15 enero 2009

¡Deja de intentar robarme el e-mail!

Todos aquéllos que tengáis una cuenta de correo electrónico en Google Mail, que utilicéis de manera habitual y más o menos "seria" como cuenta personal, es más que probable que tengáis una dirección del estilo nombre.apellido@gmail.com. O quizás no, porque no hayáis sido suficientemente afortunados como para ser la primera persona con vuestro mismo nombre y vuestro mismo primer apellido en registrarse una cuenta de correo de Google. Puede pasar. Cuando eso ocurre, o bien seleccionamos alguna de las sugerencias que se nos ofrecen como alternativa o lo intentamos con otra combinación, un alias... Al menos, eso es lo que hace la gente normal.

Sin embargo, alguien cuyo nombre coincide con el mío y que comparte mi primer apellido no debe entrar dentro de esa categoría. Supe de su existencia hace bastante tiempo, más de un año diría. Fue a raíz de uno de esos correos "recordatorio de contraseña" que apareció en mi buzón sin que yo lo hubiera solicitado. Aunque me chocó recibirlo, la primera vez no le di mayor importancia. Sin embargo, seguí recibiéndolos, en una clara muestra de que alguien intentaba identificarse como yo (sin éxito, claro), e intentaba "recuperar" una clave que nunca había sido de su propiedad. He de reconocer que me preocupé. ¿Qué pasaría si esa persona se ponía en contacto con el equipo técnico de Google Mail y lograba convencerles de que el recordatorio de contraseña no le estaba llegando a su dirección secundaria? Después de leer la ayuda de Google Mail al respecto, me tranquilicé: mi contraseña es segura, y ningún administrador daría acceso a una cuenta que, no sólo tenía movimiento, el tráfico normal de una cuenta de correo usada con regularidad, sino cuya cuenta secundaria funcionaba perfectamente. Al cabo de un tiempo, los intentos cesaron.

Cuando ya me había convencido de que mi tocaya había desistido de sus absurdos intentos, la historia se repitió. Pero esta vez, además de llegarme las solicitudes de recordatorio de contraseña, empezaron a llegarme correos electrónicos personales. Desde simples saludos a envíos con fotos, prácticas de la facultad, chistes, bromas, felicitaciones, recordatorios, citas... El surrealismo alcanzó su cota máxima cuando fui suscrita a varias listas de correo, entre ellas una de lo que parecía ser un colegio profesional de economistas uruguayos.

Jugué la carta de la buena ciudadana. Pacientemente, me dediqué a responder a todos esos correos perdidos, indicando amablemente que no estaban alcanzando el destinatario adecuado. Pedí por favor que corrigiesen sus listas de contactos. Solicité me eliminasen de aquellas listas de correo. Pero todo fue en vano. Como si estuviese hablando con una pared, todas mis protestas cayeron en saco roto. Seguí recibiendo los correos personales de una persona que, pese a llamarse igual que yo, no era yo. Pero, ¿qué más podía hacer?

Finalmente, me creé un filtro de spam. Fue mi último recurso, pero nada más había en mi mano. Ahora esos correos sobre los que intenté advertir a sus despreocupados remitentes van directamente a la carpeta basura de mi cliente de e-mail. Ignoro qué prejuicios causarán, qué disgustos conllevarán, qué malentendidos provocarán. Pero no tengo cargo de conciencia, hice todo cuanto estuvo en mi mano por arreglar una situación que yo no había generado. De cuando en vez algún nuevo remitente despistado aparece, pero el proceso de añadir la nueva información al filtro es ya automático en mí.

De modo que, si lees esto y lo identificas con algo que te ha pasado... quienquiera que seas, ¡¡deja de intentar robarme el e-mail!!

2 comentarios:

  1. Laura!

    Al fin encontre tu blog.

    Que te pasa? Estas enojada conmigo? Por que no respondes mis correos electronicos?

    Estoy en Montevideo este fin de semana y espero que podamos vernos y platicar un rato. Ya me contaras que te paso.

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  2. X-DDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD

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    ...

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