vía PayPal, PayPal aunque algunos vendedores ofrecen o solicitan transferencias bancarias. Una vez la otra parte reciba la suma pertinente (que será el valor de la puja ganadora más los gastos de envío indicados en la descripción del artículo), procederá a remitir el producto, generalmente por Correos (ya sea mediante paquete azul -certificado- u ordinario). Una vez finalizada la transacción, ambos extremos votarán sobre la misma, calificando a la otra parte. Puesto que eBay se basa en la confianza mutua entre usuarios, este paso es de gran relevancia: los votos positivos se traducen en un ránking de opiniones que se visualiza con estrellas que dan a unos y otros una medida independiente de fiabilidad. Aunque hay ciertos vendedores con reticencias a hacer transacciones con usuarios "sin votos" (es decir, nuevos o recién registrados), yo no tuve ningún problema para iniciarme en ese lado, y hacerlo me permitió tener un par de evaluaciones antes de empezar a anunciar mis propias ventas.

Actuar de vendedor es algo más difícil. Para empezar, eBay exige la corroboración de la identidad a quienes desean subastar algún artículo por primera vez. Dicha comprobación puede satisfacerse por medio de una llamada telefónica o bien firmando el registro con un certificado de usuario de la FNMT (éste último fue el método que yo elegí, de modo que desconozco en qué consiste la mencionada llamada). Una vez que hemos dado fe de quiénes somos, el proceso de edición y publicación de anuncios es bastante sencillo. Además de un título y una descripción, podremos añadir imágenes y toda la información que estimemos oportuno para atraer la atención de los usuarios. Deberemos elegir el tipo de subasta que queremos poner en marcha (normal o de precio fijo) y su duración, y en función del precio de salida se fijará la tarifa de publicación. El proceso se completa indicando el modo de pago, los gastos de envío (que se pueden calcular en función del peso y el tipo en la web de Correos) e incluso la política de devoluciones (si es que queremos establecer alguna).

El seguimiento de un artículo propio puesto a la venta es tanto o más emocionante que el de la compra. Gracias a los contadores de eBay, es posible saber cuántos usuarios han visitado nuestro anuncio y cuántos lo han marcado como interesante y están pendientes de él. Por supuesto, también podemos ver las pujas en tiempo real y responder a preguntas que los potenciales compradores puedan enviarnos al respecto de manera privada o pública (de manera que pregunta y respuesta se añadan a nuestro anuncio). El momento álgido de toda venta es, sin duda, los últimos minutos antes de su finalización. Si el producto es realmente atractivo y hay varios usuarios siguiéndolo, el intercambio final de pujas y sobrepujas puede elevar el precio final de manera significativa (por supuesto, esto no es nada divertido cuando una es compradora potencial y ve cómo los "experimentados" consiguen en un visto y no visto adjudicarse un artículo al filo del último segundo).

Recibir el pago de un artículo por PayPal es igual de fácil que pagarlo, aunque hay que tener en cuenta que las cuentas de usuario básicas sólo permiten recibir 2 pagos con tarjeta al año. Actualizar gratuitamente a una cuenta Premium permite eliminar el límite anterior, aunque incluye la incorporación de una pequeña comisión a cada cobro que realicemos. Con todo, es sin duda el medio de pago más seguro para ambas partes, además de ser prácticamente instantáneo (salvo que el pago se haga vía PayPal pero mediante transferencia, en cuyo caso la llegada efectiva del dinero puede demorarse durante semanas).

En cuanto al envío en sí, el correo ordinario suele ser una opción razonable, sobre todo si el valor de lo que enviamos no es demasiado elevado o muy pesado, o voluminoso. En otro caso resulta preferible acogerse a la modalidad de paquete azul, donde además podremos solicitar acuse de recibo y el número de seguimiento del envío (algo que muchos usuarios valoran muy positivamente). Sea como sea, suele ser recomendable, como mínimo, elegir como envoltorio un sobre resistente, preferiblemente acolchado con papel de burbujas, que puede adquirise en papelerías al módico precio de 0,25 € (tamaño A4). A modo de dato, el envío regular de un sobre que pese entre 200 y 500 gr. ronda los 2 a 4 €, llegando hasta los 6 € si el envío es certificado. Como es lógico, pues, conviene hacer un cálculo apropiado del importe de las comisiones y otros gastos a la hora de establecer unos gastos de manipulación y envío apropiados.

Por último, y aunque no se me ha dado el caso, existen en eBay los llamados centros de resolución de problemas, lugares a donde compradores y vendedores pueden recurrir cuando una transacción no se completa como sería de esperar y la comunicación con la otra parte no es buena. ¡Esperemos que siga sin dárseme la ocasión de tener que recurrir a ellos!

