28 noviembre 2009

Que tengas una cena agradable

Quienes me conocen y, en menor medida, los que puedan seguir este blog, sabrán que en los últimos tiempos he tenido la suerte de viajar en sucesivas ocasiones a Suecia. Cada una de esas visitas ha contribuido, como no podía ser de otro modo, a aumentar mi admiración por sus gentes, sus condiciones sociales y su nivel de vida. No se trata de que todo el mundo conduzca un coche muy caro (antes al contrario, irá en bici a trabajar), o vivan en lujosos apartamentos de caros muebles (de nuevo más bien lo opuesto, prima la sencillez IKEA en la mayor parte de los casos). No se trata de que todos los perfiles profesionales tengan abultados sueldos a fin de mes, ni de que las turbulencias económicas mundiales no les hayan afectado como al que más (bastante les ha perjudicado no haber adoptado el euro en su momento). Son, por el contrario, otro conjunto de pequeñas cosas las que marcan la gran diferencia.

Si me he decidido a escribir este post hoy y no con anterioridad, es porque tras mi último regreso soy conocedora de otra de esas realidades significativas que no puedo dejar de difundir al mundo. Y no se trata de sus permisos de maternidad/paternidad de 18 meses, de sus elevadas cargas fiscales para las segundas viviendas, o de su firme camino hacia la independencia energética a través de las fuentes renovables. Se trata de un servicio que me dejó con la boca abierta, y que es sólo una muestra más de lo que se fragua en una sociedad cuyo objetivo primario es el bienestar de todos sus miembros, y donde la conciliación de la vida profesional y privada ocupa uno de los puestos más prioritarios para la opinión pública.

Imaginad que no tuviéseis que ir a la compra al salir de trabajar, cuando tras la jornada laboral lo que estáis deseando es llegar a casa, reuniros con vuestros amigos para tomar algo, ir al cine o a nadar un rato a la piscina. Imaginad que, al final del día, pudiéseis tener siempre en vuestra despensa o frigorífico todo lo que necesitáis para preparar una sabrosa y nutritiva cena, productos frescos y de temporada. Imaginad que ya nunca os volviéseis a encontrar ante la situación de que os falta éste o aquel ingrediente. Imaginad que no tuviéseis que preocuparos por el menú semanal, que cada día pudiéseis preparar una receta diferente, fácil, rápida y sana, sin tener que romperos la cabeza con el manido "¿qué hago/hacemos hoy?". Imaginad que ya no os volviéseis a encontrar productos caducados en vuestras alacenas o vuestra nevera, porque por una razón u otra no llegásteis a usarlos a tiempo. Y lo mejor de todo... imaginad que todo esto fuese un servicio a domicilio prácticamente gratuito, por el que pagáseis simplemente el valor de los productos que os llevasen a vuestra puerta.

Pues bien, en las ciudades suecas más importantes (Estocolmo, Gotemburgo) y algunas otras escandinavas (Copenhague) lo que acabo de describir no es un sueño, es una realidad. Encarna el exitoso proyecto una empresa cuya web no he podido localizar (¡mi escaso dominio del sueco no alcanza!), pero cuyo nombre traducido viene a ser algo así como "Que tengas una cena agradable". Esta compañía sirve comestibles a domicilio cada fin de semana, en cantidad justa y suficiente para abastecer a cada familia (dependiendo de su número de miembros) durante los siguientes 5/7 días. Acompañan a los productos una selección de recetas variadas, descritas en lenguaje sencillo y asequible, y representadas gráficamente como un divertido diagrama en el que las diferentes tareas se muestran paralelizadas para favorecer tanto la eficiencia como la colaboración de varias personas a la hora de prepararlas, e incluyendo consejos sobre cómo aprovechar lo que pueda sobrar un determinado día. Y la guinda es que, gracias a que su margen de ganancias procede de la cantidad de productos que compran para vender a sus clientes, fundamentalmente de procedencia local y siempre en temporada, el coste de este servicio es testimonial, sobre todo si se compara con el tiempo que nos ahorra.

Ahora, decidme... ¿no se os iluminaría la cara si algo así existiese aquí?

3 comentarios:

  1. ¿Será la cartilla de racionamiento socialista aplicada "correctamente"? :D

    ResponderEliminar
  2. Hagámoslo. Es una de las líneas prioritarias en España: Mejorar la alimentación además de ajustar al máximo la lista de la compra. Si es una buena idea, puede que haya que probarla... o no?

    ResponderEliminar
  3. La verdad es que suena de maravilla!Snif!

    ResponderEliminar