08 mayo 2009

KDE 4

Desde hace 15 días, y como consecuencia de la actualización de mi portátil a KUbuntu 9.04 desde la versión 8.04, me he visto transportada al mundo de KDE 4. La última versión de uno de los dos escritorios más conocidos en sistemas Linux (siendo el otro GNOME) estaba ya disponible en la distribución (K)Ubuntu desde su versión 8.10, pero las poco halagüeñas primeras impresiones de conocidos y compañeros me habían prevenido de hacer el cambio en aquel momento. Sin embargo, el shock no ha sido menor por el hecho de haberlo retrasado en el tiempo.

Puedo afirmar sin reservas que se trata del cambio visual más grande que he experimentado nunca como usuaria de entornos de escritorio, lo cual resulta extremadamente chocante considerando que se trata del mismo escritorio que llevo utilizando desde que hace años abandoné el sufrido WindowMaker. Aunque muchas cosas siguen siendo iguales, hay muchas otras que son completamente distintas, entre las que probablemente destaquen con fuerza el definitivo desplazamiento de Konqueror por parte de Dolphin como navegador de ficheros y el reemplazo de Kicker por Plasma. Como es lógico, si cambiamos drásticamente la barra de tareas con su menú de inicio y el navegador de ficheros, hemos cambiado prácticamente la esencia de un escritorio.

En el nuevo KDE todo parece brillante y reluciente. Nuevo, sacado de una caja de metacrilato. Pero de lo que nadie avisa antes de abrir la caja es de que en la letra pequeña especifica que donde dice "versión estable" quiere decir "versión todavía en pruebas". Será que KDE 3.0 se estrenó hace ya tanto tiempo (¡juraría que aún no había terminado la carrera!) que ya no recuerdo cómo fue aquel cambio. O será que, en los últimos tiempos, los escritorios Linux y sus aplicaciones cotidianas han ganado enormemente en estabilidad, de manera que ver fallar un programa se había vuelto extremadamente raro (no hago referencia a las versiones en testing ni en desarrollo, obviamente). Sea como fuere, con KDE 4 se recupera mucha de la "emoción" de no saber cuándo determinadas aplicaciones se morirán. Con todo, eso no es lo peor. Lo peor es la lentitud. El profundo y radical rediseño visual parecen no haber sido acompañados por una refactorización y optimización interna. Desconozco si se trata de un efecto secundario de la nueva Qt. Lo que sí sé, es que toda la fluidez y agilidad parecen haberse desvanecido a costa de destellos y contornos difuminados. Y por si fuera poco, los problemas de refresco terminan de completar un panorama muy poco alentador. El cambio entre diferentes escritorios virtuales, o la simple aparición y desaparición de ciertos diálogos o notificaciones puede provocar la pérdida de algunos fragmentos de ciertas interfaces, dejándonos sin otra opción que forzar su redibujado desplazando, redimensionando o desenrollando las ventanas. Asolador.

Así las cosas, las presiones en mi entorno más cercano se han hecho más acuciantes que nunca para que, años más tarde, migre de la K a la G. Y lo habría hecho ya si no fuese por todas esas funcionalidades y aplicaciones que no tienen contrapartida en el escritorio del pie. ¿Con qué desarrollaría mis proyectos LaTeX? ¿Cómo acostumbrarme a Pidgin después de haber usado Kopete? ¿Qué podría reemplazar a la ubicua integración de Kontact? ¿Qué haría sin amarok y tantos otros *K*?