31 enero 2009

¿Es Correos incompatible contigo?

Esta semana me ha ocurrido algo que no me había pasado antes. El jueves llegué a mi casa y, en el portal (tirado) había un aviso de Correos (que probablemente había sido introducido por debajo de la puerta). Era uno de esos avisos que normalmente te dejan en el buzón cuando recibes correspondencia certificada, indicándote el momento en que intentaron entregártela, si pasarán de nuevo (que nunca es el caso) o, en su defecto, dónde puedes ir a recogerla y en qué horario.

Este aviso, sin embargo, rezaba:

"No me abren el portal. Los vecinos de los siguientes pisos pueden recoger su correo en la dirección indicada en el reverso."

Y a continuación, un listado de más de una docena de viviendas. La hora consignada, las 12:50 de la mañana.

En este punto, conviene indicar que el portero automático que tenemos en mi edificio es de ese tipo de portero que se ha vuelto omnipresente en las nuevas construcciones. No sé si se trata de una nueva moda o si hay alguna reglamentación que los imponga, pero se diría que se trata de un portero antiespías (o, más propiamente quizás, anticotillas): si levantas el telefonillo en tu casa sin que nadie haya llamado a tu piso, no oyes nada; si llamas a varios pisos, sólo el último podrá levantar el telefonillo y responderte. Supongo que ya adivinan por dónde van mis tiros. Efectivamente, no es la primera vez que estoy en casa y suena el timbre del portero automático en la entrada, pero para cuando llego allí y respondo ya no puedo oír porque quienquiera que esté llamando ya ha pulsado el botón de otro piso.

No voy a divagar aquí sobre cuántos segundos debería (o podría) el sufrido funcionario de Correos esperar a que le respondan antes de intentarlo con otra vivienda. Tampoco sobre las posibilidades de que en el portal de un edificio donde potencialmente viven 36 familias realmente nadie abra el portal al cartero a la una de la tarde. Voy a ir más allá.

¿Es tan rara una vecinanza compuesta fundamentalmente por parejas en las que ambos miembros trabajan? ¿No tienen esas personas el mismo derecho a recibir el servicio de Correos en sus domicilios? ¿Por qué no se intenta el reparto al día siguiente? La respuesta a esta última pregunta me la dieron en la propia oficina cuando me personé a recoger mis cartas. "Es que si el cartero las llevase al día siguiente, no podría con todas." Y gratis, también me ofrecieron la solución: "Tendrán que ponerse de acuerdo para ver cómo le abren."

...

Quizás antes, cuando el cartero llevaba los sobres y paquetes en su zurrón, la acumulación de correspondencia sin entregar podría suponer un problema. Hoy, ninguno los lleva si no es por lo menos en un carrito como los de la compra, eso cuando no van motorizados (en ciclomotor o incluso furgoneta). ¿"No podría con todas"? No nos engañemos doblemente, el volumen de repartos que Correos nos hace llegar es cada vez más exiguo. Vamos, que no me creo nada.

Y sea como fuere, aún me queda un cartucho en la recámara. ¿Por qué no se hace el reparto a una hora más acorde con la realidad sociológica? Yo podría abrir al cartero prácticamente cualquier día si viniese entre las siete y media y las nueve de la mañana. O, alternativamente, a partir de las siete y media de la tarde. ¡Cuántas jornadas laborales no empiezan a las seis de la mañana, o se extienden hasta las nueve de la noche! Pero paradójicamente, parece que somos los ciudadanos, con nuestras obligaciones, los que hacemos el trabajo difícil a los empleados de Correos... ¿tendremos también que reservar una parte de nuestro sueldo para resucitar la añeja figura del portero/sereno, sólo para poder recibir nuestras cartas? ¿O simplemente resignarnos a que Correos no sea compatible con nuestro modo de vida?

23 enero 2009

Comparativa de servicios online

Desde hace algún tiempo sigo con regularidad un interesante blog titulado Ahorro Diario. De hecho, alguna de mis últimas entradas ha sido inspirada directamente por artículos publicados en esa web, que se esfuerza en darnos pistas de cómo ser más económicos en nuestro día a día (algo que, en los tiempos que corren, probablemente vendrá bien a más de uno). El sábado pasado, sin ir más lejos, me enteré gracias a sus autores de que Gas Natural ofrece a los clientes que se den de alta en el sistema de factura electrónica un 15% de descuento sobre el término fijo de sus recibos bimensuales.

