11 noviembre 2009

Story Hotel @ Estocolmo

Por segundo año consecutivo, el otoño me trae hasta escandinavas tierras. Desde hoy y hasta el domingo, con la excusa de la Erlang User Conference que se celebra por estas fechas en la capital sueca, estaré en Estocolmo. Y aprovechando el desplazamiento, la semana próxima la pasaré en Göteborg.

No es la primera vez que piso la urbe de los nobel (ya lo hice el año pasado en una breve visita con el mismo objetivo), aunque esta vez espero poder dedicarle un poquito de tiempo a recorrer sus calles. Aunque eso será el fin de semana. Hasta entonces, me espera mañana una jornada de charlas sobre lo último que se cuece en relación a este lenguaje funcional más en auge que nunca, y el viernes un día de cursos y tutoriales sobre diferentes herramientas, entre ellas Wrangler (una herramienta de refactorización cuasi-automática), McErlang (un model checker) o QuickCheck (una librería de testing automático).

Como quiera que el viaje de hoy no ha tenido contratiempo alguno (y eso a pesar de tener dos conexiones, una en Madrid y otra en Copenhague), sólo puedo completar esta reseña con dos experiencias positivas. La primera, el Arlanda Express, el tren de alta velocidad que une el aeropuerto del mismo nombre con el centro de Estocolmo. La distancia que separa la ciudad y su aeropuerto es de 42 kilómetros, que se recorren en menos de 20 minutos gracias al moderno tren que, alcanzando los 200 km/h, conecta las diferentes terminales con la estación central. Si bien la conexión no es barata (el billete sencillo vale 240 coronas suecas, unos 23'5 € al cambio), reduce a más de la mitad el tiempo empleado por otros transportes alternativos (como los autobuses Flygbussarna, que cubren el mismo trayecto en 45 minutos por 99 coronas, menos de 10 €), al tiempo que se promociona como medio de locomoción completamente limpio.

La segunda experiencia positiva es el hotel en el que me hospedo, y que da título a este post: el Story Hotel. Apenas acabo de llegar y deshacer la maleta, pero ya puedo decir sin temor a equivocarme que es el hotel más original en el que he estado jamás. Situado en una tranquila calle a una parada del metro de la estación principal, la recepción es un mostrador con dos ordenadores en los que una misma realiza el check-in cuando llega, indicando un código numérico recibido por correo electrónico al hacer la reserva y recordado gratuitamente por SMS el día de llegada. No quiere decir que no haya personal disponible por si surge algún contratiempo, sólo que en lugar de estar de pie tras un mostrador se mueven por el local, animando el bar, dando consejos a los visitantes en la cafetería, recomendando opciones en el restaurante... El código de registro es también la llave de entrada a la habitación, que es un espacio único dentro del edificio. No sólo la distribución y tamaño de cada estancia cambia, sino su modernista y urbana decoración. Podría intentar seguir describiéndolo, pero es mejor que, quien tenga curiosidad, visite su web: todo lo que podáis ver en ella es un fiel reflejo de la realidad. Y por si fuera poco, ofrecen conexión WiFi a internet gratis desde las habitaciones. En fin, muy malo tendría que ser el desayuno de mañana por la mañana para cambiar la fantástica impresión que me he llevado, completamente a la altura de las espectativas creadas. ¡Recordadlo si alguna vez visitáis Estocolmo!

No hay comentarios:

Publicar un comentario