20 mayo 2011

El movimiento 15-M (mi breve resumen)

El pasado domingo 15 de mayo salieron a la calle en toda España miles de personas, en una manifestación convocada por simples ciudadanos, mayoritariamente a través de Internet (Twitter y Facebook). Su eslógan principal era "¡Toma la calle!" para demostrar que "No somos mercancía en manos de políticos y banqueros". Los principales impulsores, un conjunto de organizaciones ciudadanas entre las que se encuentran No les votes, Juventud sin futuro o Democracia Real Ya, cuyo factor común es el hartazgo con la situación sociopolítica y económica actual.
La democracia en que vivimos debería habilitar al pueblo, soberano, a corregir las situaciones con las que está en desacuerdo. Pero nuestra democracia, hoy por hoy, no permite eso. La ley electoral vigente, de 1977, nos ha conducido al bipartidismo, del que sólo los dos partidos políticos mayoritarios nos permitirían salir (ya que sólo el Parlamento puede modificar dicha ley), algo que naturalmente es difícil pensar que vaya a ocurrir. Así, se nos ha robado la fuerza de poder cambiar las cosas, dejándosenos sólo con la ilusión de participación cada cuatro años.
Desde el pasado 15 de mayo, muchos de los participantes en esa manifestación primigenia permanecen acampados en las principales plazas de muchas ciudades. Y se equivocan quienes piensen que se marcharán tras las elecciones del domingo. Porque aunque el primer movimiento tuviese como finalidad desaconsejar el voto a PP/PSOE/CiU por su apoyo a la ley Sinde (de espaldas a lo que la población demandaba, cediendo a las presiones de ciertos lobbies e incluso de otros países), siguió pidiendo en su lugar un voto responsable, y ha terminado identificando la raíz del problema: el propio sistema electoral. Es lo que ocurre cuando la gente se pone a pensar y comparte sus frustraciones, sus opiniones, sus deseos.
La clase política de este país va a tener que empezar a hacerse a la idea de que los ciudadanos no quieren ya seguir siendo consultados cada cuatro años. El pasotismo largamente criticado parece que ha acabado por fin, aunque a algunos parezca que les falta tiempo para añorar la situación anterior en la que nadie se quejaba de nada, o mejor, en la que todo el mundo se quejaba de todo pero nadie hacía nada. Somos muchos los que tenemos mucho que decir. Y queremos que se nos escuche.