Son varios los servicios que utilizo regularmente que ofrecen la comodidad (y ahorro, económico y ecológico) de recibir justificantes, facturas, recibos y demás por correo electrónico, o bien que envían un email para avisar de que los mismos están disponibles para su descarga en PDF. Si no recuerdo mal, el primero de ellos fue Caixa Galicia. A través del sistema Caixa Activa, extractos, notificaciones, domiciliaciones... todo ello está disponible para su cómoda consulta y descarga online. En más de tres años de uso, no he tenido ninguna queja del sistema, ni siquiera anecdótico, como me había pasado hace tiempo con el BSCH y su famoso BIPGEO. Ahora ya no soy cliente de ese banco, pero sí de Citibank, cuya web para la gestión de sus tarjetas de crédito es mucho más sencilla e insegura que la de Caixa Activa, pero también potencialmente mucho más inofensiva con respecto al tipo de operaciones que en ella se pueden ordenar.

Mi anterior operador de telefonía móvil, Orange, también ofreció llegado un momento el servicio de factura electrónica, aunque en este caso sí se le encontraban algunas pegas. Para empezar, el sistema era totalmente disjunto del resto de su web, de manera que era inevitable necesitar dos pares de usuario y contraseña: uno para acceder a las facturas y otro para el resto. Lo peor, sin embargo, era la falta de compatibilidad del sitio con navegadores distintos de Internet Explorer. La queja que les envié al respecto no fue jamás contestada.

El operador gallego R, quien ahora aglutina mis servicios de internet, teléfono (tanto fijo como móvil) y televisión, marca, como es habitual, un máximo en la escala comparativa. No en vano los clientes en posesión de un certificado de usuario de la FNMT no necesitan crear yet another usuario y contraseña (en contraste con el caso anterior), sino que además se les ofrece una interfaz sencilla y amigable que funciona en todos los navegadores que he podido probar. La única pega, un tanto incomprensible además, es que siguen enviando correspondencia en papel al domicilio, a pesar de que jamás he detectado un problema con las facturas que se pueden revisar y descargar de la web de clientes.

Así pues, y a raíz del mencionado post en Ahorro Diario, esta semana me decidí a explorar el resto de servicios para los que aún no había dado el salto a la versión electrónica, a saber: el suministro de gas (contratado con Gas Natural), el de agua (a cargo de Emalcsa) y el de luz (de Unión Fenosa). Empezaré por el agua únicamente porque su evaluación fue tan rápida como llegar, registrarse y quedarse con cara de tonta. Y es que la web de esta compañía coruñesa incluye únicamente enlaces sin salida a su inexistente oficina online. Pese a que el registro de usuarios existe (y se recibe un correo electrónico asignando una contraseña), no intenten identificarse después. El servicio aún no está disponible, permanece en construcción (vamos, que están "trabajando en ellouu" [sic]).

El portal de Gas Natural es otro cantar. Al menos, visualmente: con un aspecto mucho más moderno y atractivo, el área de usuario estructurada en agradables pestañas, todo parece perfecto hasta que se intentan descargar las facturas. Lo que primero se detecta es el brevísimo intervalo de tiempo necesario para que caduque la sesión, forzándonos a teclear usuario y contraseña una y otra vez. Esto podría quedarse en simple anécdota, de no ser por los graves problemas de compatibilidad del sistema de visualización y descarga de los recibos en PDF, que únicamente funcionan bien en Internet Explorer (y no un Internet Explorer cualquiera, sino el obsoleto Internet Explorer 5, según la propia web recomienda cuando surge algún fallo). Finalmente, el portal sufre con toda probabilidad fallos estructurales que lo hacen ser extremadamente lento en ocasiones, hasta el punto de que el servicio queda explícitamente inutilizable (y te sugieren volver más tarde), y fallos de funcionamiento que simplemente impiden la generación de los PDFs e inhabilitan durante días el acceso a las facturas. Llámenme tiquismiquis, pero después de sufrir ese calvario, un 15% se me antoja un pobre incentivo para seguir pasando por tal suplicio.

Después de las frustantes dos experiencias previas, me dispuse a probar el último servicio online, en este caso el de Unión Fenosa, con muy pocas expectativas. Por suerte, me llevé una grata sorpresa al comprobar que, lejos de cualquier alarde estético, el área de clientes de la eléctrica es totalmente funcional, usable y ágil. Quizás no se hayan esmerado en su presentación, pero toda la funcionalidad necesaria esta ahí, independientemente del sistema operativo y el navegador que se emplee, lo cual es mucho más de lo que los dos contraejemplos previos podrían alegar.

