10 agosto 2009

Una yegua llamada Bici y más aventuras

Todo empezó temprano una mañana de sábado. Bueno, no todo, obviamente. Los preparativos llevaban en marcha semanas y se habían concretado los detalles hacía escasas horas, pero la aventura arrancaba cuando aún gran parte de la ciudad dormía.

En contra de los pronósticos meteorológicos, con tendencia a pecar de optimistas últimamente, las nubes nos vigilaban mientras nos dirigíamos hacia Arteixo-Caión y nuestro primer destino del día siguiendo una sinuosa carretera que nos anticipaba los verdes parajes y preciosas vistas de que disfrutaríamos más tarde. Al filo del mediodía, y tras recibir las nociones más elementales, cada una tenía una montura asignada, y la mía fue una yegua llamada Bicicleta. La experiencia fue excepcional y estuvo llena de anécdotas. Aunque íbamos al paso, hubo algunos trotes inesperados. Aunque los caballos eran mansos, alguno se revolucionaba. Aunque nos daban una falsa sensación de control, la manada seguía un camino muy bien conocido. Aunque se prometían importantes agujetas, no ha sido tan terrible. ¡Repetiría sin dudarlo!

De vuelta en Coruña, comimos en el restaurante El Roble, un acogedor local en la misma avenida de Los Mallos, que ofrece variadas propuestas a precios muy interesantes. En nuestro caso, las elecciones incluyeron carpaccio de buey, pulpo á feira y tempura de verduras como entrantes, seguidos de un plato principal donde predominaron los risottos en diferentes preparaciones. Completan la carta platos de pescado, carnes (incluyendo churrasco) e incluso opciones al wok. Sabrosísimos postres caseros no aptos para dietas bajas en calorías ponen la más que recomendable guinda.

Venciendo la modorra post-comilona (en parte gracias a la anticipación de lo que aún nos esperaba), nos echamos de nuevo a la carretera, esta vez rumbo al norte. El destino era el Pazo de Rilo, un hotel-balneario de preciosas instalaciones. El paseo previo por los jardines, su capilla (pequeña pero coqueta, con una impresionante puerta de madera labrada que merece la pena cruzar) y patio andaluz ya nos fue metiendo en la tónica de relajación tras la que precisamente íbamos, y que culminó con el circuito termal. Piscina, chorros a presión, yacuzzi, bancos y camas de burbujas, baño turco y terma romana, duchas bitérmicas (¡ay!) y pediluvio terminaron sobre tumbonas calefactadas... mmmmmm... Dentro de lo habitual, pero el spa cumplió al 100% su misión. Eso sí, merece una mención especial el atento personal.

Con la musculatura totalmente relajada y sonrisas de oreja a oreja, llegó el turno de disfrazar a la futura novia, a quien el atuendo le sentó como un guante y, tras la sorpresa inicial, se metió perfectamente en el papel. Rodeada de un séquito caracterizado en temática acorde, de paseo por las calles de Ferrol surgieron, cómo no, los cláxones, los comentarios simpáticos y las advertencias de reconsideración. Quién sabe si fue el cuadro que presentábamos el que nos granjeó finalmente una mesa en la sidrería O'Lagar, de la que teníamos buenas referencias (uno de esos lugares con tanto éxito que no admiten reservas). De nuevo, un precio más que ajustado por raciones que incluyeron ibéricos, pimientos de Padrón (con los que últimamente tengo una puntería...), almejas y berberechos. Totalmente aconsejable (salvo que se vaya con prisa).

No era sábado ya, pero atrás quedaron los años de baño, cena y a dormir, así que buscamos la marcha (y buscamos, y buscamos... hasta encontrarla en Xuvia cuando ya casi desesperábamos) y bailamos hasta que los pies no dieron más de sí. Hoy quedan doce días para el feliz enlace, ¡¡¡un fortísimo abrazo a los contrayentes!!!