04 junio 2011

¿Qué está pasando en Sol?

YA NO SOMOS PORTADA. Hace una semana nos queríais por lo que os contaban los medios de comunicación y, ahora, nos criticáis por lo que os cuentan esos mismos medios. Los problemas sociales que ahora utilizan para deslegitimarnos, son los mismos que ya existían la primera semana de acampada, los mismos que ya existían antes de que llegásemos a Sol, los mismos por los que estamos aquí luchando.

NOS PEDÍS SOLUCIONES. La solución que damos ante estos problemas también sigue siendo la misma que cuando llegamos: la participación inclusiva de todas las personas en la construcción del cambio que queremos.

TODAS LAS PERSONAS: El ama de casa cuyo trabajo no se reconoce legalmente. La persona sobre la que se ejerce violencia por vivir libremente su sexualidad. El autónomo que ha sido desahuciado y debe seguir pagando la hipoteca. La migrante a la que le piden papeles para tener trabajo y trabajo para tener papeles. El estudiante cuyo único futuro es una beca que nunca le permitirá emanciparse. Aquella persona a la cual el sistema enferma ocultando su existencia y condenando su visibilidad. La parada que no puede acceder a una vivienda. El trabajador que debe hacer horas extras no remuneradas por miedo a perder su empleo…

EL MIEDO. Todas aquellas personas que por miedo no somos libres, todas distintas pero todas con el mismo miedo. En Sol hemos sustituido el miedo mutuo por el apoyo mutuo. Hemos unificado nuestras luchas para combatir el miedo que nos impone el sistema. Pero esto requiere tiempo.

EL TIEMPO. Habíamos interiorizado sus prisas, sus ritmos, su velocidad. BASTA. Vamos despacio porque vamos lejos. Vamos despacio porque queremos ir todas juntas. Vamos despacio porque queremos hacerlo bien. Vamos despacio porque el camino es igual de importante que el resultado.

ENTONCES, ¿QUÉ ES LO QUE HA CAMBIADO?

Que hemos crecido, que estamos en todos los barrios y municipios, en miles de ciudades del mundo, que estamos aún más indignadas y más unidas, que sus mentiras no nos ciegan, que su manipulación no nos frena. Que su violencia nos ha hecho más fuertes, que ahora más que nunca, no nos representan. Que ya no somos portada pero por fin estamos escribiendo la primera página de nuestras propias vidas.

Apaga la tele, cierra el periódico y comienza a escribir tu propia historia, que es la de todas.

Con cariño: Quienes escribieron el texto, quienes estén de acuerdo y quienes lo difundan.

Publicado originalmente en madrid.tomalaplaza.net.

20 mayo 2011

El movimiento 15-M (mi breve resumen)

El pasado domingo 15 de mayo salieron a la calle en toda España miles de personas, en una manifestación convocada por simples ciudadanos, mayoritariamente a través de Internet (Twitter y Facebook). Su eslógan principal era "¡Toma la calle!" para demostrar que "No somos mercancía en manos de políticos y banqueros". Los principales impulsores, un conjunto de organizaciones ciudadanas entre las que se encuentran No les votes, Juventud sin futuro o Democracia Real Ya, cuyo factor común es el hartazgo con la situación sociopolítica y económica actual.
La democracia en que vivimos debería habilitar al pueblo, soberano, a corregir las situaciones con las que está en desacuerdo. Pero nuestra democracia, hoy por hoy, no permite eso. La ley electoral vigente, de 1977, nos ha conducido al bipartidismo, del que sólo los dos partidos políticos mayoritarios nos permitirían salir (ya que sólo el Parlamento puede modificar dicha ley), algo que naturalmente es difícil pensar que vaya a ocurrir. Así, se nos ha robado la fuerza de poder cambiar las cosas, dejándosenos sólo con la ilusión de participación cada cuatro años.
Desde el pasado 15 de mayo, muchos de los participantes en esa manifestación primigenia permanecen acampados en las principales plazas de muchas ciudades. Y se equivocan quienes piensen que se marcharán tras las elecciones del domingo. Porque aunque el primer movimiento tuviese como finalidad desaconsejar el voto a PP/PSOE/CiU por su apoyo a la ley Sinde (de espaldas a lo que la población demandaba, cediendo a las presiones de ciertos lobbies e incluso de otros países), siguió pidiendo en su lugar un voto responsable, y ha terminado identificando la raíz del problema: el propio sistema electoral. Es lo que ocurre cuando la gente se pone a pensar y comparte sus frustraciones, sus opiniones, sus deseos.
La clase política de este país va a tener que empezar a hacerse a la idea de que los ciudadanos no quieren ya seguir siendo consultados cada cuatro años. El pasotismo largamente criticado parece que ha acabado por fin, aunque a algunos parezca que les falta tiempo para añorar la situación anterior en la que nadie se quejaba de nada, o mejor, en la que todo el mundo se quejaba de todo pero nadie hacía nada. Somos muchos los que tenemos mucho que decir. Y queremos que se nos escuche.