Por lo tanto, el siguiente es mi ranking en base a la usabilidad/funcionalidad/fiabilidad de los servicios online que utilizo habitualmente:

  • Caixa Galicia, en una clara muestra de que ser los primeros no siempre significa haberlo hecho todo apresurada y descuidadamente.
  • R, sólo en segundo lugar porque, con respecto al anterior, echo de menos poder configurar avisos por correo electrónico.
  • Unión Fenosa y Citibank que, sin grandes alardes, ofrecen lo justo y necesario.
  • Emalcsa, el clásico ejemplo de que "virtual" a veces significa exactamente eso.
  • Gas Natural, porque en ocasiones es mejor no hacer nada, que hacerlo tan rematadamente mal.

17 enero 2009

Siendo Nostradamus por un minuto

Michel de Nôtre-Dame, comúnmente conocido como Nostradamus, fue un médico francés del siglo XVI, famoso hasta nuestros días por sus inevitablemente controvertidas profecías. Siempre interpretados a posteriori, sus escritos cabalísticos supuestamente hablan de acontecimientos que van desde la muerte del rey Enrique II hasta la independencia de los EE.UU.

Mucho menos esotérica y bastante más acertada ha resultado ser la imaginación de Julio Verne, otro francés que, hace un par de siglos, describió un gran submarino o un viaje a la luna, entre otras cosas.

A mucha menor escala y sin tanta trascendencia, todos jugamos de vez en cuando a ser un poco Nostradamus o Verne, pensando cómo serán las cosas dentro de un buen puñado de años, cuando irónicamente ya no estemos aquí para verlo. Personalmente, tengo un par de apuestas:

  • Al igual que hemos olvidado ya que hace años los caballeros vestían sus camisas debidamente amildonadas, estoy convencida que el propio planchado pasará a ser una actividad del pasado. Cada vez son más las prendas de todo tipo que no precisan someterse a tal tarea, y en el camino hacia la igualdad y la conciliación de la vida familiar y laboral, la 'moda' deberá seguir demostrando no estar reñida con la comodidad y la funcionalidad.
  • Otra de las cosas que ha progresado notablemente es la atención al paciente, y seguirá haciéndolo. En tiempos en los que se puede hasta pedir cita para el médico de cabecera por internet, me tarda el momento en que, por ejemplo, en la consulta del dentista, el sufridor que ocupa el butacón reclinable disponga de elementos para distraerse mientras el odontólogo investiga su cavidad bucal. Poder, digamos, escuchar su música favorita, no sólo contribuirá a su relajación, sino que liberará al profesional del tedio de mantener esas absurdas conversaciones que sólo generan es frustración en el interlocutor no puede articular palabra.

Vale, ninguna de ellas es demasiado aventurada. Pero en vez de criticar, ¿tienen los lectores alguna predicción propia?

16 enero 2009

Leyenda urbana sobre las bombillas

Siguiendo la estela del post en el que hace algunas semanas compartía un mito en relación a los azucarillos, hoy quiero contribuir a echar por tierra otro bulo, probablemente más extendido y bastante menos trivial. Se trata de esa afirmación que todos hemos oído alguna vez en referencia a la conveniencia o no de apagar la luz cuando abandonamos una habitación, en términos de ahorro energético.

Todos hemos escuchado en algún momento eso de que apagar cierto tipo de luces (en especial, los tubos fluorescentes) para volverlas a encender al cabo de poco tiempo supone un mayor gasto que dejarlas encendidas. La justificación de esta aseveración recaería en el coste que tiene el propio encendido, supuestamente mucho mayor que el correspondiente consumo durante determinado tiempo de funcionamiento. Pues bien, por si a alguien le queda alguna duda sobre la prácticamente nula veracidad de tal leyenda, le recomiendo que vea el siguiente vídeo:

Lo que se pone de relevancia en el experimento realizado por el equipo de Cazadores de Mitos es, en resumen, que, por norma general, siempre es más eficiente, energéticamente hablando, apagar la luz cuando abandonamos una habitación ya que, si bien es cierto que todos los tipos de bombillas tienen un pico de consumo al encenderse, la duración de dicho pico es despreciable y por ello casi nunca superior al consumo durante unos minutos (¡ni siquiera segundos!) de funcionamiento. Incluso en el caso de los tubos fluorescentes, donde el tiempo de "compensación" puede aproximarse al medio minuto, raras ocasiones en la vida real justificarán no apagarlo al marcharnos y volverlo a encender cuando regresemos.

¡No más excusas baratas, pues, para dejarse la luz encendida!

Esta leyenda urbana ha sido desmentida también en Tu Planet, Curioso pero Inútil y otros blogs personales.